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Escitor cubano

Tomado de sus libros El rey de la selva, Posición horizontal y Dithelo Tumba

LA ABUELA

Tu hijo es un malcriado. Grita,

llora,

gatea,

rompe los adornos,

duerme poco,

se orina en la cama

y chupa tete. Desde que nació todo cambió para nosotros. A ver, respóndeme una cosa: ¿tú y ésa hacen el amor? Nunca. En esta casa ni se limpia, ni se cocina, ni se habla, ni se…Pero abuela…Abuela nada, ahora me escuchas, ahora soy yo quien dice aquí la última palabra. Hemos perdido hasta los amaneceres, algo verdaderamente cruel tratándose de alguien que… ¿Y mi mecedora?, ¿y mis fotos? ¿y mis platos? Tengo que estar molesta. Tú y ésa olvidaron a la vieja cuando llegó el niño. Pequeño monstruo sin dientes que patalea y patalea por cualquier motivo, siempre cagón,

inconforme,

vestido con la ridícula ropita azul que perteneció al vecino de enfrente. ¡Ingratos! También quitaron el cuadro de Los doce apóstoles. En esta casa ni se reza, ni se canta, ni se baila, ni se…Pero abuela…Abuela nada, ahora me escuchas, ahora soy yo quien dice aquí la última palabra. Siento vergüenza. Resulta penoso mirar el jardín, tan seco como la fuente. No hay encanto. Adónde fue a parar aquella felicidad que era el orgullo de nuestra familia. Tú y ésa, los dos, son responsables. Algún día la propia vida les ajustará cuentas. ¡Santo cielo! En esta casa ni se lee, ni se ve televisión, ni se respira, ni se…Pero abuela…Abuela nada, ahora me escuchas, ahora soy yo quien… ¡Abuela! Hoy cumples un año de muerta. Por favor, deja ya las ofensas.

EL REY DE LA SELVA

¡Se levanta la sesión!

(dijo con voz ronca el Presidente del Tribunal Selvático)

Minutos antes, y sin ningún motivo, el León había sido condenado a muerte. La tristeza se adueñó de los bosques y una lluvia torrencial, desde ese minuto, invadió la tarde en Selva Madre. De un extremo a otro corrió la noticia.

-No pueden hacerlo –

(vociferó la Cotorra)

-Criminales, hijos de puta –

(gritó el Grillo desde la ventana)

La silla eléctrica estaba allí, donde siempre, tres metros más allá del cristal. El León llegaría de un momento a otro. El león llegaría de un…

¿Listos?

(dijo con voz ronca el Presidente del Tribunal Selvático)

Pasos y puertas escuchándose. Un pasillo (furiosamente limpio) era lo peor. Por ahí mismo entraría el León con la última cara de su vida.

-Elueko Asosain a Kata Jéri Jéri–

(vociferó la Cotorra)

-Eso es una injusticia, hijos de puta –

(gritó el Grillo desde la ventana)

¡Qué extraño! El León vestía un uniforme de color violeta; y a la altura del pecho le habían colocado la clásica inscripción de los condenados más peligrosos:

M-442837-E

Sin el menor de los ruidos se abrió la temida puerta. Fue entonces cuando el apareció León. La silla eléctrica permanecía allí, donde siempre, tres metros más allá del cristal.

¡Que comience la ejecución!

(dijo con voz ronca el Presidente del Tribunal Selvático)

-Kaguo Kabie allá Tután allá Layi–

(vociferó la Cotorra)

-Asesinos, hijos de puta –

(gritó el Grillo desde la ventana)

Adiós vidita de mi vida. Fueron las palabras finales del León, a quien le ajustaron sobre la boca una gruesa placa de metal. Acto seguido sintió la primera descarga de corriente eléctrica. Primero las patas, después el cuerpo y finalmente la cabeza. El León tembló, volvió a temblar y trató en vano de rugir. Pero una nueva descarga casi le vuela la tapa del cráneo.

El Presidente del Tribunal Selvático, algo inquieto, disfrutaba la ejecución sosteniendo entre sus manos una copa de exquisito vino francés. Constantemente hacía muecas con la barbilla.

¡Continúen, continúen!

Entonces aplicaron otra descarga, ahora utilizando un mayor voltaje. Luego llegó otra, y otra, y otra más. Pero nada, el León permanecía intacto.

El Presidente del Tribunal Selvático se mostró desesperado. ¿Cómo, inmune a la corriente eléctrica? No, no, no, volvió a gritar. Sentía miedo, sentía el mayor de los miedos. Trató de incorporarse. No pudo. Un poderoso dolor se apoderó de su pecho hasta derrumbarlo. La copa que contenía el exquisito vino francés cayó de forma violenta sobre la fría alfombra de la sala. Comenzó a temblar. Primero las piernas, después los brazos y finalmente la cabeza.

El condenado a muerte reía sin descanso. Carcajadas, cada vez más sonoras, hicieron estallar la gruesa placa de metal, al tiempo que la melena perdía el erizamiento y recuperaba su clásica belleza. De un extremo a otro corrió la noticia:

EL LEÓN BURLÓ LA SILLA ELÉCTRICA

El mundo entero quería entrevistarlo. Hasta del Vaticano llegaron solicitudes de excarcelación. Las máximas autoridades nacionales analizaron lo ocurrido y concluyeron:

1- El caso del León rebasó las fronteras locales.

2- Hay que evitar a toda costa conflictos internos.

3- El León es ya un símbolo de identidad nacional.

4- Su imagen será utilizada por la Empresa Eléctrica Nacional.

5- Selva Madre dejó de ser un cero a la izquierda.

Días después, estas mismas autoridades (siempre dialécticas) decretaron la inmediata liberación del León. Recibió adicionalmente una pensión salarial vitalicia y en acto solemne le fue otorgado el Título Honorífico de Rey de la Selva, además de nombrársele Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en cualquier lugar del planeta.

El Presidente del Tribunal Selvático murió cuatro meses después, siendo enterrado de noche en una fosa común.

-Gracias, mi Santo–

(vociferó la Cotorra)

-Mentirosos, cobardes, hijos de puta –

(gritó el Grillo desde la ventana)

SOLILOQUIOS

A mi hijo Alejandro

La desesperanza lleva café caliente en los bolsillos. He ahí un anónimo verso que siempre me deja con la boca abierta. Mucho más cuando le pongo asunto a los días de mi barrio: son ahora de un color indescifrable, quizá porque la gente está cansada de dar vueltas y traquearse los dedos. Sin embargo, escucho música, escucho sexo, escucho risas y escucho motores del año 1948. Aunque después, como por arte de magia, aparece el silencio, dueño también de muecas, gestos o miradas tristes que lentamente viajan, igual que los murciélagos, hacia las esquinas de mayor oscuridad. ¡Bendito viaje! Pues sólo allí logro encontrarme con La Habana de mi infancia. Una ciudad muy distinta a La Habana de hoy; entre otras muchas cosas por algo muy simple: los cubanos de aquella época, mejores o peores, podían visitar el hotel Habana Libre. Ni hablar de extranjeros. Bueno, tal vez algunos pocos, siempre pensativos, cabizbajos, casi invisibles podría decirse, perdidos entre montones de turistas nacionales. Qué gloria, qué gran ilusión tomar altura y mirar la ciudad veinticinco pisos por encima del mundo; para luego, y a todo pulmón, hacer una pregunta imprescindible:

¿almorzamos en el restaurante Sierra Maestra?

Claro que sí, respondía mi padre cada fin de mes, realidad que nos fue dando fama de clientes fijos. Una tradición familiar que duró más de dos décadas. Amigos, novias, nacimientos, fiestas de quince, bodas, lunas de miel, amores difíciles, graduaciones, cualquier celebración importante terminaba allí.

BIENVENIDOS AL HOTEL HABANA LIBRE

Admirable desde cualquier punto de vista, un premio que la Revolución le pidió “prestado” a los antiguos dueños. Dicho de otra manera:

Tengo, vamos a ver,

que siendo un negro

nadie me puede detener

a la puerta de un dancing o de un bar.

O bien en la carpeta de un hotel

gritarme que no hay pieza,

una mínima pieza y no una pieza colosal,

una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

Reflejo poético del alegre turbión que cayó sobre Cuba en 1959. Pero años posteriores trajeron un viento de color indescifrable. Perdí el hotel, perdí el poema de Guillén, perdí la tradición, perdí los amigos y continué perdiendo cosas hasta que también perdí a mi padre. Yo me pregunto: ¿algún día podré recuperar ese hotel?, ¿algún día podré recuperar el poema de Guillén, la tradición, los amigos?, ¿algún día podré recuperar a mi padre? Quiero pensar que sí. Mientras tanto, conservo los recuerdos; y quizá ese mismo empeño de protegerme la memoria, llámese romántico o llámese obstinado, me devuelve con frecuencia La Habana de mi infancia, una ciudad muy distinta a La Habana de hoy; entre otras muchas cosas por algo muy complejo: los cubanos de esta época, mejores o peores, no pueden visitar el hotel Habana Libre. Ni hablar de nacionales. Bueno, tal vez algunos pocos, siempre pensativos, cabizbajos, casi invisibles podría decirse, perdidos entre montones de turistas extranjeros. Prefiero callar. La impotencia puede llevarse los recuerdos, milagrosamente vivos todavía; razón que explica la presencia de constantes soliloquios donde corro, salto, imagino la ciudad veinticinco pisos por encima del mundo y murmuro una pregunta imprescindible:

¿almorzamos en el restaurante Sierra Maestra?

UN HOMBRE ALTO

El Hombre Alto despertó sobresaltado. Sin embargo, permaneció inmóvil. Necesitaba organizar algunas ideas, reflejo de lo que ya era su propia vida: lenta y triste; entre pálidos orgasmos, pálidos vinos e insectos que igual de pálidos iban y venían de un lugar a otro sin encontrar rincones o puertas preferidas.

Una espantosa pesadilla lo había martirizado durante horas.

Gritos,

siluetas negras,

golpes,

sirenas,

ventanas,

la voz de alguien que desde un abismo pedía auxilio, tosía y arañaba la pared con los dedos cubiertos de sangre. Madrugada interminable, copia exacta de la sureña capital que él dejó de habitar cuando por razones de seguridad decidió encerrase en un cuarto cada día más húmedo.

Aquel suceso multiplicó la ausencia de alegrías y trajo consigo el más absoluto aislamiento. De ahí su habitual hermetismo, que ahora, incrementado por la pesadilla, lo hacía parecer una estatua. Parpadeó, bostezó, movió ligeramente el brazo izquierdo y dejó escapar las siguientes palabras: esta pesadilla ha sido premonitoria.

Algo le decía que abriera una ventana. Acontecimiento que ocurrió poco después. Pero la claridad, tantos meses acumulada, le provocó una ceguera momentánea; que él, como era lógico, trató de evitar cubriéndose los ojos. No es nada, no es nada, murmuró, y poco a poco fue recuperando imágenes.

Justamente en la esquina derecha de su calle, entre bancos y flores, colgaba una bombilla, cuya luz le servía de casa a los desamparados, muchas veces solos, inquietos, a la espera de que algún viento de agua se los llevara para siempre.

El Hombre Alto pasó una gran parte del día mirando las cosas que hacía doce meses no miraba: cerros, niños, edificios, parques, palomas, fuentes, tejas de distintos colores, personas gordas y aquellas amargas sombras que de golpe lo habían convertido en un sujeto clandestino; filoso aliento de tristeza, imagen del aire inseguro que durante años había inundado toda la ciudad, repleta de rostros con narices crueles.

Bebió un sorbo de café, acomodó sus dos largas piernas y pudo ver que la bombilla, al parecer de forma automática, se iba encendiendo lentamente. En sólo minutos llegaría el primer desamparado de la noche. Pero esa vez, para sorpresa suya, lo que llegó fue una mujer desnuda, dispuesta a permanecer bajo la bombilla no obstante las posibles consecuencias. Ella quería, era visible, la mayor cantidad de luz.

No puedo dejarla ahí, está enferma, necesita ayuda, gritaba el Hombre Alto mientras corría de la ventana a la puerta. Entonces bajó. Y tras completar ocho inmensas zancadas… ¡Vaya imagen aterradora! La mujer desnuda rasgaba el asfalto, y ya sin uñas, seguía rasgando, revolcándose bajo la luz con giros increíbles.

-¿Qué le ocurre?

-Nada, no me ocurre nada.

-Cómo que nada, usted tiene algo.

-No, ya le dije que no.

-¿Está enferma?

-Váyase, váyase.

-Pero es que yo quiero ayudarla.

-Gracias, ya tengo ayuda.

-Dígame, por favor, ¿qué le ocurre?

-Me estoy muriendo.

-¿Muriendo?

-Sí, muriendo.

-Muriendo de qué.

-De impotencia.

-No la entiendo, no la…

-Quizás me entienda si le digo que llevo doce meses así. Vivo encerrada, triste, entre pálidos orgasmos, pálidos vinos e insectos que igual de pálidos van y vienen de un lugar a otro sin encontrar rincones o puertas preferidas. La luz de este lugar es lo único que puede salvarme. Anoche, mientras dormía, tuve una pesadilla: gritos, siluetas negras, golpes, sirenas, ventanas; y aunque espantosa, la pesadilla fue premonitoria. Porque al final, como salida de un abismo, escuché la voz de alguien que pedía auxilio y tosía, indicándome al mismo tiempo esta bombilla.

El Hombre Alto permaneció en silencio. Su situación era la misma. Pero a él ninguna voz le indicó la bombilla. Cuando más, la ventana; una señal intermedia que luego lo conduciría hasta…No lo pensó dos veces. Valía la pena probar suerte. Entonces, también desnudo, comenzó a revolcarse bajo la luz.

EL COCODRILO

El COCODRILO tenía dos caras.

UNA CARA: cosas de COCO.

OTRA CARA: cosas de DRILO.

A veces las dos caras se confundían. Entonces la cara de COCO hacía las cosas de la cara de DRILO. Y la cara de DRILO hacía las cosas de la cara de COCO. Claro que todo salía mal. Porque la cara de DRILO no era la cara de COCO. Y la cara de COCO no era la cara de DRILO. Una cara, la de COCO, siempre tuvo miedo. Otra cara, la de DRILO, se perdió en la selva de las apariencias. Ante tal dualidad, el COCODRILO, dueño y señor de las dos caras, tomó la decisión más sabia de su vida: amanecer ahorcado.

MORNARD, ATIENDA A LOS SEÑORES

(La muerte de Trostky referida por Guillermo Cabrera Infante)

Debe leerse en el tiempo que dura

la audición de “All of you”, Miles Davis,

a cuarenta y cinco revoluciones por minuto.

¿Etá dolmío? Mejol. Así lacorreera vaserande –dijo Mornard sonriente-. El hombre se encogió de hombros y bajó la cabeza: Trostky es un tipo con mucho swing. Pero mi mamá me dijo que ela un esto y que ela un lo otro. Tengo miedo:

noteooorvidees deemi

poolque tueeles midioos

Hubo más silencio todavía, tanto que pareció definitivo. Pero esta vez le tocó su turno al olfato:

las dalias

las extrañas-rosas

las hortensias

los pensamientos…

un idioma muy extraño el señor que dio la orden hablaba un idioma muy extraño cualquiera se vuelve loco porque ellos piensan que el futuro asesino no tiene ninguna relación con la futura víctima mentira mentira mentira son amigos siempre conversando sobre temas distintos a veces también con una mujer de muchos colores el pañuelo de la mujer tenía muchos colores siempre había que preparar la mejor comida pasó el tiempo hasta que dieron la orden así cualquiera se vuelve loco.

¿Qué puedo hacel? –se preguntó Mornard y miró a Trostky de arriba abajo-. Y supo entonces que no hay que ser más alto que el otro para mirarlo de arriba abajo.

Trostky is a boy. You fool. Fool, fool.

Palabras que de inmediato fueron rectificadas por su propia conciencia: Mornard, has visto demasiadas películas de la Metro. Don’t, ¡oh, don’t! Si los sueños de la razón dan monstruos, ¿qué dan tus sueños?: come-come-que-te-come fue la respuesta de Mornard, ya decidido, ya mirándose de perfil en el espejo. ¿Soy un asesino? Qué más da, total, yo sólo selvía pá tendel a los señoles. A vel, maestro, ahola quielo hacel mi úrtima pregunta:

¿uté ecribe asesino con S o sin S?

La noche era un caos. Y el hacha (ar-ma-ho-mi-ci-da) yacía sobre la mesa.

Good bye Trostky

Good bye Tros

Good bye

Good

Goo

Go

G

LA CEBRA O UN MAMÍFERO DE PELO BLANCO

Hace treinta días que no voy al río. Mejor, mucho mejor. Porque la Cebra, una vez más, estará allí. Tengo que ser fuerte. Si voy, ocurrirá lo que viene ocurriendo desde hace cinco años. Ella se acerca, se insinúa y entonces… ¡Ya! Imaginarla también me hace sudar. La veo contonearse, sacudirse, mirar el cielo como quien ruega una primera caricia. Mis manos, mi barba, mi cuerpo entero rozándole el atractivo cuello, todavía húmedo, saltarín, señal de que ella ama desesperadamente.

Ir al río me vuelve proceloso, víctima de una embriaguez para mí desconocida. Sin lugar a dudas, deliro, pierdo el sentido exacto del espacio y termino revolcándome sobre la tierra en busca de repetidas erecciones. Es como si el rocío, los trinos, o la propia soledad montuna, lograran desterrar tabúes. Soy otro, soy ese otro que llevo oculto entre las venas. Ya visible cuando la Cebra, con paso señoril, exhibe sus patas traseras. Qué arte, qué formas, qué perfecto retroceder hacia el sitio donde ella encontrará lo que después la hace saltar, patear, emitir un sonido cercano al relincho. Ninguno de los dos podemos controlarnos; y aunque falten palabras, abundan ruidos, miradas, gestos, jadeos, lágrimas de goce bajando por cuerpos que tiemblan, tiemblan y tiemblan a cielo abierto.

¿Necesidad? No sé. ¿Vicio? Tampoco sé. Pero el encuentro resulta único. Consciente yo, para mayor excitación, de que ella será siempre un animal cuadrúpedo, un mamífero de pelo blanco que zacea deseos sexuales bajo el inmenso verde. Dicho esto, cualquiera podría pensar que me agobian serios problemas mentales. ¡Falso! He aquí una persona cuerda de remate. Tanto que llevo treinta días sin ir al río. Varios mirones, irritados por la diferencia, hicieron públicas aquellas escenas de placer. El chisme corrió de boca en boca. Burlas, cuestionamientos morales, apodos y humillaciones, trajeron consigo el más cruel rechazo ciudadano. Aún así nuestra relación permanece intacta. Desde hace un mes, invirtiéndose los papeles, es la Cebra quien visita mi casa. Todavía con sus rayas, con sus pestañas, con su risa de tremendísima hembra.

ÚLTIMO RECURSO

Llegó al hospital semiconsciente,

pálido,

sudoroso,

con severos trastornos del ritmo cardiaco.

Abrió los ojos, giró la cabeza hacia la izquierda y a modo de susurro preguntó:

¿es un infarto?

(hubo silencio)

¿es un infarto?

Tranquilo, tranquilo, ya lo estamos atendiendo, respondió una voz vestida de blanco. Único color que Juan Pedro veía, porque, según los médicos, al corazón le falta oxígeno, cada segundo están más estrechas las arterias coronarias, dentro de muy poco será mínimo el bombeo de los ventrículos.

¡Cuánto rigor! ¡Cuánto esmero!

Pero él no tenía cura. Su padecimiento era parte de los casos insólitos:

Incompatibilidad del órgano muscular con dos grandes venas (cava inferior y cava superior), lo que provoca un deficiente funcionamiento de la aurícula derecha. Queda afectado, por ende, todo el ciclo de irrigación sanguínea. No hay opciones. Debemos desechar hasta la posibilidad del trasplante.

Moriría de un momento a otro. Oscuro golpe del destino que nadie pudo imaginarse. Apareció entonces el último recurso: dejarlo sin corazón. Dos meses, cuatro meses, seis meses, ocho meses. La cirugía cardiovascular, única de su tipo en toda la historia, resultó un éxito. Juan Pedro se convirtió en el hombre más famoso del planeta. Su único problemita, es que no ríe. Tampoco llora.

EL CAMELLO BACTRIANUS

Lo llaman así porque un día, dejándose llevar por el cansancio, cometió el error de pedir agua. Lógicamente, le cortaron la lengua; y esa misma tarde le crecieron en el lomo dos extrañísimas jorobas.

EL CISNE

El público aplaudía con tal nivel de entusiasmado que comenzó a lanzar flores sobre el escenario. Las flores eran verdes y extrañas. Nuestro Cisne, mientras bailaba, apenas podía respirar. Alguien pidió auxilio. Entonces la marea de flores comenzó a subir; y arriba, bien arriba, se divisó un enorme barco repleto de estrellas. Capitaneándolo venía un Cisne extraordinariamente famoso. ¿Otra Compañía? Pues sí, otra Compañía, toda ella en función de rescatar a nuestro Cisne. Primero el público intensificó su entusiasmo y luego quedó en silencio. La gran sorpresa fue que nuestro Cisne no quiso abordar el barco repleto de estrellas. Prefirió quedarse en su escenario favorito, aunque el exceso de flores verdes y extrañas le quitara oxígeno. Hizo una última reverencia y comenzó a volar. Siempre lo recuerdo. Porque su vuelo nos dejó a todos en un puro delirio.

MUJER DE UN PAÍS SIN COSTAS

Una vez más había escuchado el enigmático ruido: confuso, húmedo, carente de timbres que permitieran una rápida identificación.

¿Animal o vegetal?

Nadie sabía. Y mucho menos ella, Mujer De Un País Sin Costas, llegada a la Isla por razones familiares que ahora no vale la pena recordar.

Pero su conflicto, su gran conflicto, nunca fue la Isla, sino aquel ruido que casi a diario le provocaba escalofríos y malos pensamientos.

¿De dónde viene?

¿Qué es?

¿Por qué no logro asociarlo con alguna imagen?

Drama personal que mantuvo en secreto hasta el día que descubrió la verdad. Era un cocodrilo. Especie nada familiar, aborrecible desde cualquier punto de vista, sobre todo cuando abría la boca y luego la cerraba bruscamente: truas.

Allí, muy cerca de la puerta, como queriendo que la vieran, estaba la imagen necesaria. Nunca antes vista, pues ya se sabe que ella procedía De Un País Sin Costas, muy moderno, muy rubio, muy lindo, donde un cocodrilo no tiene la menor importancia. Apenas se le menciona. Ni a él ni al pantano, hogar por excelencia de esos largos reptiles anfibios cuyas escamas suelen ser más duras que las propias piedras. Dígase una cosa o dígase otra, ahí estaban los ojos vidriosos del temido animal. Una mirada que además de lenta dejaba ver la mitad del párpado, algo gris, quizás negrusco, el polo opuesto del intenso verde que le cubría la irregular cabeza.

La Mujer De Un País Sin Costas permaneció petrificada mientras duró el primer encuentro. Después, sacando nervios de no se sabe dónde, movió las piernas hacia la derecha, y así, pasito a pasito, pudo llegar hasta el dormitorio.

¿Cómo es posible?

¿Cómo es posible?

¿Cómo es posible?

Expresiones de espanto que tenían una lógica explicación: el cocodrilo estaba en la ventana, y en la cocina, y en el techo, y en todas partes. Movimientos sólo comparables con la velocidad de la luz. Temblores, sudores, ganas de volar, sobre todo cuando aquel bicho abría la boca y luego…truas.

Hasta que finalmente hizo público su gran secreto. Primero contó lo del enigmático ruido y más tarde lo del cocodrilo. Confesiones que su padre escuchó dejando abierto un margen de duda. ¿Un cocodrilo aquí? Sí, papá, un cocodrilo, ¿o es que acaso piensas que yo estoy loca? ¡Jamás, hija mía! Sólo quiero que la próxima vez me llames de inmediato. Porque en ese closet, cuelga mi fusil; y detrás de aquella puerta, cuelga mi pistola. No hay razones para tener miedo.

Difícil situación, insoportable, especialmente para ella, pues todas las noches comenzó a ver el cocodrilo. ¿Dónde está?, gritaba el padre desesperado; pero él, por mucho que ella insistiera, no veía al reptil por ninguna parte. Míralo allí, ¿dónde?, allí, papá, bajo la repisa, ¿bajo la repisa?, no, hijita, bajo la repisa sólo se ve la alfombra. Una verdadera tragedia; que, como es de suponer, requirió de asistencia médica. Algo andaba mal y las cosas debían volver a su sitio:

-¿Padece alguna enfermedad?

-No, doctor, yo soy una mujer muy sana.

-¿Siempre lo ha sido?

-Sí, siempre.

-¿Y cuando usted vivía en el País Sin Costas?

-Igual, ya le dije que yo soy una mujer muy sana.

-¿Algún otro problema?

-Ninguno, mi único problema es el cocodrilo.

-Bueno, por lo que veo usted no tiene nada…Ah, espere

un momento, ¿toma pastillas para dormir?

-Sí, eso sí.

-¿Cuál?

-Sueñox.

-¿Cuántos comprimidos?

-Dos.

-¿Qué cantidad de miligramos?

-Veinte.

-¡Bingo!

Exclamó el doctor dejando escapar una leve sonrisa de orgullo. Ahí estaba el final de la historia. Pues el sueñox, en determinadas personas, o en dosis excesivas, resulta adverso:

Puede producir alteraciones de la conciencia, vértigo, visión doble, nerviosismo, ideas delirantes, alucinaciones y problemas de comportamiento.

Nada más claro. La Mujer De Un País Sin Costas estaba teniendo alucinaciones. Problema que con sólo dos palabras quedó resuelto: cero sueñox.

¡Victoria!

Gritó el padre repleto de entusiasmo. Esta noticia sí que merece una celebración. Claro, claro, mañana mismo. ¿Podrá ir usted doctor? Por supuesto que sí, contestó el galeno; quien esa misma noche recibió una nota que decía:

Olvídese de la fiesta, a mi hija se la comió el cocodrilo.

GOETHE

PRIMER ACTO

casa de un joven escritor en La Habana.

habitación estrecha, poca luz y humo.

El Joven Escritor estaba molesto. Goethe, el gran Goethe, lo había defraudado. Nada más y nada menos que desde Fausto, un verdadero monumento poético, un eterno drama humano donde la encarnación del ideal moderno asume riesgos de testamento literario. Elogios que siempre coincidieron con los criterios de aquel joven escritor; que luego, dándole respuesta a su ira, y cambiando el modo de analizar situaciones, escribía las notas preliminares de Máscaras, artículo que cuando se publicó, mes de marzo del año 1981, trajo consigo múltiples dudas y cuestionamientos sobre una obra que alguien, no sé quién, definió como filosofía de la literatura.

Goethe me engañó. No sólo con Fausto, sino también con Mefistófeles, con Wágner, con Marta… ¡Qué desilusión! Lo único que hizo en esas páginas fue dárselas de erudito. Verdad que el joven corroboró, sin margen de duda, la tarde que se detuvo a leer lo que ahora reproduzco:

Creo sinceramente que una inteligencia despejada, un entendimiento recto y lúcido tendrán que trabajar no poco para hacerse dueños de todos los secretos que he involucrado en mi poema.

Razones más que suficientes para que el Joven Escritor se incomodara: Goethe, tal vez creyéndose un ser supremo, ignoró la capacidad intelectual de sus lectores. ¿Habrá leído Máscaras? Es más, voy a escribirle, y después, sin que nadie sepa nada, cambiándome incluso el nombre, visitaré la Alemania de 1808.

SEGUNDO ACTO

casa del famoso poeta en Weimar

amplio recibidor, alfombras y libros

el joven escritor, inquieto, espera sentado en una poltrona de color blanco

se acerca el Mayordomo

Usted disculpe, caballero, pero Goethe acaba de llamar por teléfono un poco…Nada, razones personales lo hicieron viajar con urgencia al mes de marzo del año 1981. ¿Algo grave? No, mi señor sólo desea propinarle dos buenas bofetadas a un escritorcito de mala muerte que anda por allá escribiendo estupideces.

EL PROFESOR

Simple y llanamente se había convertido en la persona más atea del planeta:

No al Nuevo Testamento

No al juicio final

No a la teoría de las dos verdades

No a la inmortalidad del alma

Frases obsoletas, ofensivas, decía él, mientras sus ojos, llenos de júbilo, devoraban los manuales donde jamás la ciencia se pondría al servicio de la teología.

Adiós la palabra templo,

Adiós los milagros,

Adiós la natividad de Cristo,

Adiós Dios.

¡Qué tanto lío! ¿Adónde rayos iremos a parar con las historias de los sueños proféticos? Forma de manifestarse que luego puso en práctica cuando falleció su abuela: de misa, nada, olvida el tango y canta bolero. Oficio religioso que, tiempo después, y dando gritos, también despreció en los funerales de su madre.

A él, profesor universitario, catedrático de número, hombre de renombrado calibre terrenal, poco le importaba si el Apocalipsis, último libro de la Biblia, había sido escrito en épocas cercanas a la muerte de Nerón. Mi vida tiene otras prioridades. Ninguna relacionada con las escrituras o la magia. Afirmaciones que cada día iban teniendo mayor solidez, pues sus alumnos, ávidos de conocimientos, preguntaban cualquier cosa. Para ellos, tono enfático, cara seria y argumentos donde sólo existían reales conocimientos de causa; capaces de barrer cuanta duda apareciera: no es lo mismo un suceso histórico que una simple leyenda fantástica, diferencia ya explicada por mí en el ensayo La concepción materialista del mundo o el arte de no creer. Un documento que ofendía sin piedad la fe religiosa, calificando como rezago del pasado las palabras providencia,

purgatorio,

pascua,

paraíso y parroquia.

Por sólo mencionar las que se inician con la letra “p”. Una suerte de primer acercamiento a los principios básicos de la más elaborada educación atea; la cual tendría entre sus propósitos esenciales desterrar para siempre el llamado reino de los cielos.

Pero una noche, el profesor, sin previas señales de aviso, tropezó de frente con el espíritu de su abuela, y luego de unos pasos, con el espíritu de su madre. Los dos cuerpos transparentes estaban allí, alegres, tangibles, conversadores, como si la muerte no tuviera ninguna importancia. Inimaginable realidad que dejó al profesor con la boca abierta. ¿Cómo explicar lo que había visto? Nada, muy sencillo. Desde ese día reza, se hace acompañar de un crucifijo y asiste a misa los domingos.

TECLAS NEGRAS

UNO

(con el permiso de Virgilio Piñera)

El insomnio es una cosa muy persistente. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme…Se vuelve a levantar. Hace todo esto pero no logra dormir…El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Despierta al amigo…y le confía que no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta…Vuelve a apagar la luz. Lee un poco. Enciende un cigarrillo. Se enreda entre las sábanas. Da vueltas…No puede conciliar el sueño. El hombre se acuesta temprano.

DOS

Ya llevo muerto setenta horas. Comienzo a descomponerme. Pero todavía no puedo hacer nada. Afuera continúa lloviendo y el cielo no deja de ponerse negro.

TRES

Estuvo a punto de gritar. Eran demasiado fuertes los contrastes. Con el ojo izquierdo estaba viendo flores, velas, la cara fría de su recién fallecida esposa; pero con el ojo derecho estaba viendo sábanas, copas de vino, la vecina del segundo piso paseándose desnuda a cielo abierto.

CUATRO

Sus lecturas se hacían infinitas. Hasta que en pleno 1980 encontró el libro que durante años había estado buscando:

Memorias de un enfermo nervioso

(Daniel Paul Schreber)

Tras concluir la lectura, ya más calmado, dijo entre dientes: ¡menos mal!, por fin puedo matarme con tranquilidad.

CINCO

Masturbarse era algo que la enloquecía. Quiero más, quiero más, quiero…Una imagen inolvidable. Delirio que no tenía fin. Corrió, saltó, rugió, llegó hasta a mí con instintos casi salvajes: rápido, Lindo, quítame la espoleta. ¿La espoleta? Sí, quítala. Solicitud que me hizo temblar. Yo nunca había visto algo así. ¿Tú eres un hombre o qué? No lo hagas, Dona, no lo hagas…Triste final. Ella misma se quitó la espoleta. Y claro, voló en pedazos. Todavía recuerdo su cabeza sin ojos.

SEIS

Aquí, en esta misma casa de verano, mientras mi excelentísimo esposo atendía los acuciantes problemas del Estado, yo, haciendo uso de las facultades que me están conferidas, mantuve relaciones extramatrimoniales con 22 hombres y 45 mujeres. Dicho esto, entonces pregunto: ¿soy o no soy la Primera Dama de la República?

SIETE

Recién ayer llegó hasta mis oídos la voz del sueño. Bueno, quiero pensar que fue la voz del sueño, esa que primero despierta y luego hace soñar más profundamente.

OCHO

Que te llames Gregorio Samsa y tengas cara de insecto no puede ser la causa de tu odio. ¿Puedes explicarme ahora por qué recuerdas a Kafka con tanto remordimiento?

NUEVE

Mi padre tiene la diabetes descompensada; y mi madre, tres pasos más allá, se debate entre la fragilidad capilar y un ataque de asma. Pero hay más: mi hermana mastica medicinas para olvidar sus nervios; y mi hermano, tres pasos más allá, se debate entre la presión arterial y un terrible dolor de cabeza. Mientras todo esto ocurre, yo, calurosamente frío, escribo las primeras líneas de una tragedia cubana.

DIEZ

Aunque era un furibundo amante de la soledad, siempre se le veía rodeado de gente. Voces por aquí, abrazos por allá, reuniones, congresos, fiestas, coros, viajes, sexo, en fin, un hombre vitoreado constantemente en parques, teatros y oficinas. Menos mal que era un furibundo amante de la soledad, de lo contrario la cosa hubiera sido del carajo.

BREVE REFLEXIÓN DE UN MONO

¿Conoces la luna? Ven, no tengas miedo, se trata de algo muy simple: me gusta pensar; y siempre lo hago desde la luna, allí es mejor, mucho mejor.

El hombre piensa como vive. No es mi caso, nunca fue mi caso, ya que siempre pensé de una forma y viví de otra. Por eso soy Mono. Claro, los Monos tenemos la curiosa virtud de resignarnos. Basta con alguna vianda, alguna fruta o algún vegetal. Aquí no queda otro remedio.

Pero lo importante es que la cabeza, aunque sea de Mono, se mantenga cuerda. Con ese criterio podemos vivir en cualquier sitio:

Jaulas

Bosques

Zoológicos

Pantanos

Casas

Ciudades

Islas

El hombre no. El hombre pierde la cabeza y deja de pensar. Es peligroso, siempre ocurre algún desastre. Por eso yo pienso, pienso mucho; y la luna se ha convertido en mi lugar preferido, mírala allí…Tranquila, tranquila, tranquila.

Esa es la razón fundamental de que mis viajes sean jaula–luna, luna–jaula. Con toda seguridad, mi segunda casa. Tengo suerte, muchísima suerte, porque nadie piensa desde la luna, y esto último es bueno repetirlo en letras mayúsculas:

PENSAR DESDE LA LUNA

Alguien, no sé quién, tal vez cualquiera de los cuidadores, puede confundirse y creer que yo me dedico a pensar en la luna. No, pensar en la luna es lo mismo que decir estoy en la luna. Eso es una mierda, mucho que la comí cuando todavía no pensaba.

Hay que pensar desde la luna. Entonces la vida cambia. No hay quién te haga un cuento. Uno lo entiende todo, todo. Sólo así se llega a la conclusión de que el hombre continúa siendo un animal salvaje. ¡Alerta ciudadanos! En cualquier momento puede hacerse realidad la siguiente afirmación: el Mono viene del Hombre.

Hablar de estas cosas puede parecer extraño, pero da igual, no hay quién me haga un cuento. Lo sé todo, todo, y en ese todo están incluidas las mentiras. Desde la luna se ven profundas, se ven grises. También es peligroso. ¿Por qué tantas mentiras? Mejor hablemos de los sueños, sí, de los sueños. La luna está llena de sueños. Parece que cuando la gente quiere soñar algo lindo sueña con la luna. A veces me pongo a leer sueños. Allí, en la luna, se leen facilito. ¿Quieres que te lea uno? Pues bien: un pacífico tiburón caribeño se puso a soñar. Soñó que era de noche, soñó que llovía y soñó que estaba en la nieve. En esa parte del sueño apareció su padre, alegre, juguetón, lleno de vida, todavía sin los problemas mentales que comúnmente tienen los tiburones blancos. El soñador no lo podía creer; no podía creer que su padre, tan así de sano, estuviera en el sueño. Y ya, fin de la imagen, desapareció en un rampampan. Linda, ¿eh?

Por eso a veces me pongo a leer sueños, desde la luna se leen facilito. Y uno termina preguntándose por qué entonces hay sueños que no llegan nunca.

¿Conoces la luna? Ven, no tengas miedo, la luna puede darse a la mano. He ahí su gran misterio y la razón fundamental de que mis viajes sean jaula-luna, luna- jaula. Ella me salva de la sombra y la sombra me salva de la muerte.

Un Mono hablando de estas cosas puede parecer extraño, pero da igual, no hay quien me haga un cuento. Lo sé todo, todo; y esa es la razón que me hace gritar con letras mayúsculas: NADIE SABE LAS COSAS DE LA LUNA, tan distante, tan blanca, tan romántica. No, lo del color blanco es otra mentira, porque en la luna existe una particular abundancia de verde y azul y rojo y negro y violeta. Son muchos los colores. Nada en esta vida es absoluto. De ahí que me guste pensar, pensar desde la luna, única forma que encuentro para ir conociendo el verdadero centro de la tierra y el laberinto donde viví y vivo hasta hoy. Entre otras cosas porque se está muriendo gente buena, gente que nunca se había muerto.

Ayer mismo murió la Mona Jacinta. Fiel, honrada, una Mona con todas las de la ley. Jacinta nació en un solar; “so” por Sol y “lar” por Lugar: SOLAR, que quiere decir Lugar del Sol. Allí nació y creció. Incluso se hizo famosa. Pero muy pocos asistimos al funeral. Yo fui desde la luna, pero fui, estuve con ella hasta el último minuto. No se me olvida, Jacinta no se me olvida. Una Mona con todas las de la ley. Nunca se había muerto, pero ya usted ve, le tocó. Puede que de casualidad me la encuentre por allá arriba, aunque es difícil, a la luna no viaja nadie. Mejor, mucho mejor, así puedo pensar tranquilo.

Un Mono hablando de estas cosas puede parecer extraño. Da igual, en estos días tengo la palabra fuera de órbita y el alma se me ve, sí, el alma, ¿acaso piensas que los Monos no tienen alma? La mía tiene un cristal que la protege. Allí lo voy guardando todo:

Paisajes

Perdones

Puntos cardinales

Paredes

Pájaros

Piedras

y Penumbras que vienen de muy lejos. Algunas llegan hasta con bastón. ¡Cuidado! También he visto que el bastón se mueve solo. Puede aparecer la tristeza. ¿Lágrimas? No, lágrimas no, después uno se queda sin revelaciones. La tristeza es peligrosa, siempre ocurre algún desastre. De ahí que yo sea distinto. No pierdo la cabeza, pienso, pienso a toda hora; y la luna es mi lugar preferido. ¿Conoces la luna? Ven, acércate, trata de mirarla, no, no, para allí no, más abajo, bien, ahora a la izquierda, exacto, sí, el puntico negro, ése, ése mismo, ¿lo ves? Soy yo, claro que soy yo, soy yo pensando.

SEBASTIÁN

El ángel, sin previo aviso, llegó hasta la ventana. Su inesperada presencia, especialmente a esa hora, resultó extraña. Sebastián, apacible, mágico y bondadoso, no era un ángel de hacer cosas disparatadas. Mucho menos sabiendo que en aquella casa siempre estuvieron muy bien delimitados los espacios.

Cuba vivía la fase crítica del famoso Período Especial, situación económica que ya estaba cerca del colapso. El verbo compartir (norma elemental de supervivencia) pasó a un primer plano. Los espacios, no obstante, continuaban respetándose. De ahí que la visita del ángel resultara extraña. Acontecimiento que ocurrió una madrugada de 1994; es decir, una madrugada de pleno Período Especial.

¿Qué pasó? Pregunta que jamás tuvo respuesta, lo cual, al principio, y desde la penumbra, logró confundir al joven ingeniero. Sebastián era su ángel de la guarda, siempre juntos, complaciente, discreto, protector, espíritu celeste que, Dios mediante, él tenía señalado desde niño.

Desde el punto de vista visual no experimentaba ningún cambio físico. Realidad que hacía menos comprensible la visita. Primero un tremendísimo apagón, luego un calor insoportable y finalmente…Mudo, cabizbajo, soñoliento. Reservándose para sí aquellas memorables frases en latín que más de una vez lo llenaron de cielo:

Glória in excélsis Deo

et in terra pax homínibus bonae voluntátis.

Un sorpresivo ruido en el baño lo hizo mover las alas de forma incoherente. Miraba, sólo miraba; y aunque sus ojos vidriosos trasmitieran ternura, aquella visita suya podía significar fatalidad. Todo esto lo pensó el joven ingeniero antes de encender la luz. Pero después, al mirarlo detenidamente, observó que Sebastián tenía unas manchas oscuras cubriéndole la boca. ¿Manchas? Una lejana melodía de música sacra, que en el caso de los ángeles equivale a lágrima viva, se apoderó del lugar. Sebastián lloraba. Y el joven…Estado emocional que lo hizo recordar al arcángel San Gabriel, otro espíritu celeste que sobre La Habana multiplicó esperanzas, pero no tan cubano como Sebastián; ahora triste, rígido, arrepentido, queriendo compartir su dramática realidad sin que mediaran compromisos de adoración.

Un segundo ruido en el baño provocó que buscara refugio cerca del escaparate. Voló rápido, procurando no ser visto por terceros; y terceros, en la casa, había pocos: Gustavo, ella y ella segunda. ¿De quién se escondía entonces?

Trató de consolarlo. Siendo una última caricia la que le permitió determinar el verdadero color de las manchas, ya secas, casi invisibles, entremezcladas con esa conmovedora transparencia que distingue a la mayoría de los ángeles. No tuvo que pensarlo más: eran manchas de sangre. ¿Cómo, cuándo, dónde? Perfectamente Sebastián pudo golpearse en una de sus tantas travesuras por el patio. No, ninguna herida, ninguna señal que confirmara esas conclusiones iniciales.

Corrió hasta el cuarto de ella: todo bien. Corrió hasta el cuarto de ella segunda: todo bien. Pero falta Gustavo, se dijo, y corrió hasta la sala. Allí, en el sofá, debía estar durmiendo su queridísimo primo. ¿Dónde está Gustavo?

Regresó al cuarto envuelto en mayores preocupaciones. Sebastián permanecía igual, donde mismo, actitud suya que impedía desarrollar alguna tesis sobre hechos seguramente ya consumados.

Un tercer ruido en el baño le provocó una inmediata reacción: ¡Gustavo! A pasos agigantados llegó hasta la puerta y dio tres toques fuertes. Estoy aquí, entra, entra. Palabras apenas audibles. Porque en Gustavo, todo en Gustavo, tenía una huella esquelética: voz, risa, pasos, sombra, cabeza, tronco y extremidades. Gustavo era la imagen humana del Período Especial; era, dicho sea de paso, la expresión concentrada de la economía. Bajó más de cincuenta libras. Comenzó a encogerse. Gustavo, qué pasó contigo, viejo, cómo es posible que la caída del muro de Berlín te haya… ¿Qué pasa ahora? Entra, entra, volvió a decir.

¡Primo! –gritó sorprendido-. Por el dedo gordo de su pie izquierdo salía sangre. Él, bastante nervioso, dejaba caer sobre la herida una espuma amarillenta que pertenecía al jabón de lavar marca “Batey”. Célebre jabón. Bueno para cualquier cosa. Muchas veces asumió roles de pasta dental. ¿Qué sucedió, cómo fue eso? No sé, desperté ensangrentado. Tampoco es mucho. Pero me recordó una escena de la película El Padrino donde hay un hombre que despierta igual. ¡Qué pena no tener ni siquiera una “curita” que ofrecerle! Calamitosa realidad. Pero entendible, pues con el Período Especial todos esos productos, incluyendo las aspirinas, cayeron en falta. Pobre Gustavo, salió del baño con el dedo gordo envuelto en un periódico, variante cubana que esa familia tuvo que emplear ante la escasez absoluta de papel sanitario.

Gustavo regresó al sofá; y Sebastián, objeto volante sí identificado, continuó inmóvil. Ya comprendo, Sebastián, fuiste tú, ángel exterminador, quien por poco le acaba con el dedo gordo a nuestro querido visitante. Lo estaba entendiendo todo. Bueno, casi todo, porque el verdadero origen seguía disperso.

Extraño, muy extraño que un ángel como Sebastián se detuviera en personas. No tenía ninguna necesidad. Sus comidas, no obstante la crisis económica, y gracias a la libreta de racionamiento, siempre estuvieron aseguradas. ¿Por qué entonces un dedo gordo?

Lo supo poco después. Fue el primero en levantarse y el primero en llegar a la cocina. Allí estaban todos los alimentos de Sebastián. No había probado nada, ayuno que sólo acepta cuando existen otras posibilidades alimenticias.

Sin hacer mucho ruido coló la borra del día anterior e ingirió una sustancia que bajo ningún concepto podía recibir el nombre de café. Así y todo disfrutó como un rey la borra amarga de cada día; mientras sus pasos, tal vez de forma inconsciente, se dirigieron a la sala. Dejó de beber. Los ojos, como flechas, terminaron clavados en el sofá donde a piernas sueltas dormía Gustavo. Los pies le quedaban por fuera del mueble: dos candelabros, dos extrañas piezas arquitectónicas, dos flacas estructuras de hueso y piel; cuyo momento cumbre era precisamente el dedo gordo del pie izquierdo, atípico, deforme, obra maestra del más cruel desmadejamiento. Pero atractivo para un ángel, criatura divina que, a veces, interpreta los fenómenos de forma distinta.

Sebastián vio el dedo gordo de Gustavo en tercera dimensión. Entonces, presa del delirio, imaginó un chocolate, un helado, un pastel o un pez de cabeza redonda. ¿Paisajes del recuerdo? Perdió la perspectiva. Llegó hasta el dedo gordo y…Lo acarició, lo mordió, disfrutó de algo que sabía a miel. Cosas del otro mundo, bondades de una perfecta ilusión.

DITHELO TUMBA

Nuevamente soñé con la Sombra; y la Sombra, como todo el mundo sabe, es algo triste. Por eso prefiero la Luz. Blanca y pura. Algunos la llaman Dios. Yo no. Yo le digo Luz. Me gusta decirle Luz. Porfirio, el buen amigo Porfirio, también le dice así. Entonces corremos y corremos. Pero la Luz nunca baja para nosotros.

Algo anda mal. Estoy nervioso, repetitivo, apenas logro coordinar las ideas. Sólo existe una razón: la Sombra. Ella estaba en mi sueño. Puedo perder la esperanza. Necesito Luz. ¿Dónde vive el cielo? Ahí, ahí mismo. ¡Qué lindo! Hermano gemelo de la Luz. Que tiene además los ojos claros. Muy distintos a los ojos de mi sueño. Tengo miedo. El cielo grita. Tiene la voz ronca. Digan lo que digan, resulta difícil entenderlo. Hoy te regala un elogio desmedido y mañana te regala un regaño mucho más desmedido que el elogio. Lógica de la vida que algunos llaman equilibrio. Yo no. Yo le digo Desamparo. Me gusta decirle Desamparo. Porfirio, el buen amigo Porfirio, también le dice así. Entonces corremos y corremos. Pero la Luz nunca baja para nosotros.

Ya puse un moscón sobre la mesa. Visita segura. ¿La Luz? Luego transcurre el día sin más visita que el moscón. Algo anda mal. Tuve la impresión de ver pasar la Muerte. ¡Madre mía! Puedo morir. Dicen que la Muerte tiene dos momentos irrepetibles. Sombra primero e instrumento musical después. Derechos reservados en manos de la Fatalidad. Algunos lo llaman destino. Yo no. Yo le digo Fatalidad. Me gusta decirle Fatalidad. Porfirio, el buen amigo Porfirio, también le dice así. Entonces corremos y corremos. Pero la Luz nunca baja para nosotros.

¡Qué horror! Nuevamente soñé con la Sombra; y la Sombra, como todo el mundo sabe, es algo triste. Tan triste que uno termina perdiendo el rostro. ¿Dónde vive el cielo? Ahí, ahí mismo. Pues quiero decirle que soy Dithelo Tumba. Huérfano de padre y madre. Un hombre que lleva cuarenta años soñando lo mismo: Sombra, Desamparo, Muerte, Fatalidad. Cuando baje la Luz hablaré con ella. Esta montaña es un buen lugar. Por eso estoy aquí: esperando…esperando…esperando.

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de Fidel Antonio Orta

Portada de la novela "El traje que vestí mañana"

Fidel Antonio Orta, reunido con un grupo de estudiantes universitarios chilenos, habla de cultura, sociedad, identidad, teatro latinoamericano y teatro chileno.

Tomado de su libro El telescopio de la hormiga (2009).

¿Comenzamos? Bien, he aquí el concepto de cultura: conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o grupo social en un período determinado. El término como tal engloba modos de vida, invenciones, tecnología, sistemas de valores, derechos fundamentales del ser humano, tradiciones y creencias. A través de la cultura, el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, cuestiona sus realizaciones, busca nuevos significados y crea obras que le trascienden.

A partir de lo anterior, y con mucha calma, veamos ahora el concepto de sociedad: conjunto de individuos que comparten una cultura y que se relacionan interactuando entre sí, cooperativamente, para formar un grupo o comunidad…Entidades poblacionales…Relación entre los sujetos (habitantes) y el entorno…Sujeto y entorno realizan actividades en común y esto les da una identidad propia…Sociedad es una cadena de conocimientos entre varios ámbitos: económico, político, cultural, deportivo, de entretenimiento…Culturas creadas por el hombre…Territorio, interacción, creencias, comportamientos, ideologías e idioma.

Todo lo anterior, de forma práctica, se visualiza en lo siguiente: costumbres, tradiciones, mitos, leyendas, ceremonias, alimentación, vestimenta, rasgos físicos, posición social de la mujer, estructura de la civilización, organización social, organización política o de gobierno, organización económica, organización religiosa, medios de transporte, diversidad de pueblos, lenguas autóctonas, dioses, juegos, medicinas, arquitectura, sistema de escritura, literatura, música, danza, pintura, escultura y cerámica.

Como pudieron apreciar, ambos conceptos se entrelazan de tal manera que a veces resulta difícil establecer una división exacta. Tal parece que estamos hablando de lo mismo. La cultura es parte integral de la sociedad y la sociedad se manifiesta a través de su cultura. Entonces aparece un tercer concepto que, de igual manera, se muestra intrínseco: la identidad, vista por los filósofos como una definición lógica que designa el carácter de todo aquello que permanece único e idéntico a sí mismo, pese a que tenga diferentes apariencias o pueda ser percibido de distinta forma.

Según esos filósofos, la identidad se contrapone a la variedad y admite rasgos de permanencia e invariabilidad. ¿Están de acuerdo con lo anterior? El tema tiene mucha tela por donde cortar. Sin embargo, debemos encontrarle una explicación inmediata que nos permita romper los esquemas tradicionales de la teoría y acercarnos de mejor manera a nuestro entorno. ¿Qué pienso yo? Pues que la identidad, sea cual sea, siempre estará sujeta a cambios, movimientos, variaciones y elecciones. Nunca podrá verse desde posiciones rígidas o absolutas que busquen desesperadamente la presencia de lo singular. No, sería un error, dado que nada en este mundo tiene un carácter idéntico.

La identidad, desde mi punto de vista, es sinónimo de pluralidad y tiene, como punto de partida, una interpretación individual. Es decir, ¿qué pluralidades conforman mi individualidad o aquello que me singulariza? América Latina es un sólido ejemplo de lo que estoy diciendo: la unidad de lo plural en lo latinoamericano. El carácter singular y auténtico a partir precisamente de las pluralidades, donde tampoco se puede pasar por alto el tema de la emigración. Siempre se habla de las emigraciones de América Latina hacia los Estados Unidos y Europa. Pero, ¿por qué no se habla también de las emigraciones de los Estados Unidos y Europa hacia América Latina? Son incontables los ejemplos que podrían citarse; dado que, en la práctica, a nuestra zona geográfica están llegando emigrantes desde el mismo 1492. ¿Es o no es verdad? Entonces lo plural, alrededor de lo singular, se hizo cada vez mayor con el paso de los años.

Busquen información sobre las cifras de inmigrantes que llegaron a Nuestra América entre los años 1850 y 1940. Cualquiera de nosotros puede quedarse con la boca abierta. Argentina, por ejemplo, en ese mismo período, recibe a 6,6 millones de inmigrantes. Muchas veces esas oleadas o éxodos superaban a la población nativa existente. Se producía una mixtura maravillosa que tenía como resultado final un mestizaje multicultural y multiétnico cuya expresión llega con luces hasta nuestros días.

Lo anterior puede palmarse en cualquier esfera de la vida. Si esos 6,6 millones de inmigrantes asimilaban-adoptaban (como suyos) rasgos culturales de la cultura oriunda, de igual manera esa cultura oriunda, como parte de una evolución histórica, asimilaba-adoptaba (como suyos) rasgos culturales de la cultura foránea. Todo ello desarrollándose entorno a los conceptos cultura, sociedad e identidad. ¿Qué les quiero decir? Más o menos los que ya les dije hace un rato: la identidad es un concepto que se mueve, que se enriquece, que nace y luego crece desde lo plural, siempre desde lo plural.

Hablé de Argentina y me pasó por la mente Ástor Piazzola (1921-1992), un ejemplo mayor de síntesis cultural diversa. En su momento, digamos que en la década del “50”, algunos músicos y musicólogos lo consideraron “un enemigo del tango”. ¿Enemigo? Dejemos que sea el propio Ástor Piazzola quien aclare el citado criterio:

Sí, es cierto, soy enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos.

Ástor Piazzola se refiere al cambio, al mismo cambio que lo hacía componer una música híbrida, según los entendidos, una música con exabruptos de armonía disonante. Áztor Piazzola, hasta en el apellido, es un modelo de síntesis cultural diversa; alguien que, sosteniendo entre sus manos un bandoneón de origen alemán, logró transformar el tango argentino. ¿Quedó nítido el ejemplo?

Con la intención de desarrollar un poco la idea que veía tratando, hice un giro temporal hacia el siglo XX. Vuelvo a ubicarme en el epicentro de esta charla con una pregunta: ¿había o no había cultura, sociedad e identidad antes de 1492? Por supuesto que sí. Claro, es de sobra conocido que fueron ignoradas, pisoteadas y enterradas después por dos palabras que otros estudiosos del tema han considerado esenciales y que yo hice mías desde hace bastante tiempo: civilización y barbarie.

Por ejemplo, detengámonos un minuto en las tres grandes civilizaciones precolombinas, particularmente en aspectos que se relacionan con sus dioses:

Maya

¿Cuáles eran dos de sus dioses?:

Hunab Kú: Padre y señor de todos los cielos. Creador del mundo a partir del maíz.

Itzamná: hijo de Hunab. Señor de los cielos, la noche y el día.

Inca

¿Cuáles eran dos de sus dioses?:

Inti: Dios del sol y dios supremo.

Mama Quilla: Madre luna y esposa de Inti. Madre del firmamento.

Azteca

¿Cuáles eran dos de sus dioses?:

Huitzilopochtli: Dios sol. Dios de la guerra. Dios supremo (los aztecas se consideraban un pueblo elegido por el sol).

Quetzacoatl: Dios creador y patrono del gobierno. Serpiente de plumas preciosas. Viento divino.

Ustedes se preguntarán, ¿y por qué la mención a estos dioses? Simple y llanamente porque estos dioses fueron enterrados por las dos palabras que mencioné hace un momento: civilización y barbarie. Compréndase así: la barbarie, espada mediante, sepultó a estos dioses en poco tiempo; y la civilización, también espada mediante, y también en poco tiempo, impuso otros. Fue tan profunda y sangrienta aquella imposición, que todavía hoy son esos dioses los que nos rodean. Pero, ¿alguien puede negar que Hunab, Inti y Huitzilopochtli, no obstante la masacre, continúen protegiéndonos? Respóndanse en silencio esa pregunta y saquen después sus propias conclusiones.

Se trató de un verdadero exterminio, algo que se extendió a toda la cultura autóctona, comprobable de igual forma si nos detenemos en las representaciones teatrales precolombinas. Para evitar malos entendidos, fíjense que las llamo representaciones teatrales y no teatro.

El tema como tal es algo casi olvidado y, por ende, desconocido en toda la extensión de la palabra. De ahí la importancia de abordarlo con rigor y, como parte del análisis, hacerse todo tipo de cuestionamiento histórico; comenzando, claro está, por la siguiente interrogante: ¿en qué medida los conquistadores y colonizadores valoraron la riqueza cultural de América Latina? Según mi punto de vista, no la valoraron en ninguna medida, todo lo contrario, primero la obviaron y luego la aniquilaron a punta de lanza. Al mismo tiempo que colonizaban nuestros pueblos, colonizaban también nuestra cultura.

¿Alguien puede pensar que con ese afán de exterminio podían detenerse a estudiar y conservar expresiones culturales autóctonas?, ¿podían detenerse a estudiar y conservar nuestras representaciones teatrales? Ni pensarlo. En América Latina se hizo realidad el concepto de exterminio que aportó el uruguayo Carlos Galeano:

…Arrancar de raíz hasta la última plantita todavía viva, regar la tierra con sal… matar la memoria de la hierba. Para colonizar las conciencias, suprimirlas; para suprimirlas, vaciarlas de pasado. Aniquilar todo testimonio de que en la comarca hubo algo más que silencio…

Si estamos hablando de cultura, sociedad e identidad, si estamos hablando de civilizaciones, ¿cómo no pensar entonces que el arte dramático fue en nuestra América un importante instrumento de socialización y comunicación entre los hombres? Pero la realidad se presenta sin afeites: no hay registros, no hay referencias, no hay crónicas, no hay una memoria histórico-cultural que nos permita acudir a ejemplos específicos. ¿Por qué? Porque los conquistadores y colonizadores se encargaron de arrancar de raíz hasta la última plantita todavía viva, se encargaron de, para colonizar las conciencias, suprimirlas; para suprimirlas, vaciarlas de pasado.

El objetivo esencial de los conquistadores y colonizadores era imponer su cultura, sólo imponer su cultura, desprecio o largo silencio que igual se hace presente en la danza, la música, las artes plásticas y la literatura. Pero este largo silencio, que es una variante refinada del exterminio anteriormente mencionado, caló muy hondo en la conciencia de las generaciones que vinieron más tarde. Por eso hoy, aún hoy, resulta difícil encontrar textos que le otorguen, sin titubeos, la clasificación de representaciones teatrales a las ceremonias rituales precolombinas.

Aquellas ceremonias estaban marcadas por lo siguiente: personajes, historia, trama, música, danza, vestuario, maquillaje, máscara y público. Ante esa verdad incuestionable, ¿por qué no decimos nunca, o casi nunca, que se trataba de representaciones teatrales?, ¿por qué siempre hacemos referencia a lo ritual, religioso o ceremonial? Por algo muy simple: de forma inconsciente nos hacemos eco de los puntos de vista que nos han dicho siempre. Sin darnos cuenta, llevamos a la práctica o actuamos de la misma manera que actuaron en su tiempo los colonizadores. Es decir, nosotros mismos, en pleno siglo XXI, subvaloramos nuestras raíces autóctonas. Y ahora hago otra pregunta: ¿acaso el teatro latinoamericano no tiene los mismos orígenes que el teatro griego? Ah, pero a los orígenes del teatro griego sí le damos la categoría de representación teatral, de contemplación y de espectáculo.

Difícil es hallar en la historia de los cultos religiosos uno de ritual más aparatoso y complicado que el de los antiguos mexicanos…Si el término teatro dice referencia a la contemplación de los ojos, había aquí una vistosa serie de espectáculos, que eran solamente soporte de música instrumental y del canto. Aquí y allá percibimos los vestigios de la farsa. En este punto, como en tantos otros, fue la emoción religiosa la que creó el espectáculo y la literatura que en este espectáculo se encarnaba.

Hace un momento mencioné a la civilización Maya. En esta civilización, como también ocurría en la Azteca, existía una predilección por las fiestas, los ritos y las ceremonias. Motivos épicos, burlescos, religiosos e históricos eran los principales temas de aquellas representaciones, que a su vez se relacionaban con la agricultura y las cosechas… ¿Cómo? Claro, por supuesto, aquí les va un ejemplo: “Festival de Elotes”. No era otra cosa que un canto Maya a la madre tierra, a los beneficios que la madre tierra podría traerle a las cosechas.

Otro ejemplo: “El baile de los gigantes”. Esta representación tenía como base el Popol Vuh o Libro del Consejo, obra a la que se le ha dado el nombre de Biblia Americana por la numerosa cantidad de mitos que encierra y el carácter sagrado que le daba esa civilización. ¿Conocen el Popol Vuh?, ¿saben de lo que estoy hablando? Está bien, los pondré al corriente de algunos detalles.

La traducción aproximada sería Libro del Consejo o Libro de la Comunidad, un texto que fuera escrito en lengua quiché alrededor del siglo XVI. Según advierte la propia historia, iluminando el pasado desde la luz del presente, la persona que escribió este libro, miembro de la etnia quiché, perteneciente a la familia Maya, ya había recibido instrucción académica por parte de los españoles, ya que en la obra se observan caracteres del alfabeto latino. ¿Cuál es su importancia? Yo les diría que medular y única, pues el Popol Vuh reúne en sus páginas una valiosa síntesis del pensamiento quiché (en lo particular) e igual una valiosa síntesis de la mitología Maya (en lo general), atrapada en este libro gracias a la maravilla de la memoria o tradición oral.

El texto fue descubierto a principios del siglo XVIII por el Dominico español Francisco Jiménez, quien residía en Guatemala, específicamente en Santo Tomás Chichicastenango. Como es de suponer, el “descubrimiento” tuvo lugar en un convento, esta vez en un convento franciscano colindante con la Iglesia de Santo Tomás. Francisco Jiménez lo transcribió y lo tradujo al castellano, dándole el título de Libro de lo Común. Lo que pasó después, es decir, en los años posteriores, se relaciona directamente con el silencio. ¿Por qué digo esto? Bueno, porque el libro no adquiere la importancia que realmente merecía hasta que aparecen las ediciones de Italia (1857) y de Francia (1861), esta última realizada por el Abate Brasseur de Bourburg, un personaje sobre el que volveremos más adelante. A modo de resumen puedo decirles que para nosotros, los hispano-parlantes, la mejor edición de esta principalísima obra data de 1946, y estuvo a cargo del español Adrián Recinos. Y ahora los pongo al tanto de un detalle curioso: ¿saben ustedes dónde se conserva el manuscrito original del Popol Vuh? No, no es en España, y tampoco en Francia. Se conserva en los Estados Unidos, más exactamente en la Biblioteca Newberry de Chicago. ¿No les parece extraño?, ¿no les parece que debía estar conservado en Guatemala? Ya les digo, busquen información sobre el Popol Vuh, estudien su contenido, viajen apasionados por ese mundo y respóndanse después todas las interrogantes que se hagan necesarias.

Volvamos a los griegos con otra pregunta: ¿por qué se nos olvida que en los orígenes del teatro griego también encontramos ceremonias y ritos, como podría ser el caso de “La fiesta al semidiós Dionisio”, que de la misma manera era un ruego a la tierra en función de la abundancia y la buena cosecha?

Mi objetivo esencial con todo este análisis es poner el dedo sobre una estela que debe ser vista con un criterio de interpretación histórica. Sólo con el prisma de la defensa argumentada, lograremos explicarnos algunos acontecimientos culturales y sociales ocurridos en América Latina. Empleando el argot de un fotógrafo sería más o menos así: sistema de enfoque, poder resolutivo e impresión por contacto.

¿Por qué cuando se nos pregunta el origen del teatro latinoamericano, lo asociamos de inmediato con el teatro griego, o con el romano, o con el teatro español que se instaló en nuestro continente durante el período de transculturación (1492-1825)? Yo pregunto: ¿qué nos impide buscar los orígenes del teatro latinoamericano en el “Festival de los Elotes”, en “El baile de los gigantes” y en cuanta ceremonia ritual se hacía en América Latina, fuera perteneciente a las grandes civilizaciones o a las llamadas civilizaciones de mediana o sencilla cultura? Pero si de interrogantes se trata, bien vale la pena hacernos otras tres: cuando se estudia la historia del teatro latinoamericano, ¿es un pecado buscar también la huella de África?, ¿suena disonante decir, incluso, que el teatro universal pudo tener sus orígenes en las ceremonias y los ritos africanos?, ¿acaso los ingredientes negros no son principalísimos como parte de la cultura y la sociedad de Nuestra América?

Las preguntas anteriores encuentran respuesta en una afirmación anterior: nosotros mismos subvaloramos nuestras raíces autóctonas; una realidad que, lamentablemente, está presente no sólo en las escuelas de teatro, sino también como parte del sistema de enseñanza general.

Tratando de cerrar más el círculo, veamos el problema a partir del concepto de teatralidad que aportó la francesa Anne Ubersfeld: es el conjunto de signos textuales, corporales y audiovisuales presentes en un espacio textual o escénico y que interactúan entre sí ante un lector o espectador. Basándome en dicho concepto, yo les propongo una definición más nuestra: Teatralidad precolombina, conjunto de signos corporales y audiovisuales presentes en un espacio escénico que interactúan entre sí ante un espectador. ¿Acaso no se hace presente esa definición en las ceremonias rituales que ocurrían y que todavía ocurren en nuestra zona geográfica? Sí, mil veces sí, porque la teatralidad precolombina era, en la expresión escénica, el resumen de la vida misma: tradiciones, costumbres, música, danza, ritos religiosos, leyendas, juegos, necesidad de perpetuarse, héroes, muerte, glorias guerreras, etc.

Veamos ahora, detengámonos ahora en Rabinal Achí, una pieza teatral de origen Maya que sobrepasa el título de representación y asume, con todas las de la ley, la categoría de obra de teatro. Cuando se “descubrió”, tal vez el verbo más utilizado en América Latina, por eso lo digo y escribo entre comillas, se dijo que…En fin, no hace falta decir lo que se dijo…Fue en 1856 cuando se “descubre” Rabinal Achí, también conocida como El Varón de Rabinal, una puesta que llevaba más de 300 años representándose. Otra verdad incuestionable que de inmediato provoca dos nuevas interrogantes: ¿qué hacían esos colonizadores, hacia dónde miraban, en qué mundo creían estar?, ¿cómo es posible que Rabinal Achí fuera “descubierta” en 1856? Pero hay más: se traduce y publica en 1862 (traducción al francés) por el mismo Abate de nombre Brasseur de Bourbourg que mencioné hace un momento cuando hablaba del Popol Vuh. Sí, asimismo, ese Abate residía en la sede de San Pablo de Rabinal, perteneciente al departamento de Baja Verapaz, en Guatemala. Gracias a él cobró fuerza el Popol Vuh y conocimos la obra Rabinal Achí. ¡Bendito sea este Abate!, diría emocionado un sacerdote del siglo XXI al darse cuenta de que aquel francés, sin ninguna duda, era un enamorado de la cultura Maya. Pero no es hasta 1929 que aparece su traducción al español, esta vez gracias al escritor guatemalteco Luís Cardoza y Aragón. Repito el año: 1929. ¿No les parece inverosímil?, ¿puede existir un mejor ejemplo de exterminio, de silencio, de matar la memoria de la hierba o de pensamiento excluyente? Sobran los comentarios, de verdad que sobran los comentarios.

Un paréntesis: les recomiendo que lean Rabinal Achí, un espectáculo que incluye diálogos, música, danza, mimo y poesía, todo ello entorno a un tema épico y religioso cuya esencia son las epopeyas bélicas de dos tribus en disputa: la de Ribanal y la de Queché. Igual les recomiendo que busquen información complementaria sobre el “descubrimiento” de esta obra Maya; porque, a través de ella, nos adentramos en la magia de esa gran civilización americana. ¿Quedó claro?

Recuerden que cada nombre, cita, obra o tema a tratar es bibliografía que ustedes deben consultar después, siempre en función de ampliar los conocimientos y hacerse dueños de un sólido criterio de interpretación histórica.

Escuchen esta cita: las danzas y cantos dedicados a sus múltiples dioses, sus trajes y atavíos, sus aderezos de plumas y joyas, sus máscaras al igual que la pintura en sus rostros y cuerpos y sus trajes de aves y animales, los disfraces, efectivamente hablan… ¿Cómo entonces no considerarlos signos teatrales, dónde está la contradicción que nos aleja de esa afirmación anterior?

Antes de concluir esta parte y continuar avanzando con el tema que nos ocupa, quiero hablarles de otro ejemplo que, en nuestra zona geográfica, coincidió con los griegos, es este caso relacionado con la civilización Azteca. Hablo de la “Danza Conchera”, de la “Danza Quetzaicóatl” y de la “Danza Xipe Totec”. Las tres tienen similitudes con los llamados “Ditirambos” griegos. Claro, estos últimos, con el tiempo, le fueron incorporando, primero, frases repetidas, luego coros y más tarde diálogos. Los nuestros, de este lado, no pudieron incorporarle nada, pues con la llegada de los conquistadores y colonizadores todo quedó mutilado e inconcluso. Se han preguntado ustedes, queridos alumnos, ¿adónde hubiera llegado Nuestra América de no existir en la historia un 12 de octubre de 1492?

Dándole vuelo a la idea anterior, se hace necesario un viaje histórico por algunos senderos de ese mundo que, aunque nuestro, y por un sinfín de razones, sigue siendo desconocido para una gran mayoría. Veamos entonces algunos nortes o huellas de la civilización Azteca.

-Calendario Azteca o Piedra del Sol: fue construido alrededor del año 1479 con 25 toneladas de peso y 3,58 metros de diámetro. Encontrado en el Zócalo de la actual Ciudad de México el 17 de diciembre de 1790.

-Tenochtitlan (capital de los aztecas): fundada en el año 1325 y ubicada geográficamente donde se encuentra la actual Ciudad de México. Allí vivían más de 20 000 habitantes cuando llegaron los conquistadores.

-El Mercado de Tlatelolco: fue el mercado por excelencia del imperio Azteca. Funcionaba con todo rigor cuando los conquistadores…Se vendían cestos, mantas, vasijas de cerámica, maíz, frijoles y calabaza entre un montón de otros productos. Las semillas de cacao eran utilizadas como monedas de cambio e igual se hacía presente el intercambio de productos. Tlatelolco es incorporado a Tenochtitlan en el año 1473.

Bueno, qué más decirles, la ciudad como tal fue conquistada por Hernán Cortés en el año 1521 y poco a poco fue enterrada. Sí, enterrada, pues sobre ella comenzó a construirse la Ciudad de México. Dígase así: caminar hoy por las calles de la capital mexicana, es caminar por encima de Tenochtitlan; al punto de que todavía en el año 1978 se continuaban “descubriendo” huellas, como fue el caso del Templo Mayor, que era el principal edificio sagrado de la antigua capital Azteca.

Perdonen, pero hay un grupo en la parte de atrás de la sala que me resulta bien singular. ¿Ustedes no son chilenos? ¿No? Mire usted. Bueno, ¿y de dónde son, si se puede saber? Alemanes, holandeses, belgas, suecos y norteamericanos. Imagínense, eso sí que no me lo esperaba. ¿Hablan español? Menos mal, de lo contrario… ¡Bienvenidos! Yo sé que estas charlas les servirán de mucho a todos ustedes. Ah, y cuando no entiendan algo, porque recuerden que el profesor habla en cubano, no duden en preguntarme. Con gusto volveré sobre el mismo asunto.

¿Por dónde andaba? Claro, claro, andaba por el mundo Azteca. Continuemos:

Educación

Basada, esencialmente, en la costumbre y la dedicación a la familia. Concebida hasta los 12 años. Los hijos varones eran confiados al padre y las hembras a la madre. Múltiples eran las tareas en las que debían adiestrarse. De un lado, es decir, los varones: cargar agua, cargar leña, conducir la canoa, recoger maíz, pescar, acompañar al padre al mercado…Y del otro lado, es decir, las hembras: hilar, limpiar la casa, moler el maíz y otras tareas domésticas, pero siempre que fueran junto a la madre.

Lo social

Entre los aztecas se daba a través del llamado Calpulli (territorios en los que estaba dividido Tenochtitlan, digamos que provincias, comunas o municipios. Ese Calpulli era la base de la estructura política, económica, social, religiosa y militar de los aztecas. Los miembros del Calpulli poseían la tierra de forma colectiva, pero con derechos individuales de cultivo. Fíjense bien, perdían ese derecho si abandonaban a la familia, no dejaban sucesores o si esa tierra no se cultivaba en un período de tres años consecutivos. Como es de suponer, no todos los miembros del Capullo cultivaban la tierra, también había comerciantes, artesanos, jefes… ¿Qué decía usted? Sí, hacía ese aspecto iba en este minuto.

Arte

Arquitectura: grandes escalinatas, plataformas piramidales y pirámides de plantas circulares, cuadradas y rectangulares, siempre relacionadas con el viento.

Escultura: era monumental. De contenido religioso. Dioses, mitos y hazañas.

Orfebrería: combinación de otro y plata. Collares, pendientes, bezotes y pulseras.

Plumería: una de las expresiones más originales de los aztecas, no sólo utilizadas para vestir, también presente en escudos y mosaicos.

Cerámica: pequeñas esculturas, dioses y otras divinidades.

¿Qué más? Nunca olvidar la música, la danza y la literatura (códices)…Bueno, sí, los códices eran libros en papel de amate o piel de venado, doblados a la manera de un biombo. Estamos hablando de escritura pictográfica, de dibujos figurativos que servían para recordar narraciones históricas, religiosas o litúrgicas. Si ustedes me preguntaran, ¿y cuál de los códices está plenamente identificado con el mundo Azteca? Yo les diría que el códice Barbónico y el Tonalamatl Aubin, que son los más antiguos.

Como pudieron ver, me detuve bastante tiempo en algunos nortes o huellas de los aztecas. Eso sí, tengan presente que estas charlas tienen una duración determinada y yo, para cumplir con lo establecido, debo acudir a la síntesis. ¿Cuál es mi objetivo? Nada, despertar en ustedes el interés y el amor por estos temas. El mundo actual, la dinámica del mundo actual, y especialmente la seudo-cultura que nos envuelve desde que amanece y encendemos la televisión, hace que temas como los de hoy nos sean cada vez más lejanos y ausentes. De ahí la importancia que tienen estas charlas y, sobre todo, la importancia que encierra el después en función de que, por diversas vías, todos ustedes amplíen sus conocimientos, incluidos los extranjeros aquí presentes. Dicho de otra manera: estas charlas no son más que un punto de partida, no son más que un primer espacio para la toma de conciencia, esa que puede conducirnos a ser mejores profesionales e individuos más comprometidos con la cultura, la sociedad y la identidad de Nuestra América.

Hace un momento, durante el receso, alguien me pidió…Sí, tú mismo, te acercaste hasta mí para solicitarme información sobre los Incas, más específicamente sobre la mitología Inca. Un tema muy interesante, donde ahora me detendré unos minutos. En el caso particular de los Incas, la mitología se presenta como un conjunto de creencias, de base animista, propia de los pueblos Quechua y Aymará. Veamos entonces algunos ejemplos; y, como estamos contra el tiempo, les iré delineando algunas ideas. ¿Bien?

-Viracocha: Dios creador. Anciano hombre de los cielos. Señor maestro del universo. Surcó el océano Pacífico en una embarcación hecha con su capa. Aunque otros afirman que caminó sobre el agua.

-Pachamama: Madre de la tierra. Señora de las montañas, las rocas y las llanuras.

-Los Incas le daban un carácter sagrado a determinados lugares. Por ejemplo: cursos de agua, montes, cuevas y precipicios. Decían que allí estaba el asiento de sus antepasados. ¿No estamos en presencia de un sólido respeto histórico? A esos antepasados les llamaban Pacariscas o Pacarinas, que significa “lugar de origen”.

-Las piedras eran consideradas los “huesos de la tierra”, y por lo tanto también merecían veneración.

-Según la historia mítica, en la roca de Titicaca se ocultó el sol después del gran diluvio.

-Otras rocas eran vistas como gigantes que, como castigo a su desobediencia, habían sido convertidos en piedras; y viceversa: piedras que se convertían en hombres ante una determinada necesidad de ayuda.

-Las “Huacas” (lo sagrado), en forma de muñecas, estaban destinadas a proteger a los individuos, las cosechas y los muertos, una práctica similar o cercana a otras que hacían los egipcios.

-Las “mamas” (madres) eran espíritus destinados a favorecer los cultivos, especialmente de maíz (Saramama) y de la coca (Cocamama)… ¿Cómo dices? Ah, sí, también estaba la Mamaocha, que para ellos era la encargada de regir las fuerzas naturales, como podría ser la fuerza del mar.

Ahora bien, cuando uno hace referencia o se detiene en los Incas, hay un lugar que se lleva una buena parte del interés. Me refiero a Machu Picchu, una zona de Perú que se encuentra a 130 kilómetros (al noreste) del Cuzco, antigua capital del Imperio Inca. Allí, en Machu Picchu, sobrevivieron más de 150 edificaciones. Y es bien interesante lo que ocurrió con esa zona. En primer lugar porque no aparece mencionada en las crónicas o escritos de los conquistadores españoles. Machu Picchu fue totalmente desconocido hasta el año 1911, fecha en que fuera “descubierto” (otra vez la palabrita) por un explorador norteamericano de nombre Hiram Bingham. A partir de ese momento se convirtió en un enigma. ¿Nadie lo mencionó?, ¿cómo es posible que ni los mismos Incas o sus descendientes lo mencionaran?, ¿por qué no lo mencionaban?, ¿no les resulta extraño que tampoco los españoles llegaran hasta allí? Durante siglos lo tuvieron a sólo 130 kilómetros de distancia. En fin, ya les digo, fue y sigue siendo todo un enigma. ¿Cuál es mi consejo? Aquí les va: si algún día, cualquiera de ustedes, tiene dinero para pagarse un viaje, prioricen Machu Picchu y no New York, prioricen Machu Picchu y no Roma, prioricen Machu Picchu y no Londres. ¿Comprenden el mensaje de lo que intento decir? Estoy seguro que sí.

Otro aspecto sumamente interesante de los Incas es lo relacionado con el Tiempo, sobre el cómo ellos medían el Tiempo. En la práctica, lo hacían siguiendo las fases en el curso natural de la luna. El año estaba dividido en 12 lunas de 30 días cada una:

-“Luna de la gran fiesta del sol”: diciembre. Mes de descanso.

-“Pequeña luna creciente”: enero. Tiempo de ver el maíz en crecimiento.

-“Gran luna creciente”: febrero. Tiempo de vestir taparrabos. ¿Por qué? Por el calor.

-“Luna de la flor creciente”: marzo. Maduración de la tierra.

-“Luna de las espigas gemelas”: abril. Mes de cosecha y descanso.

-“Luna de la cosecha”: mayo. El maíz se seca para ser almacenado.

Y así sucesivamente hasta llegar de nuevo al mes de diciembre, pasando antes por septiembre, cuyo nombre siempre me despierta curiosidad: “Luna de la fiesta de la luna”.

Sin llegar a convertirme en un ejecutivo de una agencia de viajes, yo les recomiendo los siguientes destinos. Da igual si el viaje lo hacen por avión, por Internet o a través de los libros:

Mundo Maya (Guatemala y sur de México):

-Ruinas de Tikal, Ruinas de El Mirador y Ruinas de Palenque (antigua ciudad Maya de México, ubicada en el actual estado de Chiapas).

Mundo Azteca (México):

-Pirámides de Teotihuacan (Pirámides del Sol y de la Luna).

-Templo Mayor de Tenochtitlán.

Mundo Inca (Perú):

-El Cuzco (“El templo del sol” y “La fortaleza de Sacsahuamán”).

-Machu Picchu (a 2, 045 metros de altitud).

Un detalle: recuerden la gran extensión territorial del imperio Inca; que, en el caso de Chile, llegó desde Arica hasta Rancagua. ¿Quedan huellas?, ¿dónde están esas huellas?

Teatro latinoamericano

Toda la digresión anterior, que comenzó cuando pregunté: ¿adónde hubiera llegado Nuestra América de no existir en la historia un 12 de octubre de 1492?, me sirve ahora para continuar con la historia del teatro latinoamericano: decir teatralidad precolombina o teatralidad aborigen resulta fascinante, porque para el indio latinoamericano la representación teatral era la relación con el mundo que lo rodeaba, era la expresión escénica del acontecer, era su hacer cotidiano y era la escenificación de su propia existencia. Por eso, en algunos lugares, todavía hoy existen huellas de aquello que fueron los mencionados signos teatrales.

Si cuando decimos Teatro estamos haciendo referencia a la contemplación de los ojos, les pregunto: ¿había o no había signos teatrales en nuestros pueblos originarios? Ah, claro, el teatro indígena sugiere más que representa, una relación que a muchos los deja dubitativos y los lleva por ende a tomar partido con el concepto de teatro que heredamos de España; que, dicho sea de paso, fue un importantísimo instrumento de influencia en el proceso de evangelización que se llevó a efecto en nuestras tierras.

Resumiendo: como principio ético, los orígenes del teatro latinoamericano hay que buscarlos en nuestra propia historia, conscientes todos de que allí, en esa fuente, está la esencia de nuestra cultura, de nuestra sociedad y de nuestra identidad, luego víctima de un lento y a la vez implacable período de transculturación que nos lleva, casi en sus inicios, a una obra de teatro que fue parte de la ya mencionada evangelización: “Representación del fin del mundo” (1533). Sin embargo, existe otra obra, “La conquista”; que, según dicen, debió ser escrita más o menos sobre la misma época y que es un ejemplo ya acabado del arte dramático. No se conocen los autores de estas dos obras, pero existen razones para pensar que ambas fueron escritas por españoles que residían o estaban de paso por nuestro continente.

Antes de continuar este recorrido, permítanme pronunciar el nombre de tres hombres que son considerados los propagadores de la cultura religiosa en las tierras del “Nuevo Mundo”. ¿Nuevo Mundo? Nuevo Mundo para ellos, pues para nosotros se trataba de un mundo cuya existencia se remontaba a miles de años. Aquí van los tres nombres:

-Bartolomé de las Casas (1474-1566).

-Fernán González de Eslava (1534-1601).

-Diego de Hojeda (1570-1615).

El primer nombre resulta muy interesante desde todo punto de vista, ya que fue él quien escribió un libro que igual les recomiendo: “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”. La obra fue escrita en 1539, dada a conocer al Rey español Carlos I en 1542 y publicada finalmente en 1552. Con el tiempo, algunos teóricos se dieron cuenta de la importancia de aquel texto. De ahí que lo presenten de esta manera: “…se trata de una verdadera relación de todos los males que componían el sistema colonial implantado en las Indias…”

Ahora bien, es innegable el apogeo, la fuerza que el teatro fue tomando con el paso del tiempo en las tierras americanas; hasta llegar a su punto máximo: el siglo XVII. Dos escritores españoles influyen notablemente en el quehacer literario de la época:

-Luís de Góngora (1571-1627)

-Pedro Calderón de la Barca (1600-1681).

Ya en este minuto, puede hablarse de la existencia de un teatro latinoamericano; claro está, de un teatro latinoamericano bajo los moldes del teatro español. He aquí algunos ejemplos:

-“Diente del parnaso”, del peruano Juan del Valle Caviedes (1645-1697).

-“Infortunios de Alonso Ramírez”, del mexicano Carlos Sigüenza y Góngora (1645-1700), sobrino del mismísimo Luís de Góngora. Nada, lo anterior es un detalle anecdótico, no más que eso.

Y, lógicamente, toda la obra de la también mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), una imprescindible de las letras americanas. Recuerden: el siglo XVI es Renacimiento y XVII es Barroco.

Ah, pero se nos va quedando un nombre fundamental: Juan Ruiz de Alarcón (México, 1581-1639). A él se le atribuye el título de precursor del teatro latinoamericano… ¿Qué? Sí, he aquí dos de sus obras:

-“Las paredes oyen”, de 1628.

-“Ganar amigos”, de 1634.

Como es lógico, otras obras y nombres van apareciendo, por ejemplo:

-“Al sagrado misterio de los Santos Reyes”, de la peruana Sor Josefa de Azaña y Llano (1696-1748), una obra que ya se mueve entre el barroco y el neoclasicismo.

Muchos de estos registros históricos-culturales, yo diría que casi todos, encontraban resguardo en los archivos de las Iglesias, una realidad que siempre me lleva a la misma pregunta: ¿y por qué esas mismas Iglesias no conservaban la memoria histórico-cultural autóctona, es decir, la de nuestros pueblos originarios? Nuevamente, sobran las reflexiones, porque esta carencia, este silencio, uno igual lo encuentra cuando busca huellas de la música aborigen, incluso cuando busca huellas certeras de los instrumentos musicales autóctonos.

Visto el caso y comprobado el hecho, mencionemos ahora a la primera persona que pide una licencia para crear en América Latina una compañía teatral. Les pregunto, ¿saben quién fue? No lo saben, pero tranquilos, yo les digo el nombre: María de Sandoval, una actriz española enamorada de nuestras tierras. Ella, en 1618, solicita esa licencia con el pretexto de que su compañía fuera como una suerte de emisaria en el llamado “Nuevo Reino de Granada” o “Virreinato de Nueva Granada”, cuya extensión incluía los territorios de Panamá, Venezuela, Colombia y Ecuador.

Como han podido observar, los matices históricos-culturales principales se mueven alrededor de las capitales que pertenecieron a las grandes civilizaciones precolombinas. México es un sólido ejemplo. Desde aquella época es un país trasmisor de cultura. Pero, ¿y los pueblos originarios de cultura mediana o sencilla? Digo y redigo que debemos ir a las esencias, a todas las esencias; de ahí que los invite a también buscar signos teatrales, a buscar representaciones, a buscar contemplación, a buscar espectáculo en esos pueblos nuestros, muy nuestros, y vivos todavía en una buena parte del continente.

…Dos almas tenían los guaraníes. Una divina y otra animal. La primera sobreviviría a la muerte; y la segunda determinaba el temperamento: si al nacer el individuo recibía un alma de Jaguar, sería violento; si el alma era de mono, sería inquieto y bromista; y si procedía de la mariposa o el colibrí, sería bondadoso y tranquilo…

¿Qué les recomiendo? Pues que busquen signos teatrales en los guaraníes. Busquen en los Taínos, una empresa mucho más difícil si nos dejamos llevar por estos datos. Escuchen: cuando se produce el “descubrimiento” (1492) existían un aproximado de 100 000 indios en la zona a lo que estamos haciendo referencia, incluida Cuba; pero ya en el año 1508 iban quedando unos 60 000 y en 1531 la explotación y las enfermedades habían reducido la cifra al increíble número de 600. ¿Qué les parece? Valga esta reflexión: como mismo exterminaban a los hombres, exterminaban también su cultura, su sociedad y su identidad. Lo que explica un poco el por qué en 1525 comienzan a llegar al Caribe los negros esclavos procedentes de África, iniciándose así la fusión de lo autóctono, europeo y africano, que es parte medular-plural de lo propiamente latinoamericano.

En fin, busquen signos teatrales en los Mapuches, yo les indicaría un primer punto: “El ritual de la llama negra”, en la palestra desde mucho antes que llegaran los españoles. Busquen signos teatrales en los Selk’Nam, un pueblo nómada que habitó la Patagonia del sur de Chile… ¿Qué dices tú? Bueno, aquí lo más importante es que después ustedes investiguen y multipliquen sus conocimientos consultando la bibliografía. Pero ya que insistes puedo indicarte un camino a seguir: analiza la pintura corporal, el maquillaje y, sobre todo, detente con rigor en la ceremonia “Klóketen”, que era un ritual de iniciación de jóvenes (muchachos entre 14 y 16 años). En esa ceremonia se les trasmitía el mito de “Kran y Kra”. De una parte, Kran, era el hombre sol cazador de guanacos; y Kra, era la mujer luna. ¿Satisfecho? Sí, asimismo, en “Klóketen” tienes en la mano un punto de partida.

Busquen signos teatrales en los Chibchas, Chocoes y Caribes (Panamá), en los Misquitos (Nicaragua y Honduras) e igual en los pueblos originarios de Venezuela, Colombia, Ecuador y Bolivia. Será la única forma de ir encontrándonos con la arte-alegría de nosotros mismos. Porque todo no puede ser tragedia y desesperación. Estas palabras nos hacen ver el pasado a través de un prisma oscuro, donde la muerte y el abuso es lo único que (a veces) nos convoca.

Es triste e humillante saber, por ejemplo, que entre los años 1879 y 1889, integrantes de cuatro etnias originarias de la tierra chilena: kawésqar, tehuelche, selk’nam y mapuche fueron exhibidos en zoológicos humanos europeos. El hecho como tal merece la más dura condena. ¡Hasta cuándo, casi en el siglo XX! La noticia nos conmueve, nos irrita; pero, ¿igual nos lleva a conocer o investigar la vida de esas etnias originarias? No, las vemos como imágenes solitarias y, lamentablemente, como algo muy ajeno a nuestra realidad. ¿Y su alegría, y su música, y su danza, y sus fiestas, y sus ritos, y sus ceremonias?

Continuemos: en el siglo XVIII se sigue desarrollando el teatro de América Latina bajo los moldes del teatro español. Y manteniendo esa misma forma de expresión dramática llegamos hasta la primera mitad del siglo XIX. Muy importante, entre otras cosas, por el proceso independentista que tuvo lugar en estas tierras. Digamos que un rango que se mueve entre los años 1810-1825.

Para una mejor comprensión histórica, observen esta tabla. Perdón, la palabra tabla me parece demasiado formal y esquemática. Pero en la práctica esto que tengo aquí no es otra cosa que una tabla. Nada, observen la tabla:

PAÍS AÑO DE INDEPENDENCIA

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-México 1810.

-Guatemala 1821.

-El Salvador 1821.

-Honduras 1821.

-Nicaragua 1821.

-Costa Rica 1821.

-Venezuela 1810-1821.

-Colombia 1808-1824.

-Chile 1810-1823.

-Argentina 1810-1816.

-Brasil 1822.

Por sólo mencionar algunos ejemplos. Pues bien, ¿qué ocurrió con el teatro después de las independencias? Fíjense, no sólo con el teatro; la cultura latinoamericana en general se convirtió para nuestros pueblos en un objetivo nacional. Sin querer atiborrarlos de nombres y obras, les menciono de inmediato a dos artistas mexicanos que fueron ilustres en el período post-independencia:

-“Contigo pan y cebolla (1830), de Manuel Eduardo de Gorostiza (1789-1851).

-“A ninguna de las tres” (1849), de Fernando Calderón (1809-1845).

Ya en la segunda mitad del siglo XIX se pueden advertir tres tendencias:

-Necesidad de construir teatros (sólo en Argentina, entre los años 1857 y 1893, se construyen “El teatro Colón”, “El teatro de la ópera y variedades” y “El teatro Nacional”. Sin lugar a dudas, los tres eran grandes teatros, pero lo más curioso es que de igual manera comienzan a multiplicarse los espacios teatrales en los barrios).

-Entre los años 1850-1890 los autores nacionales se veían obligados a entregar sus obras a compañías extranjeras.

-Ausencia todavía de un teatro nacional y, sobre todo, ausencia de elencos nacionales.

Siguiéndole el paso al teatro latinoamericano en la segunda mitad del siglo XIX y adentrándonos también en el siglo XX, nos toca ahora fijar algunos nombres y obras por países, esencialmente de aquellos que todavía hoy son considerados trasmisores de cultura: México, Argentina, Brasil, Chile y Cuba. Eso sí, recuerden que el teatro latinoamericano, a finales del siglo XIX, estuvo marcado por la influencia de otros autores españoles:

-Leandro Fernández de Moratín (1760-1828).

-José Zorrilla (1817-1893).

-José Echegaray (1832-1916).

-Jacinto Benavente (1866-1954).

Como yo soy cubano, y con el permiso de ustedes, comenzaré por Cuba. ¿Están de acuerdo? Perfecto. Pero claro, tampoco se trata de hacer una lista interminable, no, no se trata de eso, mi intención es sólo mostrar algunos causes, para que luego ustedes mismos, apoyándose en la investigación, lancen por esos causes sus ríos definitivos.

Veamos el caso de Cuba:

-“El príncipe de Viana” (1844), de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873).

-“La hija de las flores o todos están locos” (1862), también de Gertrudis Gómez de Avellaneda.

-“Abdala” (1869), de José Martí, nada más y nada menos que de José Martí (1853-1895).

-“Amor con amor se paga” (1875), también de José Martí.

Dos nombres mucho más que sobresalientes de las letras cubanas. Aunque sé que a Martí lo conocen bien, los invito a que igual conozcan a Gertrudis Gómez de Avellaneda, una ilustre cubana nacida en la provincia de Camagüey. Ellos dos están entre lo mejor de la cultura cubana en ese período; un período que, a su vez, se vio coronado con otros nombres de igual valía. Pero en esos aspectos me detuve extensamente en nuestro anterior ciclo de charlas. Quien quiera o necesite ampliar su perspectiva, puede acudir a mi libro “Más acá del mundo” que, según me han dicho los organizadores, está entre sus libros de texto. ¿Es verdad eso? Parece que sí, no obstante, veo algunas caras un tanto desorientadas…En fin, yo estaba tratando de dirigir mi buque hacia los primeros años del siglo XX, donde en Cuba toma cuerpo el teatro vernáculo. Personajes como el negrito, el gallego y la mulata se adueñan de la escena teatral cubana. Viva está en la memoria de los cubanos el teatro “La Alambra”. ¿Un teatro nacional? La respuesta es un sí rotundo, visto además por los ingredientes de crítica social, burla, acontecer, todo ello cobrando una poderosa fuerza popular.

No soy enteramente justo si paso por alto la importancia que para el desarrollo de la escena cubana tuvo el Teatro “Martí”. Como tampoco si paso por alto la importancia que tuvo la zarzuela. He aquí algunos nombres y obras:

-“María la O” (1930), de Ernesto Lecuona (1896-1963), autor además de la conocida canción “Siboney”.

-“Cecilia Valdés” (1932), de Gonzalo Roig (1890-1970), autor además de la famosa canción “Quiéreme mucho”…Sí, esa misma, que luego dice “dulce amor mío, que amante siempre te adoraré…”

-“Amalia Batista” (1936), de Rodrigo Prats (1909-1980).

Toda una evolución o desarrollo que en el año 1941 encuentra un antes y un después con la obra “Electra Garrigó”, de Virgilio Piñera; sin la menor de las dudas, el más grande dramaturgo cubano de todos los tiempos.

Veamos el caso de Brasil:

-“Antonio José o un poeta de la Inquisición” (1838), de Golcalves de Magallanes (1811-1882), única tragedia escrita por un brasileño y única de tema nacional. Esta obra marca también otro derrotero: fue actuada por el actor brasileño Joao Caetano (1808-1863), una señal de que comenzaba a terminar la eterna presencia de actores extranjeros en nuestro teatro.

Otros tres nombres del teatro brasileño de la primera mitad del siglo XX son los siguientes:

-Artur Azevedo (1855-1908). Innovador de la revista teatral brasileña. “Mambembe”, de 1904, es un claro ejemplo.

-Oswald Andrade (1890-1954). Dueño de muchos registros expresivos. Todavía se recuerda su obra “A morta”, de 1937.

-Nelson Rodríguez (1912-1980), que con su obra “Vestido de novia” (1943) marcó para siempre la escena teatral brasileña.

Veamos el caso de México:

Este país ha sido motivo de referencia desde mis primeras palabras. Varios de sus autores más sobresalientes ya han sido nombrados. Sin embargo, ¿qué nuevas le traería el siglo XX?

-1902: se funda la Sociedad de Autores Dramáticos mexicanos.

-1920: “La venganza de la gleba”, de José Joaquín Gamboa (1878-1931), una obra de marcada temática social.

-1928: formación del grupo “Ulises” (Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Rodolfo Usigli). Con “Ulises” y estos tres nombres se inicia la renovación del teatro mexicano.

-1937: “El gesticulador”, de Rodolfo Usigli, tal vez el más importante dramaturgo mexicano de su época. Se le otorga especial importancia a su obra “Corona de sombra” (1943).

Veamos el caso de Argentina:

-1886: “Juan Moreira”, espectáculo gaucho-ecuestre-circense basado en la novela de igual nombre y cuyo autor, Eduardo Gutiérrez, fue la misma persona que la adaptó para teatro. Poco después el actor José Podestá hace una adaptación más acabada y es con “Juan Moreira” (mimodrama) que se inicia el teatro argentino, ya con temas de espíritu nacional.

-1905: “Barranca abajo” de Florencio Sánchez (1875-1910).

-1920: “La mala sed”, de Samuel Eichelbaum (1894-1967). Este nombre es principalísimo dentro del teatro argentino del siglo XX. Otra obra suya, “Un guapo del 900” (1940), marcó época en la escena teatral de su país.

Veamos el caso de Chile (aquí, por razones obvias, me detendré un mayor tiempo e iré un tanto más atrás en la historia):

-Una primera observación: los orígenes del teatro chileno hay que ir a buscarlos a la época precolombina, como mismo hacemos cuando nos decidimos a recorrer la historia del teatro latinoamericano en general. Luego, para tener una visión más completa, debemos posar nuestra mirada en los acontecimientos ocurridos durante la conquista y el período colonial. Así, sólo así, nos toparemos con el año 1842. Más adelante me detendré en la importancia que tuvo ese año; pero antes, tal vez a modo de introducción, se hace necesario hacer un breve recorrido histórico.

-1657: el Obispo de Santiago de Chile es Don Fray Gaspar de Villaroel, un hombre que gustaba mucho de la comedias, influenciado seguramente por la fuerza del teatro en el Siglo de Oro Español. Ojo: estamos en el siglo XVII. En Chile no había teatros y, según se cuenta, la mayoría de esos eventos artísticos o representaciones se hacían en cementerios, fiestas religiosas o conventos de monjes y frailes. Siempre se procuraba que tales comedias llevaran el sello de “a lo divino”. El mencionado Obispo consideraba los dramas como algo pecaminoso, deshonesto e indecente. Entonces, ¡viva la comedia!

Nunca supo el obispo detalles exactos sobre la vida privada de Lope de Vega, su favorito. De haber conocido algunos pasajes, las comedias habrían corrido la misma suerte que los dramas. Pero, ¿cómo no representar a Lope de Vega en Santiago si el mismo Lope en persona hacía comedias frente al Arzobispo de Toledo?

Una vez más la Iglesia como templo cultural en nuestra zona geográfica, una realidad que se hizo presente durante casi todo el período de transculturación (busquen información y verán que pasa lo mismo con la música y la poesía).

-1693: como parte de las representaciones teatrales que se hacían en grandes fiestas y solemnidades, se recuerda en Chile una muy particular, entiéndase la que se ofreció en la boda de un señor llamado Tomás Marín de Poveda, que se casaba con la peruana Juana de Urdánegui, hija del Marqués Villa Fuerte. Ustedes dirán, ¿y a quién rayos le importa la boda de ese señor? Tienen razón, pero lo trascendente de la teleserie viene ahora: aquella boda fue el espacio escogido para, por primera vez en Chile, representar un drama. Aquí les va el nombre de la obra: “El Hércules Chileno”. ¿Qué les parece?

Dígase entonces que en Chile, entre los años 1657 y 1777, a través de una influencia española directa, se van dando pasos en la búsqueda de un teatro más chileno, evolución que se ve mutilada por completo en 1778, cuando otro Obispo de Santiago, esta vez Don Manuel Aldai, impide que se funde en Chile un teatro permanente. Desde su rigidez, dicen que dijo: no, un teatro permanente chileno, no, pues el teatro es de España. De anjá el Obispo, ¿no creen?

Vuelvo al período 1657-1777, porque de verdad que se venía dando un interesante proceso de evolución. Por ejemplo, ya para 1777 las mujeres podían actuar. Recuérdese que, en otras épocas, los papeles de mujeres eran también una responsabilidad de los hombres. ¿Qué pasó entonces? Pues que entre 1778 y 1842 se detiene ese proceso de evolución, lo que me hace llegar al año que mencioné cuando comencé a comentar las particularidades de Chile.

-1842: El Fray (otro Fray) Camilo Enriquez, pero para bien, y con un carácter ya propio, funda el “Movimiento literario y cultural”; considerado el primer paso sólido en función de crear un verdadero teatro chileno, todo lo cual se ve favorecido con la visita que hace a Chile el venezolano Andrés Bello (1781-1865): poeta, filósofo, pedagogo, humanista y jurisconsulto. Sin lugar a dudas, uno de los nombres de mayor trascendencia en la historia de las letras y el pensamiento latinoamericano. Los invito a conocer la vida y obra de Andrés Bello, fallecido en esta misma capital el 15 de octubre de 1865.

-1850-1900: hay costumbrismo y drama romántico. Sólo citaré un nombre como referencia: Daniel Caldera, autor de “El tribunal del honor”, drama en dos actos que fuera estrenado en 1887. Esta obra es considera la más representativa de su época.

¿No les resulta curioso y a la vez concluyente que en el Chile de 1887 se estrene “El tribunal del honor” y que en Argentina, solamente un año antes, se estrene “Juan Moreira”, de Eduardo Gutiérrez?

-1900-1930: son muchos los nombres y obras. Así y todo, e igual a manera de referencia, creo necesario mencionar otros tres. El primero, Antonio Acevedo Hernández (1886-1962); que es, en mi opinión, un fuera de serie: “Almas perdidas” (1917), “La canción rota” (1921), “Cardo negro” (1930) y “Chañarcillo” (1937). Hago énfasis en Antonio Acevedo Hernández no sólo como figura prominente del teatro chileno, sino también como ensayista, como estudioso de la identidad chilena en toda la extensión de la palabra. Muestra de lo anterior son sus libros “Los cantores populares chilenos”, “Retablo pintoresco chileno” y “Leyendas de Chile”. ¿Les quedó claro? Bien, he aquí los otros dos nombres: Armando Moock (1884-1942) y Germán Luco Cruchaga (1894-1936), quien en 1927 estrena “La viuda de Apablaza”.

A estas alturas, ¿estamos o no estamos ya ante un teatro auténticamente chileno? Por supuesto que sí. Además, la lógica del curso histórico-cultural nos va llevando hasta 1939, un año de indudable importancia pues emerge la figura de Pedro de la Barra, quien dos años después fundaría el mítico Teatro Experimental de la Universidad de Chile.

Hemos visto hasta ahora, como ejemplo, a cinco países: Cuba, Brasil, México, Argentina y Chile. ¿No resulta interesante conocer que existe una coincidencia histórica en cuanto a la modernidad del teatro latinoamericano? Observen:

-“Electra Garrigó” (1941), de Virgilio Piñera (Cuba).

-“Vestido de novia” (1943), de Nelson Rodríguez (Brasil).

-“Corona de sombra” (1943), de Rodolfo Usigli (México).

-“Un guapo del 900” (1940), de Samuel Eichelbaum (Argentina).

-Creación del Teatro Experimental (1941), Pedro de la Barra (Chile).

Detengo mi viaje en los primeros años de la década del “40”. Pienso que ya tenemos elementos suficientes para afirmar que tanto el teatro como la cultura chilena, que tanto el teatro como la cultura latinoamericana, encuentran causes definitivos en el siglo XX.

Ahora bien, todo análisis cultural y social que pretenda hacerse alrededor de este período, no puede pasar por alto tres medulares acontecimientos históricos: Revolución mexicana (1910) Primera Guerra Mundial (1914-1918) y Guerra Civil Española (1936-1939). ¿Está claro? Repito ahora lo que siempre digo: la cultura latinoamericana es sinónimo de siglo XX. Por fin la potencia de una voz propia, cuya singularidad y pluralidad le otorgó, en ese momento, un carácter irreversible.

Dejo en las manos de ustedes la misión de continuar este recorrido histórico. Aunque se trata de un período más conocido y estudiado, deben llevarlo de 1945 hasta nuestros días. Por supuesto, tendrán que mencionar otros tres hechos históricos de trascendental relevancia: Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Triunfo de la Revolución Cubana (1959) y caída del muro de Berlín (1989). A la influencia de estos tres acontecimientos, hay que agregarle el aire cultural-renovador que se dio en América Latina en los años “60”, y agregarle también el impacto negativo que padeció nuestra cultura durante las sucesivas dictaduras militares.

Cuando analicen el período háganse también esta pregunta: ¿Qué teorías dramáticas alcanzaron mayor influencia en América Latina? Hay quienes hablan de Íbsen, de Chejov, de Lorca, de Stanislasvky, de Brecht, de Ionesco, de Weiss, de O’Neill, de Artaud, de Grotowsky, de Eugenio Barba… ¿Qué piensan ustedes?

Por ejemplo, ¿por qué puede afirmarse que Brecht es uno de los más influyentes dramaturgos del siglo XX? Estamos hablando del creador del “teatro épico”. Desde el punto de vista práctico, Brecht concebía el teatro como un vehículo para transformar el mundo o como una vía para la toma de conciencia: contexto social, identificación social, impacto social, realidad directa y no realidad ajena, señal colectiva, el teatro como un eje trasmisor de información, teatro de la crueldad, teatro político, teatro épico…Acaso su influencia en América Latina como parte de un período histórico relevante, ¿no se da por la suma de todas estas cosas?

De igual manera, y en función de prepararles el camino 1945-2009, menciono, al vuelo, algunos nombres y compañías que no pueden faltar:

-Abelardo Estorino (Cuba).

-Teatro-Estudio “Hubert de Blanc” (Cuba).

-Teatro de los Oprimidos (Brasil).

-Teatro “El Galpón” (Uruguay).

-Teatro “Rajatabla” (Venezuela).

-Teatro “La Candelaria” (Colombia).

-Griselda Gambado (Argentina).

-Eduaro Pavlosky (Argentina).

-Héctor Mendoza (México).

-Sergio Magaña (México).

-Sebastián Salazar Bondy (Perú).

Son muchos nombres, un verdadero manantial de talentos creativos que le dieron luz propia al teatro latinoamericano. Ustedes se preguntarán, ¿y Chile?; a lo que yo respondo, tranquilos, a Chile voy a darle un tratamiento especial.

-Pedro de la Barra (lo mencioné hace un rato y vuelvo a mencionarlo ahora).

-José Ricardo Morales (exiliado en Chile tras la Guerra Civil Española).

-Héctor del Campo.

Con ellos tres se funda el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, digamos la fecha exacta: 22 de junio de 1941.

-Pedro Mortheiru.

-Fernando Debesa.

Con ellos dos se funda el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, digamos también la fecha exacta: 12 de octubre de 1943.

-Eugenio Dittborn, Egon Wolf, Andrés Pérez, Jorge Díaz, Santiago del Campo, Isidora Aguirre, Francisco Flores del Campo, Luís Alberto Heiremans, Manuel Rojas, Fernando Cuadra, Teatro de la Universidad de Concepción, Asociación Teatral de Valparaíso, Teatro Ictus, Fernando Colina, Enrique Noisvander, David Benavente, Ramón Nuñez, Héctor Noguera, Raúl Osorio, Pedro Orthous, Jorge Lillo, Víctor Jara, Jaime Silva, Alejandro Sieveking, José Pineda, Sergio Dovanovic, Ángel Lattus, Roberto Parada, Agustín Siré, Domingo Piga, Héctor Navarro, Guillermo Núñez, Alfredo Castro, Mauricio Celedón, Ramón Grifero, Nissim Sharim, Juan Carlos Zagall, Horacio Videla, Sergio Aguirre, Fernando González, Gustavo Mesa, Willy Semler, Luis Rivano, Marco Antonio de la Parra, Juan Radrigán, Rodrigo Pérez, Jaime Lorca, Alberto Vega, Elena Muñoz, Gabriel Prieto, Josefina Velasco, Magdalena Max-Neef, Rodrigo Bastidas, Pablo Krögh, Santiago Ramírez, Rodrigo Muñoz y Marco Layera.

¡Cuantos nombres! Lógico, pueden seguirse mencionando muchísimos más. La lista sería interminable. Porque si Chile es un país de grandes poetas, es también un país de grandes actores, directores y dramaturgos. Al menos aquí les dejo una suerte de guía o derrotero a seguir que, con igual entusiasmo, debe llevarlos al análisis de estilos, tendencias, repertorios, tratamiento escénico, lenguaje, temas, papel del actor, importancia del texto dramático, caracterización de los personajes, recursos expresivos, diálogos, expresión corporal, movimiento, voz, clásicos, costumbrismo, dramas, comedias, crítica social, esquemas estéticos, renovaciones, música, danza, influencias, rupturas y experimentaciones.

Chile es un verdadero manantial de teatro. Pero ojo: nunca olvidar el teatro callejero, el teatro popular (de trabajadores), el teatro aficionado y el teatro que se hizo aquí durante la dictadura militar. ¿Cuál es la pura verdad? Pues que de estos temas no se habla, o se habla muy poco, extendido el silencio a las propias escuelas de teatro. ¿Por qué? Porque la dinámica del mundo actual desprecia la memoria histórica y nosotros…Los invito, los convoco a investigar el teatro de resistencia que se hizo en Chile entre los años 1973-1990; los invito, los convoco a investigar el teatro de supervivencia que se hizo en Chile dentro de los campos de concentración (Chacabuco, Tres Álamos, Pisagua). Sólo así nos estaríamos contraponiendo a la corriente postmoderna (dominante cultural) que analizaremos más adelante.

Yo, en lo personal, soy un gran admirador de Isidora Aguirre, Jorge Díaz, Egon Wolf, Mauricio Celedón, Juan Radrigán, Alfredo Castro, Ramón Grifero, Elena Muñoz, Rodrigo Pérez, Pablo Krögh y Santiago Ramírez; pero ahora, dejándome llevar por la admiración que siento por el teatro chileno, pido un fuerte aplauso para todos los nombres aquí mencionados.

Antes de pasar a otros tres temas solicitados por ustedes, quiero detenerme en la siguiente reflexión: los conceptos de cultura, sociedad e identidad, así como la propia historia del teatro latinoamericano, deben ser analizados y asimilados desde posiciones flexibles, reconociendo lo positivo y rechazando lo negativo. Pero nunca siendo chovinistas, ciegos, absolutos, extremistas o fanáticos. Yo puedo ser cubano de nacimiento y chileno por elección. Yo puedo ser italiano de nacimiento y argentino por elección. Yo puedo ser mexicano de nacimiento y español por elección. Ambos puntos no son antagónicos, todo lo contrario, son cadenas de enlace que nos llevan de lo particular a lo general, de lo singular a lo plural. Sólo así podremos tener, como arma, un conocimiento de causa más elevado en el afán de valorar nuestra memoria histórica y defender la diversidad que distingue a nuestros pueblos desde sus orígenes.

Fidel Antonio Orta, reunido con un grupo de estudiantes universitarios chilenos, habla de postmodernismo, dramaturgismo y análisis teatral.

Tomado de su libro El telescopio de la hormiga (2009).

¿Cuántos de ustedes asistieron a mi anterior ciclo de charlas? Veo que muchos, casi más de la mitad de los presentes en esta sala. Entonces recordarán que en aquellos días les hablé del postmodernismo. ¿Lo recuerdan? Claro, ahora no me quedan dudas de que el tema sigue interesando. ¿Qué hacer?, fue la pregunta que me hice cuando supe que el postmodernismo-postmodernidad estaba otra vez entre…En fin, estoy de acuerdo, yo también pienso que se trata de un tema de sumo interés, sobre todo para alumnos como ustedes, próximos a graduarse de teatro, música, danza, trabajo social, psicología, periodismo, literatura y pedagogía. ¿Me faltó alguna carrera? Ah, sí, me faltó antropología, que vendría siendo la número nueve.

Lo más lógico en este momento sería hacernos la siguiente pregunta: ¿qué es el postmodernismo? Pero antes, a manera de introducción, y con el objetivo de aclarar posibles dudas, pienso que se hace necesaria una breve introducción que tenga como base otra interrogante: ¿qué es la modernidad? Pues bien, la modernidad está asociada con un período histórico concreto, más concretamente con la Revolución Industrial ocurrida en Inglaterra entre los siglos XVIII y XIX.

La modernidad es un concepto o definición que tiene una raíz sociológica y filosófica; de ahí que resulte elemental no confundir la modernidad con el modernismo, y muchos menos con la llamada Época Moderna.

El modernismo (finales del siglo XIX e inicios del XX) tiene una marcada esencia literaria; y, por otro lado, la Época Moderna está asociada con el descubrimiento del “Nuevo Mundo”; es decir, con el “descubrimiento” de nuestra zona geográfica.

Concluida la necesaria introducción aclaratoria, entremos en materia utilizando la siguiente vía: más allá de estilos, modas y modos de abordar la realidad…en los últimos años comienza a notarse una mirada no sólo nueva sino abierta y plural…El nivel de búsqueda es tan múltiple y pujante que fronteras bien definidas quedan desplazadas (¿derribadas?) ante la necesidad de abrir el espacio de expresión; y donde la diversidad, la participación, ¿el performance? y el debate deben legitimar la condición textual. Estas exigencias nos indican una nueva situación cultural que debe ser advertida por el discurso crítico-teórico…Tal situación se inserta dentro de lo que el crítico y teórico norteamericano Fredric Jameson ha logrado precisar “no como un estilo, sino como un dominante cultural, concepto que incluye la presencia y coexistencia de una gran cantidad de rasgos muy diversos, pero subordinados; que se identifica con el término “postmodernismo” o “postmodernidad”.

Vuelvo a recomendar el libro El postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío, de Fredric Jameson. He ahí una fuente bibliográfica que les permitirá multiplicar los conocimientos y la comprensión serena de este controvertido tema.

Continúo utilizando la misma vía: la literatura, como todo concepto histórico, logra legitimarse en un contexto cuando refleja y refracta la complejidad social de una época; las corrientes de sensibilidad y opinión, las crisis éticas, estéticas, ideológicas…Cuando logra atrapar toda esa dinámica con que los más disímiles valores, a través de su permanencia, aparición, exclusión o subversión, caracterizan un momento socio-histórico. Si las letras expresan este momento, podrá hablarse de una literatura auténtica, cuya plenitud no tendrá lugar si se mantiene aislada de otros campos del saber, desde donde ocasionalmente extrae recursos para enriquecer su visión y alcance. Pregunto: ¿el postmodernismo cumple con lo anterior? Es ahí donde está el problema. ¿Cuál es su discurso, cuál es su propuesta? Lo que da lugar a la existencia de lo que algunos críticos y teóricos han definido como la irritable condición del discurso postmodernista: el pluralismo. Dicha condición ofrece una perspectiva tan amplia que a veces no sabemos qué nos plantea, cómo lo plantea, cuál es su mensaje de fondo, hacia dónde va la propuesta.

¿Alguna duda hasta aquí? Perfecto, sigamos entonces: los orígenes del llamado pensamiento postmodernista proviene de centros europeos y norteamericanos. Pero esa realidad no puede alejarnos de nuestros conceptos, es decir, del concepto latinoamericano de modernidad y postmodernidad. Alejarnos de las reflexiones y conceptos que han aportado los pensadores latinoamericanos durante el complejo debate modernidad versus postmodernidad, pudiera privarnos del análisis más comprometido, contextualizado y provechoso de aquellos argumentos y hechos culturales que definen el actual momento de la cultura latinoamericana.

Lo que es el postmodernismo depende en gran medida de lo que es el modernismo. El concepto “postmodernismo” exige una precisión terminológica. Claro, para hallar una comprensión más exacta en el espacio cultural latinoamericano lo primero que debemos hacer es despojarlo de su ambiguo prefijo POST y luego iniciar una búsqueda de antecedentes histórico-culturales con que el concepto modernista se explica en lengua española.

Aclaro un aspecto: no me detendré en el modernismo. El tema como tal fue parte de mi anterior ciclo de charlas. Sólo deseo recalcar que el modernismo es, en nuestro idioma, una palabra esencialmente literaria, una palabra que señala el movimiento de renovación que ocurrió en la fecha que ustedes ya conocen. ¿Cómo?… ¿Algunos nombres? Bueno, ustedes tienen nombres, obras, fechas…Consulten sus notas y grabaciones; sí, sí, me refiero al anterior ciclo de charlas. De todas formas, aquí van algunos nombres: José Martí (Cuba), Manuel Gutiérrez Nájera (México), José Asunción Silva (Colombia) y Rubén Darío (Nicaragua).

Antes de hablar un poco más sobre el término postmodernismo, cuyo origen no es literario, repito, no es literario, quiero detenerme en el mencionado prefijo POST. Sé que algunos de ustedes están interesados en ese detalle. ¿Por qué el prefijo POST?, dicho de otra manera: ¿por qué el prefijo con la “T”? Ya dije que tiene un carácter ambiguo. Hay quienes ponen la “T” y hay quienes no la ponen. Siempre dependerá de la persona que se detenga en el tema. Algunos, por ejemplo, ponen la “T” para diferenciar el postmodernismo actual del posmodernismo o neomodernismo que se dio en la literatura entre los años 1914 -1920, incluso antes, digamos que desde 1905, fecha que marca el inicio de la crisis del modernismo. Y otros ponen la “T” para diferenciar que el origen del postmodernismo actual no es literario. Otros la ponen con el propósito de otorgarle una connotación más global y abarcadora ¿Qué ocurre entonces? Nada, que lo encontramos con “T” y sin “T”, y especialmente sin “T” si el término es utilizado en la literatura. Fin de la historia. Eso sí, de manera general, en estos tiempos, es más frecuente encontrarlo con “T”.

El postmodernismo nace en el campo de la sociología norteamericana a partir del año 1958, con los trabajos de David Riesman; luego, también en los Estados Unidos, lo encontramos en el campo de la arquitectura y el diseño (Robert Venturi y Nikolaus Pevsner) En 1967 el término como tal se introduce en algunas reflexiones relacionadas con las artes plásticas (Estados Unidos y Europa); fecha que coincide con su empleo en la filosofía (Michel Foucalt, Jacques Derrida y Pilles Deleuze). Luego de este momento inicial, el concepto se fue extendiendo a todo el campo del arte y del saber, desarrollándose polémicas en plazas tan diversas como Estados Unidos, Francia, Israel, México, España o Inglaterra.

Hasta ahora he citado, glosado e interpretado a un amigo-escritor cubano que se llama Roberto Zurbano (1965), cuyo libro Los estados nacientes: literatura cubana y postmodernidad (1996) me sirvió como vía para adentrarme con seguridad en un tema que, a las claras, tiene doble filo. Este ensayista cubano, también poeta y crítico, estuvo en Chile no hace mucho, creo que en noviembre del año 2007. No, no, ¿quién dijo eso?, Zurbano vino invitado a la Feria Internacional del Libro de Santiago. Ahora bien, si algún día vuelve por estas tierras, no tengan la menor duda de que organizaremos con él una charla sobre éste y otros temas.

Resumiendo: ¿acaso la defensa de nuestra identidad cultural no se presenta como un desafío en el siglo XXI? Claro que sí, más aún cuando frente a nosotros una cultura sujeta a todos los vaivenes de la moda y la frivolidad aumenta por día su número de víctimas. ¿Qué caminos nos muestra actualmente este famoso dominante cultural? Escuchen:

-Aniquilación de todo aquello que signifique diversidad.

-Ausencia de memoria histórica. En estos tiempos, ¿quién habla de Moctezuma, Cuauhtémoc, Halach, Hatuey, Guamá, Atahualpa, Túpac Amaru, Lautaro y Caupolicán? En estos tiempos, ¿quién habla de nuestros próceres independentistas?, ¿qué importancia tienen estos nombres para las nuevas generaciones?, ¿son mencionados en la televisión?

-Los pueblos originarios como sinónimos de conflictos, de problemas o de rezagos de un ayer que hoy no tiene la menor relevancia.

-¿Se habla de África? Tal parece que ese continente no existe.

-La patria en función de la nada.

-La familia vista desde un ángulo social secundario.

-Las tradiciones autóctonas formando parte de un triste pasado.

-Nula visión de futuro.

-Imposición de gustos homogéneos.

-Presencia de estereotipos, modelos y costumbres foráneas.

-El mercado como prioridad absoluta.

-Frenesí consumista. La felicidad subordinada a las leyes de un consumo que tiende a exacerbar el deseo de los consumidores y no a satisfacer sus necesidades.

-Sustitución de valores espirituales y morales por cosas materiales.

-El marketing como mecanismo de poder.

-Sólo una palabra tiene importancia: dinero.

-Individualismo.

-Egoísmo.

-¿Solidaridad y ayuda entre los hombres?

-Falso entretenimiento.

-Insensibilidad ante la injusticia.

-El bajo mundo farandulero como ejemplo a seguir por las nuevas generaciones.

-El hombre mediocre convertido en líder de opinión.

-Sexo y violencia.

-La superficialidad dando la hora desde que amanece (algo que se asume de forma consciente e inconsciente).

-Un creciente lenguaje seudo-cultural que se extiende por América Latina con la misma fuerza que la velocidad de la luz.

-Aquello que no aparece en una trasnacional de la información, es algo inexistente para nuestras sociedades.

De las líneas anteriores se desprenden a su vez algunas palabras o ideas dominantes:

-Melancolía.

-Simulación.

-Apropiación.

-Rapto del arte moderno.

-Ironía.

-Crítica.

-Arrepentimiento.

-Resentimiento.

-Una parodia de la cultura.

-Desilusión.

-No hay vacío, no hay elipse, no hay silencio.

-Des-imaginación.

-Des-socialización.

-Efecto engañoso.

-Éxtasis físico.

-Dominio simbólico de la ausencia.

-Ilusión desencantada.

-Agitación frenética.

-Arte desencarnado.

-Arte iconoclasta.

-Simulación falsa.

-Transcripciones inmisericordes.

-Ilusión-utopía.

-Desilusión-ironía.

-No estamos en un mundo surrealista, estamos en un mundo hiperrealista.

-Todas las cosas están desprovistas de secretos y de ilusión.

-Ya no creemos en el arte, sólo creemos en la idea del arte.

-Superstición moderna de la liberación.

Todas estas palabras o ideas dominantes pueden encontrarlas, comprenderlas y desarrollarlas aún más si consultan el texto La ilusión y la desilusión estéticas, de Jean Baudrillard (1929), un connotado filósofo y sociólogo francés cuya voz como analista de la sociedad contemporánea es cada día más respetada en una buena parte del mundo.

Desde el punto de vista teórico, hay otro “ismo” que se le enfrenta al “post”. Hablo del transmodernismo, una corriente que viene cobrando fuerza desde el año 1975 y que está relacionada con la filosofía de la liberación. Háganse esta pregunta: ¿el postmodernismo es un concepto perpetuo o un “ismo”-dominante cultural de los tiempos actuales?

Ahora bien, lo alumnos de artes escénicas, digamos que principalmente los de artes escénicas, están solicitándome desde hace rato un análisis que envuelva las palabras teatro y postmodernismo. Bien polémico el tema. ¿Teatro y postmodernismo? Dejemos algo claro: las llamadas corrientes postmodernistas aportan libertad de expresión, pluralidad escénica, búsqueda experimental y renovación del lenguaje. No hay dudas en cuanto a eso. Ah, pero hay que ver la moneda por sus dos caras. Para el postmodernismo, ¿sigue siendo esencial el texto dramático?, ¿sigue siendo esencial el actor?, ¿sigue siendo esencial el público?, ¿qué importancia le otorga a las antiguas teorías dramáticas?

En algunos casos reiterados, lamentablemente, el postmodernismo desdeña de manera radical esas cuatro esencias y establece como pautas principales de interpretación el tiempo, el ritmo, la dicción y el experimento. Entonces pregunto: ¿teatro sin texto dramático, sin actores, sin público, sin influencia de teorías dramáticas anteriores? No lo concibo, no lo acepto, me parece una superficialidad con marca registrada, muy a tono con el mundo superficial que hoy nos envuelve. Por esa vía, ¿en qué remoto paraje de la historia quedará detenido el análisis o aproximación a las representaciones teatrales precolombinas y al teatro que se hizo en América Latina durante el período de transculturación?, ¿en qué remoto paraje quedarán detenidos los precursores del teatro latinoamericano entre los años 1825-1890?, ¿en qué remoto paraje quedaran detenidos los clásicos latinoamericanos del siglo XX?, ¿en qué remoto paraje quedarán detenidos Aristóteles, Aristófanes, Horacio, Maquiavelo, Shakespeare, Molière y Carderón de la Barca; ¿en qué paraje quedarán detenidos Íbsen, Chejov, Stanislasvky, Brecht y Artaud? Sobran los comentarios, y a buen entendedor con pocas palabras…Lo ideal sería que ustedes investigaran un poco más sobre la influencia del postmodernismo en el teatro chileno actual: ¿afecta o favorece su identidad?, ¿es positivo o negativo?, ¿es un aporte?, ¿es una nueva forma de hacer teatro? Incluso sería importante que al final de la investigación se hicieran una quinta pregunta: Ramón Grifero, ¿es postmodernista o rupturista? Pienso que ya tienen suficientes elementos para sacar sus propias conclusiones, sea cual sea el campo o la manifestación artística donde decidan hacer el análisis. ¿Está bien?

Dramaturgismo

Tal parece que el destino de hoy son los “ismos”, pues ahora nos toca detenernos en un término que de sólo pronunciarlo resulta paradójico: dramaturgismo. ¿Qué es el dramaturgismo? Bien sencillo: es el análisis de la dramaturgia. Dicho de otra manera: el dramaturgismo es el análisis sereno y acabado del texto dramático.

A estas alturas no resulta nada extraño que el término provenga de Europa, específicamente de Alemania. Ah, pero eso sí, no confundir dramaturgismo con dramaturgia, no confundir dramaturgista con dramaturgo. Aunque están entrelazadas, son labores distintas, bien distintas. El dramaturgo crea y el dramaturgista analiza por niveles esa creación, mucho mejor cuando el trabajo de análisis de la obra escrita se hace durante la fase de preparación del montaje.

¿Se hace dramaturgismo en Chile? Yo pienso que sí. Claro está, en algunas compañías con más énfasis que en otras, dependiendo siempre del espacio o importancia que le otorgue a este rol el director de la puesta. Sin embargo, hay algo muy nítido: el término como tal es desconocido para muchos. Apenas se le menciona en los círculos teatrales; y a veces incluso, cuando uno lee la publicidad de la obra, observa que al dramaturgo lo presentan como dramaturgista.

Una pregunta: ¿habían escuchado el término? Sólo veo dos manos levantadas…Nada, no lo habían escuchado. Entonces, ¿fueron los dueños de esas dos manos levantadas los que solicitaron el tema? ¿Sí? Los felicito, bien vale la pena detenerse en temas que, como éste, tengan una connotación teórico-práctica. Pienso que ahí está implícito el objetivo de estas charlas.

Fíjense, a mí me da igual si hacemos o no hacemos nuestro el término. No hay dudas de que, etimológica y fonéticamente, viene por el mismo camino de las palabras drama, dramaturgia, dramático y dramaturgo, algo que en la historia del teatro se relaciona con los griegos. Repito: da igual si hacemos o no hacemos nuestro el término. Pero lo que sí no da igual, es la necesidad de realizar un análisis teatral profundo que le sirva de herramienta vital a todos los factores que intervienen en una obra, empezando por los actores.

El dramaturgismo (la palabra) cobró fuerza en América Latina a partir del trabajo que hizo en este continente el dramaturgo alemán Dieter Welke, más concretamente en países como Argentina, Ecuador, Colombia y México. Pero tampoco vayan a pensar que decir dramaturgismo ya es natural en esas latitudes, no, no, sigue siendo desconocido hasta cierto punto. Aunque lógico, de inmediato se producen ecos, resonancias e interpretaciones que ahora me llevan a dos dramaturgistas latinoamericanos: Marcelo Bertuccio, de Argentina; y María Soledad Lagos, de Chile. Ella es considerada la persona que introdujo el dramaturgismo en este país. No, no, actualmente María Soledad Lagos imparte clases en la Universidad Mayor de Santiago. Bueno, al menos eso fue lo último que yo supe. Busquen información sobre ella y sobre su obra, alguien que tuvo una pulida formación académica nada más y nada menos que en la propia Alemania.

Sería muy útil que todo texto dramático tuviera su dramaturgismo, es decir, que esa función de análisis sereno formara parte de la obra en sí y que el dramaturgista integrara los elencos. ¿Qué pasa con algunas compañías? Pues que ven al dramaturgista como un agente externo y no como un ente vital que puede aportarle calidad a la obra. Bueno, cuando eso pasa, ¿por qué el director, el actor o el propio dramaturgo no se convierten en dramaturgistas? Digo una vez más que al texto dramático, por nada del mundo, puede faltarle el análisis teatral colectivo; basado, esencialmente, en estos cuatro niveles:

-Nivel narrativo: ¿Qué nos cuenta la historia? Importancia del tema, trascendencia, impacto, contexto social e histórico, de qué modo se hace presente la ley del interés, la ley de la verdad y el punto de vista espacial-temporal como parte del conflicto.

-Nivel dramático: ¿Cómo se cuenta la historia? Escenas, personajes, acción dramática, importancia del diálogo, imaginación, naturalidad, coherencia, orden lógico de las ideas, tiempo, tempo, ritmo, expresión corporal, movimiento, espacio, crisis, anticrisis, progresión, equilibrio, digresiones, elementos estructurales y resolución.

-Nivel discursivo: ¿De qué y cómo se habla en la obra? Lenguaje. Relación entre el habla y el lenguaje corporal. Otros recursos de expresión dramática: música, danza, voz y efectos especiales. La imagen cotidiana, la observación, la evocación, la poética del vacío (no hacer, no decir, silencios), exposición, síntesis, técnica dilatoria y comprensión final del conflicto.

-Nivel referencial: ¿A qué temas hace referencia la historia? Religioso, psicológico, ecologista, fantástico, puramente humano…Mensajes de cualquier tipo, influencia de teorías dramáticas anteriores, experimentaciones, rupturas, relación dialéctica entre los polos opuestos: ficción-realidad, individuo-grupo, orden-caos, feo-lindo, acabado-inacabado.

A través de los cuatro niveles anteriores pueden realizar el análisis de un texto dramático. Pero, ¿se habla de dramaturgismo en las escuelas de teatro?, ¿se le enseña al estudiante cómo analizar un texto dramático? Yo les digo que no; y esa es una falla (mallas curriculares y programas de estudio) que está presente en casi toda América Latina. Por eso yo, aunque nadie hable de estos temas, aunque nadie hable de la importancia que tienen en la formación integral de un artista-actor, los incluyo en mis clases de dramaturgia partiendo siempre con esta pregunta: ¿acaso Aristóteles, Horacio y Lope de Vega no fueron también dramaturgistas?

Como pudieron observar, hemos recorrido con breves apuntes estos dos “ismos” del siglo XXI. Y tengo la certeza de que en el futuro seguirán apareciendo otros, ya sean de mayor o menor importancia. ¿Por qué? Porque la historia de la humanidad está llena de “ismos”. Los “ismos” son como los chinos, están en todas partes y en todas las épocas.

Fidel Antonio Orta, reunido con un grupo de estudiantes universitarios chilenos, habla de  televisión, técnicas narrativas y teoría de la expresión poética.

Tomado de su libro El telescopio de la hormiga (2009).

Decir televisión, técnicas narrativas y teoría de la expresión poética, me llevan a pensar en un título para esta charla: “Algunos apuntes sobre las tres “T”, dejando justificado el empleo consciente de la nunca bien vista cacofonía. Es decir, “te” de televisión, “te” de técnicas y “te” de teoría. ¿Les parece bien el título? Sí, a mí también me gusta, tal vez para ponerme a tono con las tendencias postmodernistas y rupturistas que nos ocuparon en el día de ayer.

¿Qué es la televisión? Hagamos primero un poco de historia; lo que, viajando en el tiempo, nos lleva de golpe hasta John Baird, un escocés nacido el 13 de agosto de 1888. Aquel desconocido físico e ingeniero eléctrico, alumno de la Lanrchfield Academy y de la Universidad de Glasgow, nunca pensó que sus concomimientos científicos le permitirían concentrarse en una larga y compleja investigación sobre el envío de imágenes a través de las ondas de radio.

Su investigación tenía un elevado nivel de complejidad. Tanto era así, que en un momento de su vida abandonó sus funciones de ingeniero eléctrico para dedicarse por entero a una pesquisa que, según dicen los entendidos, comenzó a concretarse alrededor del año 1920 y que luego, para bien de la humanidad, se transformaría en un importantísimo invento. Digo invento y no “descubrimiento”, está bueno ya de citar aquí a los “descubridores”.

Bueno, como les decía, la tarea de John Baird fue bien difícil, ya que al principio nadie le hacía caso y los recursos económicos eran muy pocos. Pero el escocés era un hombre de armas tomar, dado en lo esencial por la valía de su perseverancia y la confianza que él mismo tenía en las teorías sobre la transmisión de imágenes; algo que, poco a poco, fue demostrando con suma modestia. Pasaba horas y más horas en su pequeña habitación de Hasting, Inglaterra, adquiriendo fama de ermitaño, de antisocial y de cuanta palabra fuera sinónimo de solitario.

En el año 1926 (Royal Institution de Gran Bretaña) realizó la primera prueba, la cual fue considerada un acontecimiento tecnológico. Dos años después, haría otra prueba de importancia: trasmitir imágenes televisadas entre Londres y New York; lo que posibilitó que en años posteriores se continuaran haciendo experimentos para mejorar el genial invento: 1929, 1931, 1934, 1936 y así hasta que llega el año 1946, fecha en que muere John Baird.

¿Qué tal el recorrido histórico? Aquel invento le cambió la vida a millones de personas. Pero ahora les propongo una primera pausa comercial:

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Repito la pregunta: ¿qué tal el recorrido histórico? Sí, eso mismo, viajar a los orígenes, algo que debemos hacer siempre; porque de lo contrario vivimos a merced del aire, como si el mundo, nuestro mundo, no tuviera génesis y estuviéramos todos en una urna de cristal. Ojo: a través del ayer, comprendemos el hoy. ¿Cómo, de qué manera hablar de televisión y no ir a su esencia? Sea este mi primer mensaje: sólo seremos sujetos verdaderamente activos si valoramos la memoria histórica, si nos explicamos el por qué de las cosas, si nos detenemos con rigor en los procesos causa-efecto-consecuencia…Más aún cuando se trata de un tema que resulta cardinal a la hora de analizar los conceptos de cultura, sociedad e identidad latinoamericana

Televisión: transmisión de imágenes a distancia mediante ondas hercianas. He ahí el significado literal de la palabra en cuestión. Pero claro, la televisión, hija legítima de la radio y del cine, multiplica su significado cuando advertimos que se trata del principal medio de socialización y comunicación que existe. Ella vino a completar la necesidad de comunicarse que tiene el hombre como ser social. No hay dudas de que su influencia, en todos los órdenes, resulta de singular trascendencia para los pueblos. ¿Qué quiero decir con lo anterior? Pues que yo veo la televisión como una vía o mecanismo que debe favorecer el florecimiento auténtico del individuo, las potencialidades de su pensamiento y todos aquellos valores que permitan desarrollar, frente a las complejidades del mundo, una actitud y no un modo de vida.

Pregúntense ahora mismo: ¿qué tipo de televisión es la que se hace en la América Latina de hoy?, ¿qué valores le aporta a las nuevas generaciones?…Por supuesto, no me queda otro remedio que pensar en los niños…No, estás equivocado, la televisión actual no admite el significado del concepto tipología: ciencia que estudia los distintos tipos… ¿Distintos tipos?, ¿distintos tipos de qué? Negativo, la televisión actual es de un solo tipo; y muchas de las enfermedades televisivas que yo pudiera mencionar aquí, ya quedaron tipificadas en mi charla anterior. De todas formas, les  menciono algunas:

-Imposición de gustos homogéneos.

-El hombre mediocre como líder de opinión.

-Presencia de estereotipos, modelos y costumbres foráneas.

-La felicidad subordinada a las leyes de un consumo que tiende a exacerbar el deseo de los consumidores y no a satisfacer sus necesidades.

-Sexo y violencia.

-La superficialidad dando la hora desde que amanece (algo que se asume de forma consciente e inconsciente).

-Un creciente lenguaje seudo-cultural que se propaga por Latinoamérica con la misma fuerza que la velocidad de la luz.

Ni hablar del falso entretenimiento. Eso es harina de otro costal. Entonces, ¿es o no es la televisión un elemento a tener presente cuando hablamos de cultura e identidad? De ahí la importancia protagónica que, en el espacio cultural latinoamericano, junto a la educación escolar que reciben nuestros hijos, tiene la familia como célula fundamental de la sociedad. Pero no quiero hacer aquí un análisis sociológico ni mucho menos. Ah, eso sí, háganse al menos esta pregunta: ¿qué importancia real, efectiva y ética le dan a la educación los gobiernos de este continente?

Digo a toda voz que la televisión es una maravilla. Sin embargo, tal parece que en la actualidad le está ocurriendo…La frontera o límite entre las producciones artísticas y no artísticas tiende a desaparecer por completo, como si la naturaleza misma de la televisión fuera el hecho no artístico. De ahí que lo novedoso de la tecnología, sujeto al efecto inmediato de la mediocridad, se convierte en un primitivismo supremo. Muy lamentable; porque la televisión nació con John Baird de menos a más y actualmente se comporta de más a menos, presa del marketing y variable según las exigencias del mercado.

La  televisión de estos tiempos, y especialmente la que se hace en América Latina, no trata de abarcar, con sus programas, diversos segmentos de la población, ni tampoco toma en cuenta características sociodemográficas y socio-psicológicas. Todo lo contrario. Esos grupos poblacionales, quieran o no, tienen que ajustarse a una propuesta televisiva que impone gustos homogéneos, cada día más estereotipados, superficiales y alejados de la realidad, como si se tratara del cielo prometido. ¿Comprenden la idea? Claro, asimismo, pues el televidente, tenga o no tenga un elevado nivel de escolaridad, se sugestiona, se magnetiza, se hechiza y termina siendo víctima de un delirante sentido de lo abstracto.

¿Se nos olvida que la televisión es un fenómeno estético?, ¿se nos olvida que tiene un carácter patrimonial?, ¿se nos olvida su compromiso con la elaboración creadora? Ustedes me van a perdonar, pero diariamente en América Latina se trasmiten algunas teleseries y programas de participación que lo único que dan es vergüenza. ¿Alguna duda?, ¿no?, entonces les propongo una segunda pausa comercial:

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¡Estamos pensando por usted!

Si vamos a los libros, encontraremos el siguiente axioma: el medio fundamental de comunicación es el lenguaje. Pero cuando veo que un niño se pasa más de ocho horas sentado frente al televisor, el axioma anterior comienza a tener algunos matices. Para ese niño, ¿qué lenguaje está resultando fundamental? El lenguaje de la televisión, tanto es así que hasta habla con ella, estableciéndose una interacción que, en muchísimos casos, no se da entre niños y familia. ¿Por qué? Porque el lenguaje de la televisión logra sustituir lazos afectivos y familiares, juegos, pasatiempos, conversaciones, libros, prensa escrita, costumbres, tradiciones, valores, modelos, imágenes, sonidos y un montón de otras cosas que ustedes conocen muy bien. De manera general, porque siempre existen excepciones, el niño-adolescente latinoamericano de hoy puede dividirse en cuatro partes: cabeza, tronco, extremidades y televisión. Ah, y ojo, mientras más canales, mejor, mucho mejor. ¿Cuál es la realidad? Nada, que el niño-adolescente latinoamericano pasa más tiempo con la televisión que con su propia familia. ¿Es o no es así?

La cualidad principal de este medio, es el método técnico de fijación de un determinado contexto, cuya expresión tiene un carácter figurativo. De ahí que el televidente, sea niño, joven o adulto, esté en un constante proceso de percepción, a veces viajando desde lo más simple a lo más complejo. ¡Peligro! La televisión, aunque no se hace desde el vacío, puedo conducirnos a él. Me refiero a un vacío mental, que anula nuestra capacidad de pensar y nos lleva a una fantasía previamente estructurada por los remitentes donde la publicidad comercial, los estereotipos, las imitaciones foráneas y los mensajes (subliminales, camuflados o directos) suelen ejercer más influencia que las ideas artísticas, sobre todo porque los destinatarios no son otros que las grandes masas.

¿Va quedando algo de su naturaleza estética?, ¿va quedando algo de su función social?, ¿y lo histórico?, ¿y lo folclórico? La televisión que se hace en la América Latina, aunque siempre debe verse como un complejo fenómeno sociocultural, está marcada por lo siguiente:

-Acentos dirigidos hacia un modo de vida concreto.

-Desarrollo tecnológico e involución artística.

-Estancamiento en la calidad del producto televisivo.

-Competencia entre canales.

-El rating o índice de audiencia como algo determinante.

-Publicidad exacerbada.

-Consumo.

-Individualismo.

-Egoísmo.

-Temas superficiales.

-Sobrecarga de noticias policiales.

-Poca imaginación.

-Chismes de espectáculo.

-El bajo mundo de la farándula como protagonista del acontecer.

-Escasa transmisión de valores artísticos-educativos.

-El entretenimiento visto bajo el prisma de la distracción y el consuelo.

El entretenimiento tiene que venir acompañado de un espectáculo televisivo de buena factura, de un espectáculo que no sólo se apoye en el hecho visual. Ver la televisión no puede ser un mero “entretenimiento”. ¿Por qué no pensar que también puede servirnos para lograr la plenitud del alma?… ¿Cómo? Perdón, amigo mío, el teatro es otra cosa; y desde la óptica de un espectador yo lo veo así:

-Teatro: contemplación comprometida.

-Televisión: contemplación dilatoria o virtual.

Dado que en ella prevalece el monopolio de lo fugaz, el poder del presente y un efecto dinámico que produce una sensación de unidad entre la televisión y el televidente, algo que luego se rompe sin dejar ninguna huella. Precisamente por la mala calidad del producto, dirigido a satisfacer los gustos visuales y sonoros que la propia televisión ha creado en sus adictos.

Necesito relajar, necesito desconectar, necesito olvidarme de que el mundo existe. Ahí tienen ustedes tres expresiones muy frecuentes en la América Latina de hoy. Una surte de fuga, la búsqueda de un camino que aleja al hombre de su dramática realidad y lo acerca a otra. Ese hombre (o mujer) enciende la televisión y ya…Caras bonitas, voces bonitas, calles bonitas, ciudades bonitas…Dejándonos llevar por la fuerza de un tiempo lineal e irreversible.

¿No les parece que aquel invento de John Baird, ya en el siglo XXI, se ha convertido en un derecho de los pueblos? Entonces no debe ser utilizado como un mecanismo de poder, no debe ser utilizado para omitir, censurar, tergiversar o manipular verdades. Vuelvo a decir: ¡la televisión es una maravilla! Nada más reconfortable y cercano con un buen programa de televisión. ¿El arte de la televisión o el arte en la televisión? Ambas virtudes deben marchas juntas, ya sea en un programa para niños, en un estelar de noticias o en una teleserie. La televisión tiene que contraponerse al mundo frío que nos envuelve diariamente y regalarnos, desde su complicidad, un rato memorable.

Ahora hacemos una tercera pausa comercial y después seguimos. ¿Están de acuerdo?

Técnicas narrativas

Bien sé que el tema de las técnicas narrativas es uno de los más esperados. Pero, al menos para mí, no deja de ser un tópico muy personal. Es decir, cada escritor tiene su librito. Además, sobre el tema se ha escrito bastante, desde el decálogo de Horacio Quiroga hasta los consejos de Roberto Bolaño. Sin dejar de mencionar las orientaciones de Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Truman Capote y Julio Cortázar. Ante tal realidad, tal vez sea mejor romper las reglas utilizadas hasta este minuto. ¿Qué les parece una tanda de preguntas y respuestas? Les confieso que yo me sentiría mucho más cómodo.

Alumno (A): ¿qué es para usted un narrador?

Fidel Antonio Orta (FAO): creo que un narrador es un simple contador de historias. Alguien que es dueño del oficio más solitario que existe. Pero claro, no todo aquel que cuenta historias puede autodenominarse narrador. Siempre dependerá del respeto literario que se tenga uno mismo.

A: y la narrativa, ¿qué es para usted la narrativa?

FAO: sin lugar a dudas, un género literario que, a su vez, agrupa o encierra un número determinado de subgéneros: cuento, relato, fábula, testimonio, novela y texto dramático. Yo, con igual énfasis, incluyo también los guiones de cine y televisión; aunque algunos, a estas dos últimas manifestaciones de la creación artística, le den un tratamiento independiente.

A una persona que escribe novelas, no hace falta decirle novelista, con llamarle narrador basta y sobra. Lo mismo pasa con el dramaturgo. Ahora bien, existe una tendencia que, a veces con visos de menosprecio, se empeña en separar al dramaturgo del narrador. ¿Por qué? No existe una razón fundamentada. Digo más: ¿cuántos dramaturgos latinoamericanos son Premios Nacionales de Literatura? Pocos, muy pocos, una verdad que se relaciona directamente con lo que acabo de explicar. Bueno, ¿y por qué los dramaturgos no pueden ser Premios Nacionales de Literatura?, ¿quién dice que no? Casi seguro aquellos que sostienen que un texto dramático no es literatura.

A: ¿podría referirse a la técnica del cuento?

FAO: primero debemos definir lo indefinible: ¿qué es un cuento? Siempre será una respuesta personal. En mi caso, lo veo como una historia que exige lo siguiente: singularidad temática, brevedad, tensión e intensidad, independientemente de su extensión. Cada escritor tiene su opinión al respecto. Pero existe un criterio donde, de forma general, hay coincidencia: calidad en el tratamiento del tema  e importancia de la imaginación.

Tú  me preguntabas sobre la técnica del cuento. Otra vez definir lo indefinible. Entonces, una vez más, debo acudir a mi punto de vista. La técnica es el todo: selección del tema, título, tratamiento del tema, imaginación, estructura (gancho, nudo y desenlace), acción, personaje (s), singularidad temática…Siempre tratando de respetar o sacarle partido a eso que alguien llamó, ahora no recuerdo quién, la ley del interés: un comienzo que atrape, un punto medio que abra los márgenes de la sugerencia y un final que permita el inicio de otra historia. ¿Quedó claro?

A: ¿De qué manera se puede llevar al papel la imaginación?

FAO: Buena pregunta la tuya. ¿Tú escribes? Entonces te doy el siguiente consejo: crea un personaje, ponlo a moverse en un determinado espacio y entrégale una determinada forma de expresión. Si haces eso, ya estarás imaginando.

A: ¿cuáles son sus narradores preferidos?

FAO: ¿narradores en general o sólo cuentistas?

A: sí, claro, mi pregunta iba dirigida a los cuentistas.

FAO: fíjate, más que cuentistas, yo tengo cuentos preferidos. Por ejemplo, Mister Taylor, de Augusto Monterroso; Casa tomada, de Julio Cortázar; Viaje a la semilla, de Alejo Carpentier…y así hasta que la lista se hace interminable. Pero no creo que ése sea el objetivo de esta charla. Por eso ahora, como lector-profesor, o como profesor-lector, te recomiendo a ti, y a todos, algunos nombres: Antón Chéjov, Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Raymond Carver, Ernest Hemingway y Roberto Bolaño.

A: ¿y de Cuba?

FAO: otra buena pregunta, pues me confirma que la gran  mayoría de ustedes están interesados en los temas cubanos; y tratándose de Cuba, entonces sí mencionaré un grupo de nombres que se relacionaron directamente con mi proceso de formación artística. Ya mencioné a Alejo Carpentier. ¿Lo conocen? Bien, perfecto, he aquí otros tres: Virgilio Piñera, Onelio Jorge Cardoso y Guillermo Cabrera Infante. ¿Cómo explicarlo? No sé, yo me hice hombre leyendo a esos maestros. Claro, después conocí los cuentos de, por ejemplo, Jesús Díaz, Eduardo Heras León, Norberto Fuentes y Abel Prieto. Esos cuatro narradores (cuentistas) fueron los culpables indirectos de mis primeras travesuras literarias.

A: de estos cuatro culpables indirectos, ¿recuerda algún título?

FAO: por supuesto, son libros que me acompañan a todas partes. Siguiendo el mismo orden: Los años duros, La guerra tuvo seis nombres, Los condenados de Condado y Los bitongos y los guapos. Esos cuatro libros me llevaron después a tres novelas que  primero me dejaron con la boca abierta y luego me mostraron el verdadero significado de la palabra literatura: Paradiso, de José Lezama Lima; Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante y Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet… ¿Qué? No, hasta aquí, recuerden que esta charla no está enteramente dedicada a la literatura cubana.

A: profesor, ¿cuál es la característica que separa al cuento del relato?

FAO: yo pienso que los separa la palabra ficción.

A: ¿puede explicarse un poco más?

FAO: sí, claro, lo anterior está dado en que el cuento siempre llevará la ficción (media o completa) como ingrediente principal. No así el relato. ¿Comprende ahora?

A: según su experiencia, ¿qué detalles prácticos debe tener presente un narrador  cuando se enfrenta a la obra?

FAO: te aclaro que mi experiencia es mínima, y seguirá siendo mínima aunque pasen cien años. Escucha bien: en la lid de la narrativa nadie tendrá nunca la experiencia suficiente para dictar cátedra o sentirse un ser todopoderoso. De ahí la importancia de siempre estar abierto a influencias, estudios y recomendaciones.

Los detalles prácticos que tú mencionas, pasan primero por una interpretación individual. Es decir, criterios, opiniones o puntos de vista que pueden ser compartidos o no. Ya dije que cada escritor tiene su librito. El mío, como el de muchos otros narradores, comienza por la construcción de la frase, pasa por el orden lógico de las ideas y concluye con el interés psicológico del autor. Yo, desde el punto de vista personal, le doy mucha importancia a la selección del narrador (personaje, omnisciente o ambiguo) e igual le doy mucha importancia a la palabra tiempo, vista desde tres ángulos:

-Tiempo verbal.

-Tiempo cronológico y psicológico de la historia.

-Tiempos de la acción: específico, circular y de eternidad plástica.

Todo dependerá de la obra narrativa en cuestión. Ya sea un cuento, un texto dramático, una novela…Entonces, de igual manera, irá alcanzando mayor importancia la caracterización del personaje protagónico.

Otra de mis obsesiones, digamos que la tercera, es la acción. Analicen, por ejemplo, a Chéjov, Dostoievsky, Vargas Llosa, Onetti, García Márquez y Saramago. Los seis son supersónicos, los seis son maestros en el arte de mantener la intensidad a través de la acción.

A: ¿cuál es, en su opinión, la mejor vía para caracterizar a un personaje?

FAO: la acción, siempre la acción.  Pero esa misma acción se realiza en un tiempo y espacio determinado, ¿es real o fantástica?, ¿es predecible? Ojo, mucho ojo con esto último, pues la acción predecible aleja o mutila la originalidad del personaje. En ese sentido, deben evitar el exceso de rasgos comunes y el exceso de rarezas. Ambas cosas, en demasía, son perjudiciales, muy perjudiciales. Los personajes deben tener, como nosotros mismos, virtudes y defectos; y deben ser, como nosotros mismos, racionales e irracionales, coherentes e incoherentes, normales y anormales, contradictorios, ambivalentes…No sé, por ahí anda la cosa.

A: ¿qué otros factores pueden mutilar la originalidad del personaje?

FAO: muchos, amigo mío, desde su lenguaje hasta su físico. ¿Hace falta describir físicamente a un determinado personaje?, ¿hace falta ponerle nombre? No, no hace falta, decisión que será una responsabilidad del autor dependiendo de la historia.

Imaginemos un cuento cuya acción transcurre en la mente del personaje. La historia tendrá, por ende, un sólido carácter psicológico; y el lector, el buen lector, a través de esa acción, logrará imaginar el físico y la psicología en desarrollo de ese personaje específico. ¿Para qué entonces una detallada descripción de su apariencia? Recuerden esta máxima: en la sencillez, está lo genial; y en lo singular, está lo universal.

Ya te digo, son muchos los factores que pueden mutilar la originalidad del personaje, lo que igual me lleva a prevenirlos sobre otros aspectos: estereotipos, monotonía, mala división de los párrafos, incoherencia, sonido a verso, elipses y hasta una defectuosa puntuación gramatical. Resultará esencial que ustedes, en sus textos narrativos, como recursos de expresión, también presenten y desarrollen sus personajes mediante diálogos, soliloquios y monólogos interiores.

A: dentro de esta sala hay un grupo de alumnos que se autodenominan narradores, ¿tiene para ellos alguna recomendación específica?

FAO: que sean naturales, sinceros e imaginativos. He ahí el quid de la manzana.

A: ¿Qué es para usted la morfología de una historia?

FAO: digamos que la forma, es decir, el cómo voy a contar esa historia.

A: ¿El cuento debe tener una extensión determinada?

FAO: No, ¿lo escuchaste alguna vez? Dependerá de la historia y del escritor. Hay de todo en la viña del señor: cuentos largos, menos largos, breves y muy breves. Ah, eso sí, como premisa fundamental, según mi parecer, debe hacerse presente la singularidad temática, aunque la historia tenga cuarenta páginas.

A: ¿y el cuento breve?, ¿qué es para usted un cuento breve?

FAO: aquel que vigoriza o potencia la acción. Un ejemplo mayor es “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso. ¿Conocen ese cuento? Entonces está todo dicho.

A: ¿Qué es para usted la creación?

FAO: me imagino que te refieres a la creación literaria y, en el caso que nos ocupa, a la creación narrativa. ¿Es así? Imagínate tú, una vez más se hace latente un criterio personal. Porque si es verdad que toda cabeza de hombre es un mundo, también es verdad que toda cabeza de escritor es un planeta…Tratando de contestar tu pregunta yo te diría que la creación narrativa no está asociada con la inspiración. Pero sí con la vocación. Por eso dije al principio que un narrador es un simple contador de historias. Necesita contarlas, se trata de algo orgánico, de algo que más allá de querer publicar y luego ser reconocido. En fin, yo creo que la creación es una necesidad.

A: ¿qué diferencia existe entre el cuento y la novela?

FAO: veámoslo así: el cuento es intenso y la novela es extensa…El cuento gana por knockout y la novela gana por puntos… ¿Hemingway? Sí, creo que fue él. De todas formas deben verificarlo.

A: ¿qué es más difícil: el cuento o la novela?

FAO: yo veo el cuento como una revelación. Y veo la novela como un riguroso trabajo de orfebrería. Sin lugar a dudas, la revelación es más difícil.

A: ¿puede detenerse un poco más en la novela?

FAO: me detengo un poco más cuando menciono las palabras conflicto, crisis y resolución; y un poco más cuando menciono las palabras trama, escenas, resúmenes, personajes, narración, descripción, acción, patrón de cambio, suspenso, salto cualitativo, vasos comunicantes, digresión y dato escondido. ¿Es o no es un riguroso trabajo de orfebrería?

A: y una fábula, ¿qué es una fábula?

FAO: aquí tienes una respuesta aproximada: el hijo del tigre siempre será tigre, pero el hijo del hombre no se sabe qué cosa será.

A: ¿existe alguna frase que pueda resumir el significado de texto dramático?

FAO: antes de fijar una posible frase resumen, recuerda esto: dramaturgia, estructura dramática y diálogo dramático. La frase resumen que tú necesitas podría ser esta: presencia y presente. ¿No te parece?

Como ustedes saben, ahora debemos pasar a otro tema. Ya llevamos bastante rato hablando de narrativa. Hasta cuentos les he leído y no quisiera…Perdón, no te escuché… ¿Cómo?…Bueno, a ver, venga esa última pregunta.

A: ¿podría recomendarnos algún libro que verse sobre las técnicas narrativas?

FAO: hay muchos. Tal vez porque también son muchos los interesados. Decálogos, manuales, guías para el escritor, artículos, cartas, entrevistas, clases, conferencias…Pero yo, en lo personal, tengo mi preferido: Los desafíos de la ficción, algo así como un tesoro, como un regalo de lujo, como una joya, como una fuente principalísima de conocimientos…Ningún otro libro lo supera. Ahí están todos los caminos que necesita un narrador, sea amateur o profesional. Repito el título: Los desafíos de la ficción; fruto del talento, el tino literario y la paciencia recopiladora del narrador cubano Eduardo Heras León, ya mencionado por mí al principio de esta charla. ¿Respondida tu pregunta? Bien, pasemos al otro tema.

Teoría de la expresión poética

Igual de amplio en su contenido y personal en su esencia. Especialmente si partimos de una consabida pregunta: ¿qué es la poesía? Por favor, la poesía es una incógnita, un enigma, pues nadie, ni al más consagrado de los poetas, puede lograr una definición exacta: espiritualidad, expresión del sentimiento, estado del alma, aquello que directa o indirectamente se relaciona con las emociones, ficción del recuerdo, emoción recordada y así sucesivamente hasta percatarnos de que se trata de algo que sí resulta indefinible.

Cuando más, dejándonos llevar por criterios un tanto teóricos, podemos afirmar que la poesía  tiene que llevar, en su raíz, un contenido psíquico que luego, en las manos del lector, se transforme en una impresión psíquica. Si es puro artificio, juegos de palabras, anarquía de ideas o lentejuela verbal, entonces no es poesía. ¿Qué es? Vaya usted a saber.

Insisto en el logro de una impresión psíquica. Aquello que podemos definir como individual (o íntimo), sólo será verdaderamente universal si logra trasladar la impresión a que hago referencia. Algo así como un placer estético donde coincidan autor y lector. Por ejemplo, un poeta le dedica versos a su hijo muerto. La impresión psíquica, en cualquier lugar del mundo, tiene que ser la misma. Todos conmovidos, todos sensibles ante el drama de un suceso personal que, al ser tratado desde muy adentro, logra estremecernos de pies a cabeza. Ah, pero para eso se necesitan lectores sensibles. Algo que no siempre se hace presente. De ahí la siguiente conclusión: la poesía siempre será atractiva para un grupo reducido de personas. Sería un error pensar en las grandes masas.

Ahora bien, ¿qué le produce placer estético a un lector sensible? Yo pienso que la expresión clara, exacta y económica de un pensamiento. El ingenio, el verso emocionado, la metáfora oportuna, los desplazamientos calificativos y la imagen efectiva, convierten el placer estético en alegría estética. Esta última frase pertenece a Jean-Paul Sartre (1905-1980), no por su existencialismo, sino por su sensibilidad y capacidad para comprender los procesos psicológicos del arte.

De todo lo anterior se desprende que la poesía es comunicación, percepción de emociones, evocación serena de una determinada impresión y plenitud vital, más o menos dándose la mano con la música. ¿No les parece? Lo que comunica la poesía no es un contenido anímico, sino su contemplación, dicho de otra manera, la poesía no comunica lo que se siente, sino la contemplación de aquello que se siente. ¿Comprenden ahora? Bueno, ¿y cuál es el efecto? Bien simple: el lector se estremece y reacciona de manera emotiva. Dígase así: comunicación como sinónimo de emoción. De lo contrario todo se viene abajo. Pues sí, yo veo el poema como un vehículo de comunicación. Pero cuidado, a veces los poemas son tan personales que terminan convirtiéndose en lo más impersonal del mundo.

A la poesía le viene como anillo al dedo la siguiente expresión: yo recuerdo cosas que no he visto y he visto cosas que después no recuerdo. ¿Por qué? Porque la poesía no puede ser una reproducción fotográfica de la realidad. Ya dije anteriormente que se trata de un contenido psíquico. El poeta es la imagen de un ser humano. Por tal motivo lo que comunica con su poema no es un estado anímico real, sino imaginario. Nada, yo sé que estamos en presencia de algo complejo y que ahora mismo, cualquiera de ustedes, podría preguntarse: ¿puede existir una poesía irracional? Claro que sí, vista cuando el poeta ignora lo que su poema significa conceptualmente. Ante tal verdad, se hace necesaria esta afirmación: en toda obra de arte existirá siempre un indestructible lazo de unión entre el ingrediente racional y el irracional.

Escuchen estos versos: …y yo, la tarde que a la tarde mira, soy la parte consciente del crepúsculo. ¿Cuántas sensaciones, imágenes y hasta voces pasan por nuestra mente?, ¿cuán disímiles podrían ser las lecturas? Nada más claro, eso es comunicación, eso es impresión psíquica.

Una cosa es la poesía en sí y otra bien distinta el lenguaje que utilizamos para hacerla. Precisamente en el lenguaje, y no en la poesía, podría estar la incomprensión del poema. Lenguaje belicoso, le llaman algunos; lenguaje forzado, le llaman otros, coincidiendo ambos en lo rebuscado de un poema lleno de artificios. Descifrar un poema no es lo mismo que entenderlo. Entenderlo es sentirlo. ¿Y cómo sentirlo si su lenguaje nos resulta belicoso o forzado? Este problema está presente lo mismo en la poesía libre que en la rimada. Pero tal vez en la rimada se hace más visible porque estamos obligados a una determinada palabra. ¿Cuál? He ahí la virtud del poeta y la necesidad de darle vuelo a la relación dialéctica que existe entre poeta, poema y poesía.

Siempre pregúntense: ¿qué me trasmite este poema?, ¿acaso me trasmite plenitud estética?, ¿se trata realmente de poesía o sólo estamos en presencia de un acabado ejercicio de versificación?

El contenido anímico que trasmite la lectura de un poema, tiene que provocar, al mismo tiempo, una ilusión en el lector. De ahí la importancia de leer poesía, de saber leer poesía, siempre como una necesidad y no como algo que debemos hacer por obligación. Entre otras cosas porque la poesía no es imperativa,  por el contrario, la poesía es elección. Bien, qué bonito, sin embargo, ¿qué le pasa a la poesía en la América Latina de hoy? Pues que cada día hay más poetas y menos lectores. Son muchos los factores que inciden en esta realidad, una parte de ellos ya mencionados en este mismo ciclo de charlas.

Yo pregunto: ¿qué importancia se le da a la poesía en los colegios primarios y secundarios?, ¿qué importancia se le da en las Universidades?, ¿qué importancia se les da, incluso, en las propias escuelas de arte? Aquí mismo hay estudiantes de teatro, danza y música… ¿estudian ustedes teoría de la expresión poética en sus respectivas carreras? Un no rotundo. ¿Cómo entonces representar un texto dramático en verso o interpretar un poema musicalizado, cuando no saben ni cuál es la estructura estrófica que lo envuelve? En fin, el mar, como diría el poeta cubano Nicolás Guillén.

Hasta ahora hemos ido viendo… ¿Perdón? Ah, claro, dime, dime, no, dale, hazme la pregunta.

A: ¿Qué diferencia existe entre imagen, visión y símbolo?

FAO: ¿tú eres poeta? Mira qué bien, bienvenido al club de los poetas vivos; que, en América Latina, están repartidos como ángeles. Trataré de ser concreto en mi respuesta: la imagen compara, la visión da por hecha la idea y el símbolo es la parte psíquica, es decir, lo que esa visión significa para el poeta y para el lector: ¿un sentimiento?, ¿una emoción?, ¿racional o irracional? Tal vez lo más complejo de comprender sea la visión, vista por algunos teóricos a través de tres características esenciales:

-Cualidad irreal.

-Lazo entre lo irreal y ciertos ingredientes reales.

-Existencia de una neblina, de algo así como una percepción brumosa.

En fin, querido alumnos, la poesía no es otra cosa que una expresión propia, no es otra cosa que una expresión del pensamiento, no es otra cosa que un proceso de asociación de ideas. Pero ojo: en la poesía no es el tema lo que busca la emoción, es la emoción la que busca el tema. De un determinado estado emocional, llegan la tristeza, la muerte, el amor, el desamor, la nostalgia, el miedo, el tiempo, la soledad…Es decir, llegan los temas. Los poetas están rodeados de fantasmas o de ambientes fantasmales. ¿Alguien lo duda?

La buena poesía lleva implícita la superposición temporal, espacial, situacional y de los significados. Pero no me detendré en estos aspectos, es necesario que ustedes viajen a ellos con sumo entusiasmo e igual se detengan, por ejemplo, en el dinamismo expresivo, la reiteración, el ritmo, el encabalgamiento, la ruptura del sistema y la técnica dilatoria.

Si son buenos observadores, llegarán a la conclusión de que hasta ahora sólo hemos visto la poesía por dentro. ¿Y su aspecto exterior? Bueno, ése sería otro tema. Hablo del molde, del soporte, de la vasija donde depositar el contenido. ¿Comprenden lo que quiero decir? Dígase así: cada emoción trae su forma. Pero esa forma no es otra que la forma estrófica: pareado, terceto, cuarteta, redondilla, quintilla, quintilla doble, sextina, octava (s), décima, romance, soneto y verso libre; lo que, como es lógico, y además de la estrofa, trae aparejado el estudio de la métrica o medida de los versos: cuadrisílabos (de 4 sílabas), pentasílabos (5), hexasílabos (6), heptasílabos (7), octosílabos (8), eneasílabos (9), decasílabos (10), endecasílabos (11), dodecasílabos (12) y alejandrino (14, dividido por dos hemistiquios de 7 y 7).

Fin del tiempo que teníamos previsto para la teoría de la expresión poética. Espero que estos enfoques, a veces demasiados personales y apasionados, hayan despertado en ustedes la necesidad de ampliar sus conocimientos y de, especialmente, acercarlos a la poesía. Aunque debo confesar que me pareció extraño que ninguno de ustedes me solicitara, como ejemplo, la mención de poetas que pudieran resultar referenciales. No obstante, yo los invito a recorrer toda la poesía de América Latina; que, en el caso concreto de Chile, es sumamente vigorosa. Menciono un sólo nombre: Gonzalo Rojas.

Antes de concluir, sin dejar de valorar en su justa medida otras obras que tratan sobre este tema, les recomiendo, además, un libro de texto que para mí fue revelador y concluyente: Teoría de la expresión poética (1952), escrito por el poeta y crítico literario español Carlos Bousoño… ¿Anotaron el nombre del autor?

Fidel Antonio Orta, reunido con un grupo de estudiantes universitarios chilenos, habla sobre las relaciones Estados Unidos-Cuba y hace pública una carta con cristal de aumento.

Tomado de su libro “El telescopio de la hormiga” (2009)

La solicitud de este tema me despertó especial curiosidad. Al principio me dije, ¿cómo?; claro, porque el tema como tal no me encajaba para nada con las técnicas narrativas y la teoría de la expresión poética. Algo que también me sucedió cuando tres de ustedes me solicitaron hablar un poco de Cristóbal Colón y Américo Vespucio. Sin embargo, luego pensé distinto; y, una vez más, confirmé el interés que existe en Chile por los temas de Cuba, informaciones y análisis que no les llegan por ninguna parte.

Puede parecer contradictorio, e incluso extraño, que un escritor como yo, alguien que se dedica igualmente a la docencia cultural universitaria, se detenga ahora en temas que no guardan ninguna relación con el arte. Pero existe una explicación. Algo que bien pudiera comprenderse si se mencionan las palabras compromiso y lealtad, dos términos que tienen mucho que ver con la historia de nuestros pueblos.

Además, me niego a practicar la cultura del olvido, muy de moda en estos tiempos de horror y misterio. Según mi parecer, el artista, como principio ético, debe estar en sintonía con la época histórica que le tocó vivir. El artista latinoamericano no es un tonto-mediocre que camina por las calles de este continente disfrazado de belleza, no es un tonto insensible y ajeno a su propio acontecer.

Todo lo anterior viendo el asunto desde sólo un ángulo; porque desde otro, es perfectamente lógico hablar de las relaciones Estados Unidos-Cuba como parte del significado global que encierran las palabras cultura, sociedad e identidad latinoamericana.

Sin más preámbulo, paso a desarrollar el tema solicitado por ustedes. Pues bien, cuando en el año 1787, Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro norteamericano, hizo pública la necesidad de convertir los Estados Unidos en un gran sistema americano, superior al dominio de toda fuerza e influencia trasatlántica, estaba enunciando las bases prácticas de una política devoradora que se extendería hasta el presente.

De allá para acá, de una forma o de otra, el gobierno norteamericano ha dejado muy en claro intenciones que trascienden todo límite y son la expresión concentrada de un comportamiento fascista. Pienso entonces que el fascismo contemporáneo no fue el resultado de un movimiento político surgido en Europa a partir de ideas mussolinistas o hitlerianas. No, cuidado, el fascismo, visto en el espejo de la expansión territorial, desarrollo armamentista, exterminio de pueblos, sometimiento, imposición de cultura, desprecio, humillación, uso de la fuerza, muerte, dominio extraterritorial, prepotencia y enriquecimiento a toda costa, fue un mal que se procreó en el vientre de sucesivos gobiernos norteamericanos, mucho antes de que Benito Mussolini y Adolfo Hitler ejecutaran sus políticas.

Antes de continuar, déjenme aclarar algo: yo sé que en esta sala hay varios estudiantes norteamericanos. Para ellos, como para el pueblo y la cultura de los Estados Unidos, quede aquí el respeto y la admiración de un escritor-profesor latinoamericano que aprecia, en toda su magnitud, el aporte plural que a la humanidad le ha dado ese gran país. ¿Quedó claro?

Pero Cuba, y particularmente el pueblo de Cuba, ha sufrido en carne propia la furia del poderoso vecino. “La Fruta Madura” (John Quincy Adams, 1823) no es un hecho aislado. Existen antecedentes que demuestran cómo desde 1805 la obsesión patológica por Cuba forma parte del pensamiento político norteamericano.

Citemos sólo un ejemplo: mes de octubre del ya mencionado 1805. Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos, comunica oficialmente que tomarían Cuba porque consideraban a ésta imprescindible como defensa militar de la Louisiana y de la Florida, que aspiraban también a poseer.

Algún día tendrá que variar el significado que los diccionarios le dan a la palabra fascista. Pero existe una diferencia: el fascismo del gobierno norteamericano tiene un disfraz, se esconde bajo una aparente “democracia” y es el resultado continuado de sucesivas administraciones.  ¿Acaso no era fascista  la “Doctrina Monroe”, (1823)?, que se dio bajo la presidencia de James Monroe, 1817-1825. ¿Acaso no era fascista la “Doctrina del Destino Manifiesto” (1845)?, que se dio bajo la  presidencia de James K. Polo, 1845-1849.

Incontables ejemplos pudieran citarse de cómo el mundo, y especialmente los países pobres, se han visto ahogados por los efectos de un fascismo encubierto, cuyas víctimas son más que el total de seres humanos que murieron en la segunda guerra mundial.

Estados Unidos, en el 1889, lleva a efecto lo que ellos mismos consideraron una importante estrategia de su política exterior para la época: El Primer Congreso Panamericano, celebrado en Washington bajo la presidencia de James Gillespie Blaine. La reunión como tal  concluyó en abril de 1890 y estableció las pautas que permitirían una total expansión y dominación norteamericana sobre América Latina. Contar, ya en ese momento, con una “Unión Panamericana” (antecedente directo de la actual O. E. A.), facilitó el camino para la injerencia y la explotación de nuestros pueblos.

¿Acaso no fue fascista la intervención militar que sufrió Cuba en 1898?, ¿acaso no fue fascista lo que ocurrió en los cuatro años posteriores?, ¿acaso no podemos hablar ya de una potencia neocolonialista y, en el caso de Cuba, de una neocolonia?  El “buen” vecino, cada minuto, ejercía una mayor política de ordeno y mando sobre Latinoamérica. Este continente no era otra cosa que su traspatio, su casino, su balneario, su prostíbulo, su tierra de saqueo y un espacio territorial del planeta habitado por idiotas, por faltos de entendimiento y por pueblos carentes de instrucción o caracterizados por una deficiencia profunda de sus facultades mentales.

Para ilustrar el dominio y la prepotencia del gobierno norteamericano, ninguna farsa mejor que la Primera Reunión de Presidentes de América (Ciudad de Panamá, 1956). A ese “cónclave interamericano”, presidido por Eisenhower, asistieron varios personajes siniestros: Batista (Cuba), Pérez Jiménez (Venezuela), Castillo Armas (Guatemala) y Duvalier (Haití). Se pretendía mostrar al mundo una América “unida”, burdo montaje escenográfico que fortalecía la inscripción non plus ultra que el gobierno de los Estados Unidos mantenía sobre los gobiernos latinoamericanos de ese momento.

No voy a detenerme en repetir hechos que desde el ya mencionado siglo XIX vienen ocurriendo. Y es conocida, muy conocida, la amplia gama de acciones y patrañas con las que el gobierno norteamericano, a partir de 1902, consolidó en Cuba su dominio neocolonial.

Pero si algo pudiera citarse como ejemplo, es una carta que Allen Dulles, Director de la C.I.A en 1955, le enviara al tirano Fulgencio Batista:

“…La creación por el Gobierno cubano del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC) es un gran paso adelante en la causa de la libertad. Me siento honrado que su gobierno haya permitido a esta agencia, la asistencia en el adiestramiento de algunos de los oficiales de esta importante organización…”

¿Acaso no era fascista el BRAC?, ¿acaso no era fascista la carta de Allen Dulles? Ah, pero no sólo apoyaron la creación del BRAC, también apoyaron y financiaron otros aparatos represivos como el SIM, el Buró de Investigaciones, la Policía Secreta, la Policía Judicial, la Policía de Gobernación, la Policía Privada y un Ejército cuya historia no puede ser más aterradora.

Batista convirtió la Isla de Cuba en una gran sala de tortura, realidad que siempre fue muy bien vista por el gobierno norteamericano. ¿Acaso no era fascista el tirano Fulgencio Batista? Bueno, y si era fascista, ¿por qué entonces era tan querido por el gobierno norteamericano? La respuesta es obvia.

Con el triunfo de la Revolución cubana (1959) las agresiones se incrementaron en todos los sentidos. Un radical, justo y necesario proceso político, que tenía raíces muy cubanas, alzaba su bandera a sólo noventa millas del mismo gobierno que vengo citando.

Mi pequeño país se convirtió en un símbolo de resistencia sin precedentes. Pero si criminal ha sido la política de Estados Unidos, gloriosa ha sido la capacidad de resistencia  del pueblo cubano. Fíjense bien, no estoy hablando de la capacidad del gobierno, estoy hablando de la capacidad de resistencia del pueblo cubano.

Nadie puede dudar, porque es demasiado elemental, que el “caso” Cuba se inscribe como la página más bochornosa de la política exterior norteamericana.

El bloqueo hitleriano a la ciudad de Moscú, constituye el anticipo histórico de lo que, algún tiempo después fue, y es todavía, el bloqueo norteamericano a Cuba. ¿Acaso no es fascista el bloqueo norteamericano a Cuba? Miles de vidas humanas y daños de todo tipo son las consecuencias de esta absurda y criminal política, que abarca infinidad de terrenos y es una versión actualizada del “gran garrote”. En apariencia, se advierte un sólo propósito: aplastar la Revolución y dejarla para siempre en las oscuras manos del olvido. Mientras tanto, acuden al exterminio, al mismo concepto de exterminio ya citado por mí en charlas anteriores…Sí, claro, me refiero al significado que nos aportó Eduardo Galeano.

No obstante, la historia del pueblo cubano, repito, del pueblo cubano, va dejando imborrables huellas de un impresionante coraje colectivo. Es un error decir “bloqueo económico a Cuba”. Porque se trata de una guerra, de una descabellada acción totalizadora que también se traduce en bloqueo cultural, científico, académico, informativo y diplomático. Pregunto: ¿qué han logrado con esa política? No han logrado nada, absolutamente nada. Además, a estas alturas ya todo está muy claro: el bloqueo no es una vía para aislar o ahogar al gobierno de Cuba, porque, como ven, ese gobierno sigue allí; el bloqueo es una vía para aislar o ahogar al pueblo de Cuba, demostrando con ello un desprecio sin límites por los hombres más humildes de mi país, esos que hacen realidad las palabras cultura, sociedad e identidad. Vuelvo a preguntar: ¿qué han logrado con esa política? Tal vez lo único que han logrado es despertar en ese cubano humilde un sentimiento de impotencia y rencor que fuera advertido por José Martí en el año 1869: el amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca. Bueno, ¿y quién la oprime?, ¿y quién la ataca?

De cada aspecto mencionado pudieran citarse infinidades de ejemplos concretos, pero me concentraré en analizar algunas agresiones que han ocurrido en el terreno diplomático. No se trata ahora de teorizar o realizar una determinada hipótesis sobre el tema en cuestión. No, qué va, ése sería un camino equivocado; aquí se trata de acudir a la historia, de cabalgar sobre la verdad histórica como única forma de explicarse los acontecimientos, da igual si estás o no estás de acuerdo con el gobierno de Cuba, da igual si eres de izquierda o de derecha, da igual si eres latinoamericano o europeo. Por eso mencioné al principio las palabras compromiso y lealtad. Ambas relacionadas con la verdad histórica.

Ya en el mismo 1959 (15 de enero) un grupo de congresistas norteamericanos solicita al Departamento de Estado que intervenga de manera directa e inmediata en el “asunto” cubano. Todo el arsenal de ese gobierno, clava sus ojos en la naciente Revolución que encabezaba  Fidel  Castro.

A través de la C. I. A, el gobierno de Estados Unidos  (Presidencia de Dwight Eisenhower), articula entonces una serie de medidas desestabilizadoras que en el plano internacional tenían el objetivo de hacer ver la Revolución como un enemigo secular de los pueblos latinoamericanos.

Existen tres agresiones diplomáticas que en el propio 1959 marcan el inicio de una gran operación anti-cubana:

1.-) 4 de junio: es agredido físicamente el entonces Cónsul de Cuba en Miami  Alonso Hidalgo Barrios.

2.-) 5 de junio: es asaltada la Embajada de Cuba en República Dominicana y brutalmente agredidos los diplomáticos cubanos Juan José Díaz del Real y Mario Rivas Patterson.

3.-) 10 de junio: ametrallan el automóvil de Antonio Rodríguez Echazabal, Embajador de Cuba en  Haití.

Estas tres agresiones, unidas a otras que iban ganando espacio en la “gran” prensa; y a otras donde la mentira, el chantaje y la calumnia jugaban el papel más importante, preparan las condiciones necesarias para que Estados Unidos organice con urgencia la Quinta Reunión Consultiva de Ministros de Relaciones Exteriores Latinoamericanos; finalmente celebrada en Santiago de Chile; sí, aquí mismo, entre los días 12 y 17 de agosto, con el propósito de observar “las tensiones en el Caribe” y  “el ejercicio efectivo de la democracia representativa”.

Comenzaba así una conspiración diplomática protagonizada por el gobierno de los Estados Unidos cuya esencia era la de aislar y destruir. ¿A quién? Pero fuera de todo pronóstico, el proceso político consolidaba su arraigo popular y su impacto de esperanza en tierras del tercer mundo.

Tenían que hacer algo que definitivamente acabara con…Nada, el 17 de marzo de 1960, Eisenhower, Presidente de los Estados Unidos, le ordena al Director de la C. I. A que inicie “la preparación de una fuerza armada de cubanos exiliados que sería utilizada para invadir Cuba, derrocar la Revolución y restablecer el sistema demócrata representativo”.

Exactamente un año después de efectuada la Quinta Reunión Consultiva de Ministros, y haber ejecutado toda suerte de artimañas en organismos internacionales (léase O. E. A. y Comité Interamericano de Paz), los Estados Unidos convoca a otra reunión; efectuada en San José, Costa Rica. Ya en ese momento no se hablaba de “tensiones en el Caribe”, sino de “amenaza a la paz del hemisferio” e “intervención de una potencia extranjera extra-continental”.

En esta reunión de Costa Rica se perseguía un fin esencial: sentar  bases de apoyo  para una agresión militar directa.

El 3 de enero de 1961 Estados Unidos anuncia el rompimiento de sus relaciones diplomáticas  con Cuba. Ahora, Eisenhower, dejaba el “problema” cubano en manos de John F. Kenneddy, quien, veintisiete días más tarde, asumiría el cargo como nuevo Presidente de los Estados Unidos.

No existían dudas. Abril era el mes escogido por el gobierno norteamericano para consumar la agresión militar directa, una meta trazada desde el mismo 1959. Recuérdese la solicitud de los congresistas al Departamento de Estado (15 de enero) y recuérdese que el 2 de febrero (también de 1959) se descubre el primer plan de la C. I. A. para eliminar físicamente al dirigente cubano Fidel Castro. ¿Estamos o no estamos cabalgando sobre la verdad histórica?

¿Alguien puede dudar que “Playa Girón” fue una agresión militar directa de los Estados Unidos? Claro que no. Demasiada evidencia, hechos que por sí solos explican que “Girón” nunca fue una simple operación de cubanos residentes en el exterior. Esos cubanos fueron utilizados por el gobierno de los Estado Unidos.

Casi un mes antes del desembarco, el Presidente Kenneddy se reúne en Washington con  varios diplomáticos latinoamericanos, a los cuales les explica el plan “Alianza para el Progreso”. Otra mentira y golpe bajo dado a la esperanza continental que veía en Cuba una señal diferente. En esa misma reunión quedó anticipado por Kennedy que, en breve tiempo, “el castrismo recibirá una respuesta constructiva y definitiva”.

Corría el mes de marzo de 1961. Y el gobierno de los Estados Unidos tenía dos cartas sobre la mesa: invasión mercenaria y auto-provocación militar por la Base Naval de Guantánamo. Cualquiera de las dos variantes le permitiría intervenir.  Pero la segunda posibilidad quedó frustrada cuando el gobierno de Cuba, específicamente el día 16, hizo público el plan  norteamericano de auto-agredirse.

La derrota que el gobierno de Estados Unidos recibió en “Playa Girón”, multiplicó su furia patológica. En cuanta reunión regional se realizaba, el “problema” de Cuba era tratado por Estados Unidos haciendo ver que la “amenaza” comunista había invadido esta otra parte del planeta. Así lo hicieron en la O. N. U, lo hicieron en el Consejo Interamericano Económico y Social y lo hicieron en cuanto organismo internacional existiera.

Ya en ese instante, el objetivo de los Estados Unidos tenía como esencia que nuestro país fuera expulsado del sistema de la O. E. A y que la totalidad de los países latinoamericanos rompieran relaciones diplomáticas y comerciales con la Isla.

Ahora, esgrimían pretextos de que el gobierno cubano intervenía en asuntos internos de otros lugares, provocando disturbios y acciones violentas. Claro, siempre viendo el problema desde un “él” y nunca desde un “yo”. Porque, ¿quién era y es todavía el país que verdaderamente provoca disturbios y acciones violentas?

Son históricamente vergonzosas algunas actitudes de gobernantes latinoamericanos que se prestaron para la aplicación de una política criminal y  de aislamiento con relación a Cuba; y cuando digo Cuba, una vez más, pongo a un lado al gobierno de Fidel Castro y me concentro en el pueblo. Bueno, ¿cómo entonces calificar las posiciones anti-pueblo de Cuba mantenidas por Leonidas Trujillo (República Dominicana), Anastacio Somoza (Nicaragua) y Manuel Prado (Perú)?

En ese contexto político se produce la Octava Reunión de Ministros de Relaciones  Exteriores  de  las  Repúblicas  Americanas, celebrada en Punta del Este, Uruguay, el día 31 de enero de 1962. Era de esperar que el non plus ultra, apoyado por un servilismo nunca antes visto en América Latina, concretara sus intenciones: Cuba fue expulsada de la O. E. A, considerándose que se trataba de un país “incompatible con el sistema interamericano”.

No hay que ser una persona muy progresista, no hay que ser un admirador del proceso político cubano para apreciar lo bochornoso que resultó ese acto.

El gobierno de los Estados Unidos, como parte de su política, no perdía oportunidades coyunturales para seguir aislando a Cuba de los demás países del área. Así sucedió en los meses que precedieron la “Crisis de Octubre” (1962):

“…la seguridad de los países de este hemisferio está amenazada por la subversión comunista…Debemos asegurarnos que el Comando del Caribe tenga la capacidad de proteger, no sólo adecuadamente nuestros intereses del Caribe, sino también de los países latinoamericanos con los cuales tenemos acuerdos defensivos…”

Mientras aumentaban las agresiones armadas a representaciones diplomáticas cubanas y a funcionarios radicados en el exterior, Estados Unidos insistía en utilizar organismos regionales como trampolín para sus acciones, llegando, incluso, a que la O. E. A le otorgara la potestad de emprender medidas unilaterales contra nuestro país.

Ninguna de las reuniones consultivas de ministros latinoamericanos que se realizaron después que Cuba fue expulsada, acordó condenar el intervencionismo del gobierno norteamericano o acordó condenar una política de guerra fría que estaba costándole cientos de vidas al pueblo cubano. Pero no sólo al pueblo cubano, puesto que ya, en ese momento, el gobierno de los Estados Unidos campeaba por su respeto en cualquier parte del mundo.

Cualquier ser humano racional, sea neutro, de izquierda o de derecha, puede quedarse estupefacto cuando escucha reglamentaciones gubernamentales  como las que ahora leo:

“…En todo caso, esas actividades se planificarán y se llevarán a cabo de manera que ningún examen exterior pueda identificar a su organizador, el Gobierno de los Estado Unidos, y que, en el caso de una denuncia, el gobierno pueda negar, de manera verosímil, toda responsabilidad por ellas…”

“…Esas operaciones secretas incluyen: propaganda, guerra económica, acción preventiva directa, incluyendo sabotaje, antisabotaje y medidas de demolición y evacuación; subversión contra Estados hostiles, incluyendo la asistencia a la guerrilla y a los refugiados integrados en grupos de liberación, así como el apoyo a los elementos anticomunistas en los países amenazados del mundo libre. No son operaciones secretas los conflictos armados con participación de ejércitos regulares, el espionaje y el contraespionaje, la simulación y el engaño que ayude a realizar las operaciones militares…”.

¿De qué estamos hablando? La gran mayoría de ustedes se han quedado inmóviles. Pues sí, he ahí la esencia del gobierno norteamericano de le época y el silencio conciente de las autoridades de América Latina.

Pero bien, sigamos con el tema que nos ocupa: el mes de junio de 1964  guarda en caja negra la Novena Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, efectuada en Washington.  No obstante Cuba estar ya fuera de la O. E. A, fue declarada agresora y quedó sujeta a las sanciones del Tratado de Río: “ruptura de relaciones económicas y comerciales de todo tipo y, en última instancia, acción militar”. ¿Quiénes eran realmente los agresores?, ¿cómo calificar la actitud sumisa, que en esa reunión, asumió el delegado venezolano que representaba el régimen del Presidente Rómulo Betancourt?

Entre 1962 y 1964, mientras se sucedían todas estas manipulaciones internacionales, Estados Unidos, utilizando aviones de tecnología avanzada, violó el espacio aéreo cubano en 624 ocasiones. Quede claro que en este total de vuelos espías no se cuentan acciones aéreas de sabotajes y lanzamiento de armas. Cabe, pues, volver a preguntarse: ¿quiénes eran realmente los agresores? Pero no sólo los agresores de Cuba; también, y sin duda alguna, los agresores del mundo. Escuchen ustedes algunos ejemplos:

1953 (Irán):

El gobierno de los Estados Unidos, a través de un grupo especial dirigido por Kermit Roosevelt (conocido como la mano derecha de Allen Dulles) consigue derrocar el gobierno legítimo de Mosadegh.

1954 (Guatemala):

El gobierno de los Estados Unidos pone en práctica la operación “El diablo”. La maniobra desestabilizadora comenzó a desarrollarse el 18 de junio. Nueve días después, es derrocado el gobierno de Jacobo Arbenz.

1956 (Siria, Egipto y Arabia Saudita):

El gobierno de los Estados Unidos desencadena una serie de acciones públicas y  secretas en función de aniquilar los gobiernos de esos países, incluida la desaparición física del Presidente Nasser.

1957 (Líbano):

El gobierno de los Estados Unidos pone en marcha la “operación libanesa”, la cual tendría un único propósito: asegurar el triunfo electoral de Chamoun.

Comienzos de la década del “60”:

El gobierno de los Estados Unidos crea la Unidad Especial ZR-RIFLE. “…En términos generales, el proyecto tenía como objetivo resolver los problemas inherentes a los asesinatos y crear una base adecuada para perpetrarlos…”.

1964 (Brasil):

El gobierno de los Estados Unidos prepara un golpe de Estado con el fin de derrocar al gobierno democrático del Presidente J. Goulart.

1967 (Bolivia):

El gobierno de los Estados Unidos ejecuta un sin número de acciones en territorio boliviano con el objetivo de encontrar y asesinar al Comandante guerrillero Ernesto Che Guevara.

1970-1973 (Chile):

El gobierno de los Estados Unidos: “…Debemos salvar a Chile. En este caso no nos importa cuánto costará la operación. No se debe tomar en cuenta el riesgo que ésta implica…Asignar 10 millones de dólares en efectivo y en caso necesario, aún más. Trabajar día y noche. Destacar a los mejores agentes. Preparar con urgencia el plan de la operación…Se dan cuarenta y ocho horas para elaborar la estrategia…”

¿Qué más decir? Nada, queridos alumnos, la cifra se hace infinita: Vietnam, Kampuchea, Libia, Palestina, Afganistán, Yemen del Norte, Sri Lanka, India…Y si continuamos apegados a la verdad histórica, salen a la palestra otras múltiples operaciones en países de Europa del Este, África y América Latina, su patio preferido. ¿Hace falta mencionar los crímenes que ocurrieron en Uruguay, Paraguay, Haití o República Dominicana?; ¿hace falta mencionar los crímenes que ocurrieron en el Salvador, Nicaragua, Granada o Panamá?

América Latina siempre ha sido su laboratorio, zona geográfica donde han ocurrido, con el visto bueno del gobierno de los Estados Unidos, acontecimientos políticos del más variado tipo. Desde gobernantes corruptos hasta golpes de Estado, desde elecciones fraudulentas hasta grupos paramilitares, desde la venta de riquezas nacionales hasta “casuales” e inexplicables accidentes aéreos. Recuérdense los hechos acaecidos con Omar Torrijos (Panamá), Jaime Roldos (Ecuador) y Rafael Hoyos Rubio (Perú). Tres latinoamericanos considerados “indeseables” por el Gobierno de los Estados Unidos. ¡Alerta! Cuando se trata de líderes, la reacción puede llevar la más amplia gama de disfraces. Pero dejemos que sea un propio empleado del gobierno norteamericano quien nos comente sobre ese particular:

“Nunca me preocupaba por el aspecto moral del asunto. Recibía la orden correspondiente y me dedicaba a cumplir las tareas planteadas…Si en el día de hoy recibiera la misión de asesinar a alguien, tal vez pensaría en el aspecto ético de la misma. Pero si trabajase contra el Che Guevara, ¡sería otra cosa!… Por eso, para capturarle, no me detendría ante nada. Recurriría incluso a medios ilegales”.

¿Algún comentario al respecto? Nada, ya veo que todos ustedes se han quedado absortos, algo que generalmente ocurre cuando nos enfrentamos a la verdad histórica.

Vendrían para Cuba, posteriormente, la mayor cantidad de agresiones que país alguno haya podido resistir. No alcanzarían diez charlas para analizar la agresividad de una política que, sólo en el terreno diplomático, demuestra el más repugnante carácter fascista.

En líneas anteriores hacíamos referencia a cómo también las representaciones cubanas en el exterior y sus funcionarios, fueron blancos del crimen. Para demostrar lo anterior sólo citaré algunos hechos que se producen en los años 1974, 1975 y 1976.

1974:

–         20 de enero: una bomba de alta potencia causa daños de consideración a la Embajada de Cuba en Ciudad de México.

–         4 de febrero: la funcionaria diplomática Pilar Ramírez Vega sufre heridas y quemaduras de consideración al estallar en sus manos un sobre explosivo. El atentado ocurre en la sede diplomática cubana de Lima, Perú.

–         26 de marzo: lanzan bombas contra la Embajada de Cuba en Kingston, Jamaica.

–         9 de abril: un poderoso explosivo destruye el Consulado de Cuba en Madrid, España.

–         3 de julio: explosión de una bomba en la Embajada de  Cuba en París, Francia.

1975:

–         Estalla una bomba en el automóvil del Embajador de Cuba en México.

1976:

–         22 de abril: una bomba de alto poder destructivo estalla en la Embajada de Cuba en Lisboa, Portugal. Mueren los funcionarios diplomáticos Adriana Corcho y Efrén Monteagudo.

–         6 de junio: la misión diplomática de Cuba ante las Naciones Unidas en New York, Estados Unidos, sufre daños de consideración tras explotar en ella una poderosa bomba.

–         9 de agosto: son secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos los funcionarios diplomáticos cubanos Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández, acreditados en la Embajada de Cuba en Buenos Aires, Argentina.

–         6 de octubre: criminal sabotaje al avión CUT-1201 de Cubana de Aviación. Cuesta la vida a 73 personas (57 cubanos, 11 guyaneses y 5 coreanos). Este crimen se inscribe entre los actos terroristas más deplorables que recuerde la historia de la humanidad (y lo incluyo como ejemplo de que no sólo las sedes diplomáticas fueron blanco del terrorismo instigado por el gobierno de los Estados Unidos. Son incontables las agresiones a otras oficinas y objetivos cubanos ubicados en el exterior).

Estos son algunos de los hechos. Vuelvo a preguntar: ¿quiénes eran los agresores?, ¿quién atacaba?, ¿quién oprimía? Ahora bien, ¿cuál era el contexto político internacional y nacional en ese momento?:

–         Consolidación del llamado Campo Socialista.

–         Gran influencia de la URSS en el movimiento revolucionario mundial.

–         La victoria vietnamita y el escándalo “Watergate” ponen en crisis el sistema político norteamericano, lo que trae consigo la renuncia del Presidente Richard Nixon.

–         Presencia en América Latina de gobiernos dictatoriales.

–         Fortalecimiento y desarrollo de Cuba en todos los terrenos. Esplendor de las relaciones de Cuba con la URSS, el Campo Socialista y movimientos revolucionarios de África, Asia y Latinoamérica.

–         Toma fuerza en Estados Unidos, y en la propia ciudad de Miami, el accionar de jóvenes progresistas cubanos (residentes fuera de la Isla) que bajo el nombre de “Grupo Areíto” enfocan favorablemente las relaciones con Cuba.

–         Nacimiento de la República Popular de Angola.

–         Reinserción de Cuba en el escenario latinoamericano. Se reanudan relaciones diplomáticas con varios países del área.

–         La O. E. A se pronuncia a favor de levantar todas las sanciones económicas y  políticas.

–         Celebrado en la Habana el Primer Congreso del Partido Comunista.

–         Proclamada la Constitución Socialista de la República de Cuba, que había sido aprobada en referendo nacional.

–         Exitosa participación cubana en los Juegos Olímpicos de Montreal, Canadá.

–         Como resultado del proceso de creación de los órganos del Poder Popular, se constituye en Cuba la Asamblea Nacional.

Las agresiones diplomáticas, y de todo tipo, ocurridas en los años 1974, 1975 y 1976, manifiestan un odio incrementado. El prestigio de Cuba crecía por hora y el contexto político internacional de la época resultaba adverso para el  gobierno de los Estados Unidos; el cual, movido por la rabia y la impotencia,  veía la muerte como única salida. De ahí el incremento de sus agresiones y la necesidad de multiplicar un tiro que, simple y llanamente, le estaba saliendo por la culata.

Es conocido (según las investigaciones de varios estudiosos del tema) que cubanos residentes fuera de la Isla, como fuerza  asalariada, no sólo han participado en acciones contra Cuba. Tal vez algunos ejemplos ilustren mejor este último aspecto:

–         Noviembre 1963: cubanos residentes en Estados Unidos participan en el complot de asesinato que da muerte al  Presidente John F. Kenneddy.

–         Junio 1972: cubanos residentes en Estados Unidos son parte activa del escándalo “Watergate”.

–         Septiembre 1976: red criminal de cubanos residentes en Estados Unidos, dirigida por Orlando Bosch Ávila, participa en el mortal atentado que le cuesta la vida al ex-ministro chileno Orlando Letelier.

Lo que sucedió en Washington con el chileno Orlando Letelier, y lo que sucedió en Barbados con el avión de Cubana de Aviación (septiembre y octubre de 1976), son expresiones de un fascismo sin fronteras, de un fascismo-terrorismo donde también se incluye el propio territorio de los Estados Unidos, pues esas mismas personas de origen cubano, entre los años 1975 y 1983, realizaron más de veinticinco acciones violentas en ciudades como Miami, New York, Chicago, Alaska, Washington y New Jersey. Ah, bendita sea, muy necesaria se hace ahora una frase del argot popular: cría cuervos y te sacarán los ojos.

Aunque mi análisis se ha basado, fundamentalmente, en algunos aspectos históricos relacionados con las agresiones diplomáticas, debemos reiterar que la política agresiva de los Estados Unidos hacia Cuba, en todos estos años, abarca las más diversas formas: infiltraciones costeras, agresiones de barcos piratas, invasiones mercenarias, ataques aéreos, guerra económica, atentados y asesinatos, agresiones a barcos cubanos o a barcos que comerciaran con Cuba, bloqueo total,  secuestros y sabotajes de aviones, aprobación de leyes en el Congreso de los Estados Unidos, campañas difamatorias, incitación a la deserción, incitación a las salidas ilegales, creación de organizaciones armadas, robo de cerebros, embestidas utilizando el monopolio de la información, ofensivas radiales y televisivas,  golpes psicológicos, operaciones bacteriológicas, apoyo y financiamiento a opositores internos, lobby internacional de desprestigio…Bien dicho, ¿qué carrera estudias tú? Maravilloso, nada más atractivo en estos tiempos que un estudiante de pedagogía. A partir de tu sentencia, que no voy a repetir por su dureza expresiva, hago ahora la siguiente pregunta: la Revolución cubana de 1959, ¿influyó o no influyó en la cultura y la sociedad latinoamericana? De ahí la importancia de siempre estudiarla a fondo.

Ahora bien, con relación a las agresiones diplomáticas, no se trata sólo de manipulaciones en organismos internacionales, explosiones de bombas, artefactos incendiarios, atentados, tiroteos, sobres explosivos o secuestros; se trata también de presiones y chantajes a países que mantenían relaciones con Cuba, amenazas a Embajadores, cartas anónimas, agresiones verbales y cuanta medida pueda existir con tal de poner en práctica la prepotencia del gran sistema americano que anunciara Alexander Hamilton en el 1787. Una negra cadena de agresiones que, sólo a partir de 1959, ha dejado en Cuba 3478 muertos y 2099 mutilados o incapacitados. Repito: muertos, mutilados o incapacitados del pueblo; expresión de una política devoradora que, en el caso de mi país, se remonta al año 1805. ¿Qué les parece? Pienso que ya pueden sacar sus propias conclusiones.

Pero antes, necesito preguntarles algo: ¿conocían ustedes estos detalles?, ¿alguna vez les habían hablado de las relaciones Estados Unidos-Cuba? Claro que no, porque de estos temas no se habla, tal parece que forman parte de la memoria histórica que el postmodernismo desdeña. Entonces nosotros, los tontos latinoamericanos, haciéndonos eco de aquello que a diario nos dicen los grandes monopolios de la información; sin detenernos a observar la cara de un gobierno que socava, mutila y destruye, sean cual sean los medios, cualquier organización progresista que pueda surgir en el mundo; mucho más cuando se trata de organizaciones que tengan arraigo popular y puedan, en algún momento, asumir la máxima dirección de sus respectivos países.

Entonces nosotros, los tontos latinoamericanos, incapaces de razonar con profundidad, dejándonos llevar a toda hora por el aliento del gran sueño americano; mientras que ellos, el gobierno de los Estado Unidos, mantiene bajo presión a todo el planeta, incrementa acciones de desinformación tanto internas como externas e ignora, de forma descarada, las funciones de la Organización de las Naciones Unidas.

Entonces nosotros, los tontos latinoamericanos, carentes de una instrucción básica, sin darnos cuenta de cómo el gobierno de los Estados Unidos disimula, con ridículos planes de ayuda económica, reuniones, discursos, visitas oficiales, leyes de letra muerta y fotos de protocolo, el profundo desprecio que siente por las palabras cultura, sociedad e identidad de América Latina, Asia, el Medio Oriente y África.

Ante nosotros, los tontos latinoamericanos, el gobierno de los Estados Unidos interviene militarmente donde mejor le place, convierte en  costumbre a miles de muertos y logra, al  unísono, la aplicación de un  mecanismo psicológico universal que siempre nos lleva a la siguiente expresión: “qué lástima esos niños, esas mujeres, esos ancianos, qué lástima esa población indefensa y pobre”.  Sin lugar a dudas, él, lo quiere todo; él, lo puede todo; él, el supremo, parafraseando un  título de Augusto Roa Bastos.

Si por momentos me vieron con cara de profesor indignado, pido disculpas, de verdad que pido disculpas, pero es que este tema desata en mí una tristeza que tengo acumulada desde hace mucho tiempo. Generaciones enteras de cubanos sintiendo y padeciendo las consecuencias de una política agresiva que no tiene para cuando acabar. ¿Acaso el pueblo de Cuba no puede vivir en paz?, ¿la familia cubana está predestinada a una eterna división?, ¿el pueblo de Cuba no puede ser el encargado de construir su propio destino?, ¿acaso el gobierno de los Estados Unidos no puede convivir con Cuba de la misma manera que convive con otros países?, ¿su rechazo a Cuba es un mal sin cura? Por eso resulta admirable la capacidad de resistencia de mi pueblo, independientemente de los problemas, insuficiencias, errores, estancamientos, mediocridades, intolerancias, inmovilidades, rezagos y absolutismos del gobierno cubano, una compleja realidad que nos daría para otra charla… ¿Que qué? Por supuesto que sí. Hago el compromiso con ustedes de abordar ese tema en nuestro próximo ciclo de charlas. Pero ahora les propongo desarrollar el último contenido previsto. ¿Están de acuerdo?

Pues bien, de todos los temas solicitados, éste es el más difícil de abordar; algo que, sin duda alguna, resulta paradójico. ¿Cómo puede ser posible que hablar sobre mi padre se convierta en un dilema? Pues sí, eso mismo, se convierte en un dilema; tal vez porque me dejo llevar por lo personal del tema o porque le huyo, de forma escurridiza, a cuestiones que son demasiado afectivas.

Yo, ahora mismo, sobre todo para cumplir, podría valerme de una biografía que luego se viera coronada con imágenes de multimedia. ¿Sería lo mejor? No sé, de verdad que no sé;  dado que después, y de eso estoy seguro, caería sobre mí un poderoso complejo de culpa y el carácter paradójico que acabo de mencionar alcanzaría una mayor connotación.

¿Qué hago?, ¿cómo lo hago? Fueron preguntas que me hice repetidas veces mientras venía para acá. Imagínense este inicio: Jesús Orta Ruiz, más conocido como el Indio Naborí, nacido en La Habana, Cuba, el 30 de septiembre de 1922. Poeta, ensayista y periodista. Premio Nacional de Literatura. Es considerado por la crítica literaria como una de las figuras más sobresalientes de las letras cubanas. Pregunto: ¿no les parece fría y abstracta la presentación? He ahí el conflicto de hablar sobre mi padre; alguien que, desde todo punto de vista, me resulta entrañable.

Eso sí, les agradezco una y mil veces que, entre tantos e ilustres nombres literarios de Cuba, lo hayan escogido a él. Además, una relación padre-hijo siempre será atractiva, mucho más cuando por la vía del hijo se aprecia la influencia del padre. Así y todo, el tema como tal me resultó inesperado, puesto que su obra poética no es muy conocida en Chile. ¿Quién lo propuso? Ah, veo que son varios, mira qué bien, esa es otra sorpresa. Bueno, díganme, ¿cómo llegaron al Indio Naborí? Lógico, llegaron por el apellido. Primero visitando el sitio “cubaliteraria” y luego desplazándose hacia su página Web. ¿Sí o no? Me lo imaginaba. Internet es una fuente principalísima de conocimientos, digamos que única e insustituible cuando se utiliza para fines de trascendencia cultural.

Entonces los remito nuevamente a esa página. Yo pienso que está bastante completa y pueden hasta escucharlo recitando sus versos:

Vendrá mi muerte ciega para el llanto,

me llevará, y el mundo en que he vivido

se olvidará de mí, pero no tanto

como yo mismo, que seré el olvido.

Olvidaré a mis muertos y mi canto.

Olvidaré tu amor siempre encendido.

Olvidaré a mis hijos, y el encanto

de nuestra casa con calor de nido.

Olvidaré al amigo que más quiero.

Olvidaré a los héroes que venero.

Olvidaré las palmas que despiden

al sol. Olvidaré toda la historia.

No me duele morir y que me olviden,

sino morir y no tener memoria.

Era un maestro en el arte de la cadencia, las pausas, los tonos y el énfasis emotivo. Citar ahora su soneto X me produce una sensación de plenitud terrenal que no puedo explicar de forma coherente… ¿Cómo dices? Sí, claro, yo soy escritor por culpa de él. Pero fíjate, se trata de una culpa maravillosa que ahora…No, no quiero hablar de eso. Porque todo, absolutamente todo, se reduce a una simple expresión: mi padre fue un hombre bueno, tal vez el más importante título que algún ser humano pudiera recibir al final de su vida.

¿Qué hago?, ¿cómo lo hago? De verdad que abordar el tema desde el punto de vista personal, e incluso literario, me resulta difícil, yo diría que…Perdón, ¿cuál fue tu pregunta? Asimismo, desde muy joven mantuvo intacta su militancia política. Para referirme a ella, nada mejor que leer aquí una dedicatoria de Roberto Fernández Retamar: A mí querido hermano Jesús, que tiene más que un corazón de oro: un corazón de comunista. ¿Puede existir mejor respuesta?

Pero miren, tratando de buscarle una solución a este dilema, compartiré con ustedes una carta que hace algunos meses le escribí a mi madre; algo que, en la práctica, fue otro dilema, ya que la escribí y luego no la envié. Varias razones…No, dime, dime…Oye, tengo la impresión de que tú eres el alumno de las frases, no es la primera vez que me solicitas definir un tema utilizando esa vía.

Tu pregunta fue: profesor, ¿pudiera definir al Indio Naborí con una sola frase? A lo que yo respondo: tal vez no con una frase, pero sí con una sola palabra: perseverancia. Aunque quizá sea mejor escuchar al propio poeta:

La vida nos da una piedra tosca

cuando entramos

en su taller difícil.

Hay que tomar cinceles

y cincelar sin tregua

hasta dar al pedrusco

la forma artística, perfecta.

Sucede que no siempre el escultor

logra el milagro,

pero es bastante gloria que la muerte

lo encuentre cincelando,

cincelando…

¿Satisfecho con la respuesta del poeta? Bueno, volviendo a la carta. No la envié porque pensé que mi madre, en vez de alegrarse, podría entristecerse con un texto que versaba sobre la muerte…Sí, claro, sobre la muerte de mi padre, ocurrida de forma inesperada…Fue precisamente ella la que más sufrió con aquel fallecimiento. Entonces su vida se convirtió en una peligrosa bruma de recuerdos. No era fácil, no era nada fácil despedir al hombre que…Cazador de altas músicas…Sueño de lo que canta:               

No hay iris. Se difumina

el color de las violetas

y convivo con siluetas

en un mundo de neblina.

Una mujer me encamina

y de guijarros y abrojos

va librando mis pies flojos…

¡Ay, quién me diría que

los ojos que ayer canté

hoy fueran mis propios ojos!

No era fácil, no era nada fácil. Por eso pasaba el tiempo y ella seguía sumida en una tristeza sin final…Fue precisamente esa tristeza lo que motivó mi carta, una suerte de nueva invitación a la vida, de resurgir con el brío que emanaba del amor que ellos dos se entregaron durante casi sesenta años…La chispa que proclama la eternidad del fuego.

Permítanme terminar el encuentro de esta tarde leyéndoles la mencionada carta. Es mi deseo que todo el ciclo de charlas, más allá de los temas tratados, sea también un homenaje a la fértil memoria del Indio Naborí.

Santiago de Chile

21 de septiembre de 2008

Querida Vieja:

Hoy cumples OCHENTA AÑOS. ¿Sabes una cosa? Yo prefiero escribir ochenta utilizando letras mayúsculas. Tengo la impresión de que el número así suena distinto; y huele a rocío, a campo, a mariposa… ¡Qué maravilla! Tus manos son ahora un horizonte virginal que debe seguir latiendo no obstante la tristeza que todavía nos envuelve.

¿Qué piensas tú? Estoy casi seguro que la edad te parece demasiado elevada y prefieres guardar silencio. Entonces, junto a mis felicidades, voy a sonar campanas y redoblar tambores. Porque hoy es un gran día, y como hoy es un gran día necesito decirte que yo me he pasado la vida diciendo adiós. Pero mis adioses siempre tuvieron una completa visión de futuro. Claro, Vieja, porque yo asumía la separación pensando en el reencuentro. Este recurso psicológico, muchísimas veces, disminuyó en mí el oscuro efecto de la ausencia. Entonces el país (ciudad-barrio-familia) y los amigos, durante más de cuarenta años, formaron parte de ese drama transitorio que significaban las despedidas. Hasta que llegó el 30 de diciembre de 2005.

La muerte de nuestro Viejo echó por tierra la lógica anterior. Quedé a merced del llanto. Sin manos, sin boca, sin aquel aliento de porvenir que marcara mi mundo. Por primera vez, un adiós para siempre. Entonces toda la familia comenzó a morir; siendo el silencio la cara principal de esta muerte lenta, a diario disimulada por sonidos que aún hoy, casi tres años después, agudizan la desesperanza y fabrican una suerte de neblina capaz de barrer la más mínima existencia de paisaje.

¿Soy?, ¿eres? Una y otra vez el cementerio poblando nuestras mentes e indicándonos el nicho 29, húmedo y frío como las tempestades que aparentan quietud. No puedo aceptarlo, no puedes aceptarlo. Hay mucha vida de por medio y debemos cambiarle la dirección a este oxidado y solitario carruaje. Vuelvo a preguntarme, ¿soy?, ¿eres?; pues sí, ¡soy!, ¡eres!; a diario debatiéndonos entre la tristeza y los recuerdos de un maravilloso pasado que debemos traer al presente para luego convertirlo en porvenir; que es, dicho sea de paso, el único espacio verdaderamente eterno con que cuentan los seres humanos.

Necesito traer de vuelta a nuestro Viejo. Quiero regresártelo con sus canas perfectas y su dicción inigualable; dado que allí, exactamente a la izquierda de la puerta principal, están los sillones donde todas las tardes nos sentábamos a conversar.

Vuelvo a esos sillones tratando de inventarme el entusiasmo de antaño. Veo a la China, a Chuchy, a Nivaldo, a Zulema…Veo crecer a tus nietos…Todo ello tratando de inventarme el entusiasmo de antaño; intacto aún si me arranco de la mente el eco torturador que me produce el nicho 29 y la agonía de imaginar al Viejo en una perenne posición horizontal, sinónimo de obligada inmovilidad o penitencia.

Tal vez si él hubiera escrito sus memorias estaríamos más tranquilos. Pero, jamás escribiré mis memorias, lo que ahora me hace pensar que aquella posición negativa suya estaba justificada por lo autobiográfico de su propia poesía.

¿Memorias en prosa? No. Porque lo más importante ya lo había contado en verso. Toda una vida recogida en poemas memorables, expresión artística de un contenido psíquico que siempre estuvo marcado por la tristeza; pero ahí mismo, cabalgando sobre la tristeza, nuestro Viejo resurgía con alas de horizonte. ¿No te parece que debemos hacer lo mismo? Hay que matar la sombra con disparos de luz. Hay que poblar el mundo de piñatas y parques…Crear la primavera…Inventar la alegría donde hacheros del aire dejaron un desierto…La tristeza nos amarra los brazos y hay que desamarrarse.

Hoy es un gran día, y como hoy es un gran día quiero pensar que el Viejo nos mira feliz desde la cumbre. Adiós al llanto. No se puede vivir con los brazos cruzados, inútiles, cobardes…Rescatemos del aire nuestro tesoro en fuga. Necesito verte sonreír y recuperar la completa visión de futuro que siempre tuvieron mis adioses, razón que explica esta carta con cristal de aumento. La  fuerza de luz proyectará el brillo de nuestros ojos hacia lo infinito, única forma de tocar nuevamente la esperanza y reencontrarnos con él; aunque esta vez, para continuar la plática, tengamos que ubicar los sillones más allá de las estrellas.

Tuyo,

Fide.